viernes, 14 de septiembre de 2018

Cochabamba y el paisaje desaparecido. A propósito de un poema de RIGOBERTO TORRICO






Carlos Crespo Flores

El paisaje del valle cochabambino. Solo quedan recuerdos. Y son los que están alejados del lugar que los vio nacer quienes la añoran y sueñan. Pero, son los poetas que lo declaran desde el verso.

La literatura cochabambina ha tomado atención, celebrado y descrito el paisaje, su flora y fauna; pero también las interacciones del valluno, urbano o rural, con su entorno, de las relaciones de poder existentes bajo este fondo.

Quiero referirme al poeta local Rigoberto Torrico, (1858-1916), proveniente de una familia tradicional valluna, quien en su poema "A Cochabamba", habla desde el cochabambino ausente. Extraigo tres versos directamente relacionados con el propósito del presente texto:

“Y mis ojos no encuentran las delicias
de tus campos floridos, que embalsaman
tus auras, con aromas celestiales,
con aromas de flores, que hoy le faltan.

El aire que aspiraba en ti mi pecho,
mezclado del perfume de la acacia,
del mirto, del azahar, clavel y rosa,
que es el ambiente que de de ti se exala;

hoy no lo aspiro ya, mi pecho sufre
sin tu aliento, mi amada Cochabamba,
y tu recuerdo, tierra de las flores,
tierra de promisión, enferma a mi alma.”

Los ojos del poeta están hambrientos del paisaje valluno, de los "campos floridos", los aromas de las plantas y flores. Es tal el deseo que hasta el alma se "enferma".

Se debe destacar el conocimiento que tiene Torrico de la flora local, árboles y flores. Entre los primeros, seguramente se refiere a la "acacia boliviana", también conocida como "churqui", una especie forestal local de las cientas extendidas en el planeta. Pero también menciona el mirto, un arbusto propio de la formación tucumano boliviana, conocido en el país como "arrayan". Asimismo, el poeta suspira por el perfume de la flor de azahar, denominación para la flor del naranjo y el limonero, especies introducidas durante la Colonia. Finalmente, señala el clavel y la rosa, plantas de jardín, también traídas por los españoles; estas flores, en los siglos XIX y parte del XX, solo era posible verlas en jardines de las élites vallunas, sea haciendas, casas quinta o casonas urbanas. Ese era el entorno del poeta.

Este escenario no existe más. La intolerancia depredadora, a nombre de la modernización y el progreso, han destruido el valle. Pero, los aedos locales nos lo han recordado periódicamente.

Cochabamba, septiembre 2018

IMAGEN: Detalle de árbol de acacia boliviana o churqui

lunes, 10 de septiembre de 2018

Memoria del conversatorio dedicado a la obra del poeta ALVARO ANTEZANA J.




Panelistas
- Gustavo Soto
- Lourdes Saavedra
- Luis Navarro
- Luis Navarro

30 de agosto 2018
Café Caracol


lunes, 27 de agosto de 2018

Conversatorio con Claudio Ferrufino Coqueugniot: “LA LITERATURA EN EL PROCESO DE CAMBIO” (Video)

Video del conversatorio con el escritor Claudio Ferrufino Coqueugniot sobre “LA LITERATURA EN EL PROCESO DE CAMBIO”. Realizado en julio 2018.

jueves, 9 de agosto de 2018

“EL CHE … ÉL ERA UN ARGENTINO” Testimonio de Liber Forti sobre la guerrilla de Ñancahuazú (para descargar) -ACTUALIZACION-

La Biblioteca Cesareo Capriles se complace en difundir este texto basado en el libro autobiográfico "En Liber Tad". Con esta publicación esperamos contribuir a desmitificar la figura del "guerrillero heroico" y el autoritarismo del "castro-comunismo", hoy soporte dell "gran timonel" Evo Morales y el llamado "Estado plurinacional".


(ACTUALIZACION)
https://drive.google.com/file/d/1uML7RidUuUHNgqCa4OInxB-33stIZHUm/view?usp=sharing



viernes, 27 de julio de 2018

El caracol es la casa de los ecos -Maurizio Bagatin-


No un vago rumor o la noticia manipulada, ni la filfa, el eterno cacareo tonto, ni la resonancia o la repercusión…                                                                                                                                                     Aquí muchos lo han conocido y pocos lo han leído…como si no hubiera existido una sociología descriptiva, el ácido escritor se debe ensuciar con el trabajo artístico, porque lo quiere y lo apasiona, y se introduce en el vientre de la ballena, adonde es necesario estar locos para ser claros (Pier Paolo Pasolini, poesía Picasso)…penetra el paraíso habitado por diablos, el infierno de almas ya pequeños burgueses, se sumerge sin restricciones y escribe libros, libros que pueden no ser constructivos y serios, libros que pueden tener un solo valor, el valor literario.
El ácido escritor vive y se acerca a lo que la gente de verdad siente…dicen que de aquello que has amado mucho solo se escribe bien cuando lo has perdido del todo: casas, ciudades, lugares, personas, objetos, salud, ganas (Miguel Sanchez-Ostiz, extracto de Chuquiago).
Del hombre hay que mitificar, si existe, la obra…su vida es otra cosa, vagabundeando alrededor del mundo o simplemente haciéndole el amor a una mujer, tal vez sembrando cada día un árbol y admirando el imperceptible aleteo de un colibrí…ayer el ’68, el ’77, hoy los sueños de nuestros hijos, para muchos los de los nietos.
La literatura de Claudio es inflexiblemente defensora de la libertad frente a los ultrajes del hombre, a los ultrajes de las masas.
Y la literatura tal vez es esto: una exagerada falta de inocencia que sabe muchos sobre los hombres.

 Cochabamba, julio 2018

jueves, 19 de julio de 2018

Juan de la Rosa y un mito cosmogónico valluno

Lucas Cranach the Elder - Adam and Eve

Carlos Crespo Flores

En la cuenta larga del valle cochabambino, uno de espacios más valorados y admirados por su belleza y fertilidad  ha sido la campiña de Cala Cala. De hecho, cuando el inca Tupac Yupanki consolida este territorio para el imperio, Cala Cala es el lugar donde construye un “pequeño patrimonio” personal, incluyendo un aqllawasi (casa de mujeres vírgenes del inca) y baños. Innumerables arroyos y vertientes de agua la atravesaban, convirtiéndola en una zona húmeda y exuberante.

Cala Cala ha sido celebrada por poetas, cronistas e historiadores. Alcides D’Orbigny, quien estuvo por la ciudad en 1832, la definía como “el bonito caserío de Calacala, con sus árboles verdes, lugar de cita de los paseantes, sitio elegido para los paseos campestres de los ciudadanos”. Julio Rodríguez, prócer de la élite local, en una biografía familiar recordando la década de 1860, hablaba de los recorridos para “k’uquear” por las huertas de Calacala”. A fines de 1910, el protagonista de la novela de Demetrio Canelas, “Aguas Estancadas”, organiza una fiesta en las "suaves frondas del verdeante bosque de naranjos de Calacala"; y describe: "Nada más bello y amable que aquella floresta de Calacala, reclinada a las faldas de la cordillera del Tunari”. La misma Adela Zamudio tenía una pequeña casa de campo en Cala Cala, donde se refugiaba los fines de semana para escribir, atender a los sobrinos y su jardín.

La magnificencia de la campiña calacaleña impulsó a Nataniel Aguirre proponer a esta parte del valle como el probable escenario del bíblico paraíso terrenal. En una escena de la novela Juan de la Rosa, el protagonista, Juanito, está a punto de enfrentar a Padre Arredondo, por sus inclinaciones a favor de los patriotas. A punto de recibir un duro castigo, Juanito reflexiona sobre el clima y el paisaje valluno de Cala Cala:

“¡Benditos meses de marzo y abril! ¡De cuánta gala sabéis revestir vosotros la hermosa tierra en que he nacido! Si los demás meses del año se os pareciesen, si a lo menos los de septiembre y octubre no fueran tan mezquinos de lluvias y quisieran estimularse con el ejemplo del generoso febrero, para impedir que el sol sediento se beba toda el agua del Rocha y de las lagunas, yo sostendría con muy buenas razones que Eva cogió el fruto prohibido en Cala Cala, aunque me trajesen juramentado al Inca Garcilaso de la Vega, para que declarase a mi presencia que los españoles hicieron venir de la Península el primer árbol de manzanas; porque el Génesis no dice que fue aquel fruto precisamente una manzana, y pudo ser una chirimoya, una vaina de pacay o cualquier otro de los deliciosos frutos de nuestros bellísimos árboles indígenas.”

Aguirre está situando un mito cosmogónico según la tradición judeo cristiana, en el valle, pues está emplazando en Cala Cala el origen de la creación del mundo, otorgando a la campiña, por tanto, un sentido más allá del tiempo histórico. Este es un mito bioregional, pues está articulado a la ecología de la zona, y el novelista escribe desde el conocimiento de su hábitat.

Los mejores meses del año en Cochabamba han sido los de la temporada lluviosa, entre febrero a abril particularmente, donde el valle, en este caso Cala Cala, se torna verde y florido; época de abundancia de frutas, maíz, trigo, papa. Es el momento paradisíaco. Mientras que, entre agosto a noviembre, la lluvia está ausente, la humedad disminuye y el agua (incluyendo el del río Rocha) es escasa. Aguirre sabe y lo retrata

Respecto a la fruta prohibida, efectivamente en Génesis 3:1-3 leemos: “La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahvé Dios había hecho. Dijo a la mujer: «¿Cómo os ha dicho Dios que no comáis de ninguno de los árboles del jardín?» Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Más del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.» El texto bíblico no explicita que haya sido una manzana la fruta que sedujo a Eva y Adán (especie introducida por los españoles, como Garcilazo de la Vega podría atestiguar), imagen construida por el cristianismo oficial. Pudo haber sido alguno de los sabrosos “árboles indígenas" del valle cochabambino, como el pacay o la chirimoya.

Hoy, Cala Cala, como en el pasado, continúa siendo una zona donde habitan las elites de la ciudad, aunque los cambios son evidentes. La sensación de Juanito respecto a la sequedad del valle durante una época del año, hoy es lo normal: el “sol sediento se ha bebido” las aguas superficiales y subterráneas, las áreas de cultivo y la masa arbórea han desaparecido en pro del cemento y la urbanización kitsch. Tal el paisaje dominante cala caleño. Solo nos queda la memoria literaria de este hermoso mito de creación valluno.

miércoles, 27 de junio de 2018

Poema de Hilda Mundy inspirado en el foot ball


Este poema es parte del libro Piroctenia, de Hilda Mundy. En el libro Cosas de Fondo, aparece con el título “El foot ball un deporte bíblico”. Mundy asocia la creación del mundo, según la tradición judeocristiana, con un partido de foot ball, con humor y sátira. Para disfrutar en tiempos del Mundial.


IV

No se concibe la creación del mundo sino en un match de “foot ball”.

Un match de “foot ball” de alta técnica: punto-origen del deporte actual vulgarizado y decadente.

El Creador bello en su complexión robusta de atleta (no flaco y débil como visador de cementerios) daría la patada inicial del match espectacular.

¡En qué Stadium magistral sería su entrenaje?

En un juego movido de cabriolas: con directo “shootazo”, colocaría al sol -balón de fuego- al gol del cielo. Y como el contendor incógnito se durmiera, en un empuje haría rodar veloz por el espacio, la luna -balón de luz- entre las estrellas.

Y así seres, cosas, astros en la infración del “outside” agitaríanse en la cancha del universo.

El juego individual y la simplificación del tiempo libre de cronología harían monótono el encuentro.

Movimiento vario de seis días.

Después de batir el record de resistencia, con el ímpetu gastado en la formación del mundo, débil y fatigado se pondría a descansar en el lomo rugoso de una montaña.

Mientras su “mánager” inter-universal comenzaría un masaje tonificante.

Frase de análisis: “El foot-ball es un deporte bíblico”.

(1936)