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martes, 22 de septiembre de 2015

Boletín BIBLIOTECA CESAREO CAPRILES No 1-2015 – DESCARGAR


INDICE
Presentación 2
“Gramsci está muerto” según Richard Day 2
Educación libertaria. Las escuelas Summerhill y Sand en Inglaterra 3
En el Solterito 4
Esbozos de Pedagogía libertaria en el Altiplano (1946-47) Marcelo Maldonado
5
Individualismo en Cochabamba. Carlos Crespo 12
Poema Anarquista sin título. John Cage 16
La noción de trabajo en el cristianismo. 16


https://drive.google.com/file/d/0B185uz-rmAArS195SlZPdXczN0U/view?usp=sharing


lunes, 23 de septiembre de 2013

HERBERT READ -La renuncia a la palabra

Este trabajo apareció por vez primera en la revista internacional Folía Humanística. Artes, Ciencias, Letras, núm. 41, mayo 1966, a cuyo Consejo de Redacción pertenecía Herbert Read. Que el artículo apenas fuera conocido en España debido a la limitada difusión de dicha revista en nuestro país, llevó a la Redacción de Polémica a publicarlo en mayo de 1984 con el propósito de dar a conocer una muestra de la extensa y poco conocida obra de Herbert Read, uno de los principales teóricos libertarios del siglo XX.

Durante el primero de sus discursos radiados por la BBC, en octubre de 1965, George Steiner llamó la atención sobre un acontecimiento de la civilización moderna que nos reserva grandes discusiones. Apuntó hacia el hecho ineludible de que «los modos de aprehensión y comunicación verbales –los discursos y las palabras de la sintaxis tradicional– no son ya la quintaesencia, ni siquiera encierran auténtico significado, respecto de la comunicación y la escritura». Tiene hoy lugar cierto distanciamiento universal de la palabra: un desplazamiento de la expresión verbal y de la conciencia verbal primarias. Una pintura impresionista no es algo ante lo cual quepa ofrecer ninguna explicación fácil y acertada. No lo es tampoco ninguna pieza de música elegida al azar. Tales formas parecen declarar a todo el mundo su carácter de incomunicabilidad, cierta insistencia de que sobre ellas puede hablarse solamente empleando su propia terminología (una pintura abstracta, por ejemplo, puede decir algo vital sobre otra). El lenguaje no cubre ya por más tiempo todas las zonas que desearíamos de nuestra experiencia. No lo cubre, ni con exactitud, ni con riqueza.
Steiner, Director de Estudios de Inglés en el Churchill College de Cambridge, hablaba acerca del estado actual de los estudios del inglés en las universidades británicas y dudaba sobre si conseguirían importancia relevante en un mundo con creciente orientación científica, más y más dependiente siempre del lenguaje de las matemáticas, en un mundo lleno de anotaciones simbólicas y en clave. Tal es, por supuesto, un aspecto más del problema general de «las dos culturas»; y eventualmente nos hallaremos nosotros mismos enfrentados con esto, a partir de una elección que no puede ser ya formulada adecuadamente en términos académicos. Se halla envuelto en ello nada menos que el propósito y la significación de la vida humana, siendo de índole ética la elección última (la elección entre el bien y el mal).
Steiner sugirió que existían muy pequeños indicios demostrativos de que los estudios literarios enriquecían o estabilizaban la percepción moral, en cuanto humanizaban al estudiante. Esta conclusión se basa en cierta aproximación académica a determinados aspectos que son tal vez los más idóneos del tema elegido por Steiner («El estado actual de los estudios del inglés en las universidades británicas»). Me gustaría considerar el problema desde un punto de vista más general. Puede ser cierto que el estudio de las humanidades incluya muy poco para humanizar la sociedad: pero debemos distinguir, en esta esfera, entre el estudio y la práctica de las humanidades; y entonces, acto seguido, tal conclusión se hace menos evidente.
En otra ocasión deploré la fatal decisión que se tomó cuando el «English Tripos» fue establecido, en Cambridge, el año 1917. Se decidió entonces, de una manera totalmente arbitraria y sin tener en cuenta para nada las posibles consecuencias, que la disección y el análisis eran métodos adecuados para llegar a la literatura y que la escritura, como arte, no era materia adecuada para la enseñanza universitaria. Esta decisión marcó, de hecho, el inicio del primer alejamiento de la palabra. Las consecuencias finales de esta decisión no pudieron ser previstas, porque no se podía saber entonces que el ejemplo de Cambridge sería seguido por todas las universidades de habla inglesa, ni se podía saber que una escuela de crítica literaria se basaría sobre este método académico y triunfaría por igual en toda el área de la lengua inglesa. Steiner se inclina a atribuir esta evolución a un inevitable proceso histórico: las ciencias crecen más y más matemáticamente, los conceptos tradicionales de la sintaxis se convierten cada vez en menos adecuados. Yo no acepto este mito histórico. El verdadero hecho es que «la palabra» fue traicionada por algunas personas en ocasiones específicas y que la presente inefectividad de la «literatura como fuerza humanizante» nace lógicamente de esta decisión académica.
La literatura inglesa, en tanto que arte de creación, se ha visto sujeta a medio siglo de análisis estériles. No creamos que el fracaso en constituirse como fuerza humanizante en las universidades, o dondequiera que los juicios académicos son aceptados como decisión final, haya radicado en su propia debilidad. Fuera de las universidades, al margen de los criticismos académicos, la literatura inglesa ha proseguido su curso independiente y ha manifestado su innata vitalidad lingü̈ística. Los mejores escritores del inglés de nuestra época –Shaw, Yeats, Joyce, D.H. Lawrence y Faulkner– no solamente están fuera de toda tradición académica, sino que tan pronto como han tenido conciencia de ello lo han tratado con rotundo desprecio exterior. Baste rememorar la denuncia de Lawrence del intelectualismo árido de Cambridge, formulada en la fase alrededor de la cual se perpetró el asesinato de la palabra, La posición no ha cambiado: los mejores escritores de hoy día son «externos», incontaminados por la educación académica, indiferentes a los criticismos académicos.
Sin embargo, existe otra situación que amenaza a la palabra como medio de comunicación. El reemplazamiento de la descripción verbal por ciertas «notaciones simbólicas y codificadas» ha alcanzado efectos directos sobre la escritura en filosofía (y en otras materias, como la psicología o la sociología, que han renunciado a cualquier descripción verbal). Pero en el arte de la literatura –poesía– y del drama no se trata de ninguna cuestión acerca de algún nuevo lenguaje: la existencia y continuidad del arte mismo se ven amenazadas. Aunque pueda ser difícil en el presente concebir civilización ninguna sin su literatura representativa, ello sigue siendo una posibilidad. La palabra impresa se ve reemplazada por el entretenimiento visual o auditivo, recordado y difundido por medios mecánicos.
De acuerdo con Marshall McLuhan, el resultado final de esta evolución sería «volver al individualismo anticuado». La literatura (la palabra como medio de comunicación, entre individuo e individuo) también se convertiría en anticuada. El concepto total de arte como discurrir simbólico –resultado final de dos siglos de discriminación estética– pierde su sentido en una situación («el nuevo stress» electrónico) que excluye a la contemplación y a la meditación privadas. El siglo XX «ha trabajado por sí mismo, al margen de las condiciones de pasividad»: con poca conciencia, podríamos añadir, de las consecuencias. Podemos seguir a McLuhan y otros escritores, en este campo, previendo con optimismo las consecuencias de un progreso tecnológico que inevitablemente transformará nuestras actitudes (ordinarias o convencionales) y a la misma sociedad, como sistema económico; pero antes de que lleguemos a perder todo sentido de los valores en esta «la máxima entre todas las épocas humanas, ora en las artes, ora en las ciencias» (según la frase optimista de McLuhan), se encontrará habiéndose privado uno a sí mismo de toda razón obligatoria de existencia, aparte de cierto erectismo egoísta y autodestructivo.
McLuhan es el exponente de una especie de historicismo que ha sido criticado tan eficazmente por Karl Popper. La literatura –arte de todo tipo– es considerada como un epifenómeno: una actividad social subordinada a sobresalientes procesos tecnológicos de producción y arrastrada a flotar, o a hundirse, en el inevitable progreso de los sistemas de comunicación. El cambio mismo es aceptado como “la norma o el arquetipo de la vida social”.
Pero el arte se ve afectado no por este cambio sino por la estabilidad: por el equilibrio y no por el movimiento. Su primer propósito estriba en mediar entre el mundo interior de la psique y el mundo exterior de las realidades. Las obras de arte son puntos claves en este proceso de «reificación», de autoindividuación y autodestrucción. Ningún cambio en el sistema de comunicación puede alterar ni la necesidad básica, ni tampoco la manera según la cual se satisface ésta, mediante actividades creadoras. El arte es, en segundo lugar, una proyección simbólica de necesidades colectivas inconscientes: el artista desde el nivel de su grandeza puede crear, en la analogía de su autorrealización, obras complejas que funcionan como la «reificación» (o representación simbólica) de la inconsciencia co lectiva de la sociedad a la cual pertenece. En la evolución de la ciencia, o de la tecnología de los sistemas de comunicación, nada puede afectar ni a estas necesidades básicas humanas ni a los métodos básicos de satisfacerlas. Si la palabra y el arte de la literatura, basado en la palabra, deben convertirse en cosa del pasado, uno de los principales procedimientos de «reificación» se verá frustrado. Entonces puede surgir la cuestión de si la palabra tiene algún valor, especial o peculiar, para las funciones biológicas del arte: o bien, si estas funciones pueden ser cumplidas por otros medios, visuales o auditivos. McLuhan y otros que anuncian el alejamiento de la palabra admiten generalmente que las necesidades estéticas del hombre electrónico quedarán plenamente satisfechas por medios orales y visuales de comunicación. Yo no creo que esta suposición resulte justificada, por las razones que ahora intentaré exponer.
En un principio existió la palabra, el logos. Muchas páginas se han compuesto, merced a la imprenta del bueno de Guttenberg, para explicar este hecho místico: pero las mejores páginas son las últimas, es decir, las de Heidegger, el filósofo moderno poseedor de un conocimiento total de todos los pensamientos que se han dedicado a este problema en el pasado. Según Heidegger, logos significa precisamente lo que yo llamo «reificación»: según sus palabras, una recolección de contradicciones básicas y el establecimiento de una «agrupación interior o harmonía». Esta recolección que agrupa «nunca es un mero juntar y acumular». Mantiene unidos, en un lazo común, lo conflictivo y lo que tiende a alejarse: no lo deja caer ni en ninguna dispersión ni en ningún azar. En este mantenimiento de lazos, el logos presenta el carácter de fuerza de permisión, de fisis. No deja que lo que tiene en su poder se disuelva en una libertad vacía de oposiciones, sino que – uniendo los opuestos– mantiene la total agudeza de la tensión.
Sería difícil (y no necesario para nuestro propósito presente) exponer con más detalle este concepto del logos: el punto esencial, para entenderlo, radica en que el proceso tiene lugar «entre el ser y el pensar»; esto quiere decir que es un proceso subjetivo y depende de palabras, el único método evolucionado por el hombre para un pensar extensivo. Naturalmente debemos admitir la existencia y la utilidad de módulos simbólicos de pensamiento, tal como ocurre en las matemáticas. Igualmente nos debemos guardar contra todo prejuicio intelectualista. Heidegger es el primero en admitir que debemos «podar las excrecencias del intelectualismo de hoy día». No es de mi incumbencia defender la metafísica y mucho menos la filosofía analítica, ambas dependientes de la palabra. Mi principal preocupación por la palabra se dirige a la palabra como símbolo concreto de sentimientos: en otros términos, a la poesía. La poesía y el pensamiento no son una misma cosa (según sostiene Heidegger). La poesía es superior al pensamiento y a la ciencia porque, en la palabra y por medio de la palabra, se establece el ser de las cosas. Lo hace, no de una manera mecánica –como una cámara fotográfica o un computador–, sino con sentimiento (o bien, como diría Croce, por intuición). La imagen-sonido de una palabra es una imagen sentimiento y es mucho más evocativa que cualquier símbolo deshumanizado. No es un simple contador, sino un signo que alcanza resonancia y profundidad. La palabra pertenece al mundo primario de los sentimientos: la entera coherencia de nuestras relaciones humanas, o de las relaciones con el mundo exterior, dependen de la invención, del despliegue sintáctico y de la elaboración de palabras significativas.
La transición de la poesía oral a la poesía impresa, que certeramente ha sido considerada por McLuhan como fundamental para el desarrollo formal de la poesía como arte, ni altera de ningún modo ni amenaza la poética función de la palabra. Pueden haber aumentado los posibles «niveles de significado» en la palabra: increméntase con ello enormemente el rango y la efectividad de la literatura. Pero la palabra sigue siendo el vínculo de la revelación y de la acción de las cosas: ningún progreso en la aprehensión del ser resulta concebible sino en forma de progreso en la magia verbal, como progreso de la poesía. A pesar del «advenimiento del hombre electrónico», esta función de la palabra permanece inalterada y solamente la palabra puede tener esta función. Resulta también posible que el hombre electrónico decida divorciarse de la palabra, de la poesía, y que se satisfaga con artes que exploten mecánicamente imágenes producidas. Resulta incluso posible que el hombre electrónico se olvide de leer: ya empieza a ser dudoso el que algo más de una parte infinitesimal de la gente pueda leer poesía, como se leía hace solamente medio siglo; si se aproximan a ella, lo hacen con un propósito más analítico que intuitivo. Hasta resulta posible que la totalidad de nuestra literatura pasada se convierta en una inaccesible cultura «mandariniana», sin ningún significado para las generaciones iletradas. Todos estos acontecimientos son solamente posibles. pero debemos valorar su importancia. Según mi opinión, su coste sería el sacrificio de los más elevados logros de la civilización humana o el retorno a la barbarie, o la invención de una nueva especie de barbarie: el barbarismo tecnocrático.
Las formas de tal nueva barbarie aparecen ya como evidentes, no solamente desde los artificios técnicos y desde la opulencia económica, sino también desde la ausencia general de toda sanción ética, tanto en la esfera privada como en la pública. Incluso cuando se otorga cierto «rostro» moral a las acciones políticas (defensa de la libertad, democracia, abolición de la explotación capitalista y del colonialismo), los medios usados para tales fines (bombardeo de poblaciones civiles, empleo de gases venenosos y lanzallamas, torturas y prisiones sin previo juicio) ofrécense como inhumanos, hasta el punto de que esos medios inmorales anulan sus finalidades morales. El aspecto más horrible del nuevo barbarismo emerge de la indiferencia moral, de sus complacencias egoístas. Hubo un tiempo en que las atrocidades perpetradas en Armenia, o en el Congo, indignaban efectivamente la conciencia de todo el mundo civilizado. Hoy día el ciudadano medio encoge sus hombros y cuenta el dinero de su bolsillo: hasta llega a celebrar que se le ofrezcan ciertas pequeñas dosis de excitación sádica desde la pantalla de su televisor.
George Steiner duda de que esta indiferencia moral tan extendida pueda quedar afectada por la palabra: «Me hallo completamente incapacitado para afirmar firmemente si las humanidades humanizan». Pero yo ya he apuntado que Steiner solamente está capacitado para lanzar este aserto porque academiza y fosiliza las humanidades: por ello habla del «enfoque de la conciencia ante los textos escritos», como si fuera éste el procedimiento por el que las humanidades humanizan. Sugiere, por cuanto nosotros estemos entrenados a conceder crédito moral y psicológico a lo imaginario, que encontramos más difícil identificarlo con el mundo real, lo cual implica que carecemos de aptitudes naturales para la respuesta estética. Y esto, por supuesto, es un error. No reaccionamos a las experiencias estéticas porque, desde la infancia, una civilización tecnológica anula en nosotros la experiencia. Nacemos en condiciones de alienación y permanecemos en estas condiciones: nada se hace, en ningún lugar del mundo (ni siquiera en China), para huir de este estado de cosas; es decir, para restaurar el individualismo humano, para ir hacia una relación directa con la naturaleza y hacia una experiencia directa con el trabajo creador. No existe esperanza, para la humanidad, si el único camino en el cual el mundo imaginario del arte y la literatura pueden ser puestos al alcance del individuo se hace por los senderos del entrenamiento académico. La época más elevada para el arte no fue ni establecida ni sustentada por actividades académicas: fue la creación de artesanos, para quienes el lagos –ya como pensamiento, ya como imagen labrada– era una realidad viviente, sustancia y símbolo de sus sentimientos más íntimos. Si no podemos redescubrir estos principios y volver a la vida creativa del espíritu («porque todo verdadero poder y belleza del cuerpo, toda seguridad y audacia en el combate, toda autenticidad e inventiva en la comprensión, están apoyados siempre en el espíritu y se levantan o caen solamente por el poder o la trascendencia del espíritu», al decir de Heidegger), tampoco podremos esperar sino el oscuro final de nuestro mundo, irrevocablemente condenado a la tecnología sin restricciones y a la proliferación de los instrumentos para su autodestrucción.
Publicado en Polémica, n.º 12, mayo 1984



viernes, 7 de junio de 2013

Sobre la ley de la libertad. FRIEDRICH HÖLDERLIN



7 de junio 1843. El poeta loco Friedrich Holderlin muere. En su memoria, reproducimos su texto Sobre la ley de la libertad, publicado originalmente en el libro ENSAYOS, Friedrich Hölderlin (Hiperión, Madrid/1997).
Sobre la ley de la libertad
FRIEDRICH HÖLDERLIN
 Hay un estado natural de la imaginación que tiene, ciertamente, en común con aquella anarquía de las representaciones que el entendimiento organizó, la ausencia de ley, pero que, por lo que se refiere a la ley mediante la cual ha de ser ordenado, debe desde luego ser distinguido de aquél.

Por este estado natural de la imaginación, por esta ausencia de ley, entiendo la ausencia de ley moral; por esta ley, entiendo la ley de la libertad.
 Allí la imaginación es considerada en y para sí, aquí lo es en ligazón con la facultad de apetecer.
En aquella anarquía de las representaciones, donde la imaginación es considerada teoréticamente, una unidad de lo múltiple, ordenación de las percepciones, era ciertamente posible, pero contingente.
En este estado natural de la fantasía, donde es considerada en ligazón con la facultad de apetecer, legalidad moral es ciertamente posible, pero contingente.
Hay una cara de la facultad de apetecer empírica, la analogía de lo que se llama naturaleza, la cual es chocante en el más alto grado, donde parece hermanarse la necesidad con la libertad, lo condicionado con lo incondicionado, lo sensible con lo sagrado, una inocencia natural, podría decirse una moralidad del instinto, y la fantasía acorde con ello es celeste.
Pero este estado natural depende como tal también de causas naturales.
Es una mera dicha estar así temperado.
Si no hubiese la ley de la libertad, bajo la cual está la facultad de apetecer juntamente con la fantasía, no habría jamás un estado firme que se igualase al que acaba de ser citado; al menos no dependería de nosotros mantenerlo. Su contrario tendría lugar igualmente, sin que pudiésemos impedirlo.
Pero la ley de la libertad manda, sin ninguna consideración a los recursos de la naturaleza. Sea o no favorable la naturaleza al cumplimiento de ella, ella manda. Más bien presupone una resistencia de la naturaleza; de lo contrario no mandaría. La primera vez que la ley de la libertad se expresa sobre nosotros, se muestra castigando. El comienzo de toda nuestra virtud acontece a partir del mal. Por lo tanto, la moralidad no puede jamás ser confiada a la naturaleza. Pues, aunque la moralidad no dejase de ser moralidad tan pronto como los fundamentos de determinación residiesen en la naturaleza y no en la libertad, la legalidad que podría ser producida mediante mera naturaleza, sería una cosa muy insegura, variable según el tiempo y circunstancias.
Fuente: Revista Contratiempo Año IV N° 7 / Primavera - Verano 2004/05; http://www.revistacontratiempo.com.ar/holderlin.htm
 
 
Revista de pensamiento y cultura
 
 
 
 

sábado, 25 de mayo de 2013

La condena de Oscar Wilde

El 25 de mayo de 1895 en Inglaterra el dramaturgo gay Oscar Wilde es condenado y encarcelado por homosexualidad y  "actos de indecencia grave".

Algunas frases de Oscar Wilde:

"Creo que soy algo más que un socialista. Soy una especie de anarquista, pienso ..."

  "Si el socialismo es autoritario, si hay Gobiernos armados con poder económico como son en la actualidad con poder político, si, en una palabra, hemos de tener Tiranías Industriales, entonces el último estado del hombre será peor que el primero."

  "La forma de gobierno más adecuada para el artista es ningún gobierno en absoluto."

  Sobre la autoridad: ". Degrada a aquellos que lo ejercen, y degrada a aquellos sobre los cuales se ejerce " y "no hay necesidad de separar al monarca de la multitud; toda autoridad es igualmente mala ..."

  "Todas las formas de gobierno son erróneas Son poco científicas, ya que tratan de modificar el entorno natural del hombre; son inmorales porque, al interferir con el individuo, producen las formas más agresivas de egoísmo"

  "Un mapa del mundo que no incluya Utopía no vale la pena mirar siquiera, ya que deja fuera el único país en el que la humanidad está siempre aterrizando. Y cuando la Humanidad aterriza allí, mira, y al ver un país mejor, suelta vela. El Progreso es la realización de las utopías".

  "La desobediencia, a los ojos de cualquiera que haya leído la historia, es la virtud original del hombre. Es a través de la desobediencia que el progreso se ha construido, a través de la desobediencia y por la rebelión."

jueves, 9 de mayo de 2013

Editorial Eleuterio: Primera Convocatoria de Letras Libertarias “Diez cuentos sobre ecología”

 “Poner pie en la playa virgen, agitar lo maravilloso que duerme, sentir el soplo de lo desconocido, el estremecimiento de una forma nueva: he aquí lo necesario. Más vale lo horrible que lo viejo. Más vale deformar que repetir. Antes destruir que copiar. Vengan los monstruos si son jóvenes. El mal es lo que vamos dejando a nuestras espaldas. La belleza es el misterio que nace.”

- Rafael Barret.
 
Editorial Eleuterio, proyecto de nuestro grupo que tiene como propósito ampliar la bibliografía libertaria, invita a todos y todas las interesadas/os a la Primera Convocatoria de Letras Libertarias, la cual reunirá una selección de diez cuentos sobre ecología.

La relación entre el anarquismo y la literatura siempre ha sido estrecha. Piotr Kropotkin, por ejemplo, cuando escribe la definición de anarquismo para la Enciclopedia Británica, no puede omitir la influencia que éste ejerció en la literatura moderna, destacando a escritores como Henrik Ibsen, Emile Zola y Walt Whitman. Esta influencia también se puede indagar en la literatura latinoamericana del siglo XX: escritores como González Prada, Florencio Sánchez, Rafael Barret, Manuel Rojas, José González Vera, Salvadora Medina Onrubia, Herminia Brumana, Fabio Luz, Óscar Castro, reflejan un particular espíritu libertario en hermosos párrafos o versos que siempre tienen algo que decirnos, pese a las décadas que han pasado.

 Por esta razón, Editorial Eleuterio, con la intención de incentivar la creación literaria y la reflexión libertaria en la actualidad, ha gestionado la Primera Convocatoria de Letras Libertarias, cuyo carácter será anual y que concluirá, en cada convocatoria, con la publicación de un libro que contendrá la selección de las narraciones más interesantes y creativas que aterricen en el buzón electrónico.

 El plazo de recepción de cuentos concluye el domingo 7 de julio.
 
Bases para enviar tu cuento…

1. Podrá participar todo aquel o aquella que desee escribir. No existe rango etario ni límites geográficos que delimiten el perfil de los participantes.

2. Los participantes sólo podrán presentar un trabajo, el cual, por lo demás, debe ser inédito.

3. Se recibirán cuentos en español y portugués.

4. La temática de la narración debe acotarse a la relación de la vida humana con el medio ambiente: ecología, consecuencias del desarrollo industrial, ideas para una vida en armonía con la naturaleza, por dar sólo unos ejemplos.

4. La extensión de los cuentos debe estar entre las 1000 y las 4000 palabras.

5. Se recomienda que el trabajo responda al siguiente formato: Letra Times New Roman, tamaño 12, interlineado 1,5.

6. Los trabajos deberán ser enviados como archivo adjunto al correo electrónico: letraslibertarias@grupogomezrojas.org, incluyendo en el mensaje los siguientes datos: nombre, pseudónimo, edad, región donde reside, nombre de la obra y, si es que existe, el currículum literario. Además, el cuento debe ir firmado por el pseudónimo. El autor de la obra, en caso de ser seleccionado su cuento, podrá escoger si desea ser publicado en la compilación con su pseudónimo o su nombre real. Los nombres de los participantes no se darán a conocer.

7. Tras la recepción de los trabajos, éstos serán revisados por los encargados del área literaria del Grupo de Estudios José Domingo Gómez Rojas, quienes harán entrega de una selección a los integrantes del comité evaluador, conformado por escritores y estudiosos del área literaria.

8. El plazo máximo para el envío de trabajos será el domingo 7 de julio de 2013, a las 23:00 horas de Chile. Después de esta fecha no se recibirán más trabajos.

9. Sin premios, ni ganadores: esto es una convocatoria, no un concurso. Los y las autores/as seleccionados/as serán publicados en un libro editado por Editorial Eleuterio que contendrá los 10 cuentos seleccionados. Además, se les hará entrega de 5 ejemplares el día del lanzamiento.

10. Este libro será publicado según el protocolo de Editorial Eleuterio: bajo licencia Creative Commons e inscrito con Número Estándar Internacional de Libros (ISBN) en la Cámara Chilena del Libro. Esto se hace para proteger y a la vez difundir la obra de los autores que compondrán la obra. Cabe destacar que la licencia Creative Commons será Reconocimiento – Sin Derivar – No comercial (más información sobre la licencia: http://www.creativecommons.cl/tipos-de-licencias/).

11. No somos dueños de nada: los cuentos que no sean seleccionados no quedarán como propiedad de Editorial Eleuterio, así como los seleccionados tendrán Creative Commons (libre difusión, pero respeto por la autoría).