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lunes, 4 de noviembre de 2013

Rafael Uzcátegui de El Libertario responde a una entrevista desde Francia sobre la Venezuela actual



Un periodista francés ha remitido para un trabajo de investigación algunas preguntas al miembro de El Libertario Rafael Uzcátegui sobre la situación actual en el país y el escenario electoral. Compartimos sus respuestas.

1. ¿Maduro es la continuación de Chávez o hay una fractura?
R: Maduro intenta basar su legitimidad como presidente en ser la continuación del proyecto bolivariano construido por Hugo Chávez (HCF), tanto en lo político como en lo simbólico. Ha asumido el programa de gobierno “Plan Patria 2013-2019” con el que HCF ganó las elecciones el pasado mes de octubre y repite cada vez que puede que representa su legado. Se ha hecho llamar a sí mismo “El hijo de Chávez” e intenta imitar su estilo y maneras de gobierno, lo que a corto plazo ha podido capitalizar políticamente, pero que, debido a una ausencia de personalidad propia,  resentirá a mediano plazo. No obstante, hay diferencias porque el escenario político es otro. La presencia física de HCF fue determinante para la actuación de los diferentes actores políticos y sociales en el país entre los años 1998 y 2012, por lo que su ausencia modifica cualitativamente la política y lo político en Venezuela. Nicolás Maduro sufre las consecuencias de un movimiento basado en el culto a la personalidad y su autoridad sobre todas las partes del universo bolivariano está cuestionada, dimensión estimulada por la pérdida de un número importante de votos en las elecciones del pasado mes de abril, que han sido los peores resultados electorales para el movimiento bolivariano en toda su trayectoria. La debilidad del liderazgo de Maduro ha estimulado a su vez la lucha de los diferentes sectores del chavismo, cada uno intentando hegemonizar el legado político de Hugo Chávez. A diferencia de con un HCF vivo, cuando la actuación del gobierno era monolítica y arrasadora, las decisiones actuales lucen erráticas y sus partes actúan, en ocasiones, de manera contradictoria. A la crisis política se le suma la crisis económica, debido a la alta inflación, la especulación en el mercado negro de dólares y el desabastecimiento de alimentos. Si bien antes habían diferentes niveles de acuerdo con el sector privado, Nicolás Maduro ha acudido abiertamente a los sectores económicos no estatales para el aumento de la producción de alimentos. Una tercera diferencia es que antes HCF controlaba al sector de las Fuerzas Armadas. Actualmente, son evidentes las presiones militares y el protagonismo que poseen para el mantenimiento de la gobernabilidad.

2. Con la nueva ley habilitante, la lucha contra los sindicatos, ¿Podemos decir que hay un viraje, un cambio autoritario?
- R: Nicolás Maduro intenta disimular sus debilidades políticas con gestos autoritarios. Mientras flexibliza en materia económica, dialogando con el sector privado de la economía y facilitándole el acceso a las divisas extranjeras y las condiciones para el aumento de sus inversiones, se muestra discursivamente como radical e intransigente en lo político. Maduro intenta apoyarse en el sector militar, al cual le ha dado un mayor protagonismo en la toma de decisiones políticas en el país. Por estas razones el gobierno militarizará todos los conflictos sociales que amenacen la producción, como parte de los convenios suscritos con el sector privado, y que amenacen con mostrar las debilidades internas del gobierno. El gobierno de Nicolás Maduro es la fase terminal de la hegemonía política del bolivarianismo, por lo que pueden ocurrir muchas cosas en aras del mantenimiento del poder.

3. ¿Las medidas contra la inseguridad están satisfactorias?
- R: No lo fueron durante el gobierno de HCF y tampoco lo son en el gobierno de Maduro. La única novedad ha sido la militarización de los operativos callejeros para la lucha contra la inseguridad, el llamado “Plan Patria”. Sin embargo, todos sabemos que lo represivo no disminuye, sino que aumentan los problemas estructurales que originan la violencia urbana y la inseguridad. Además de la injusta distribución de la riqueza en un país petrolero, se encuentra la actuación del sistema de justicia que asegura la impunidad para los funcionarios y condena a personas de los sectores populares a cárceles que son depósitos humanos en las peores condiciones imaginables. Por otro lado la inseguridad ha sido desplazada de las preocupaciones de la gente por la insuficiencia de los salarios y el desabastecimiento.

4. ¿Podemos pensar que las penurias y inflación favorece la oposición por el 8 de diciembre?
- R: El resultado de las próximas elecciones dará un dato cuantitativo acerca de la fortaleza del movimiento bolivariano sin la presencia física de su líder. Es por eso que estadísticamente son importantes y cualtitativamente diferente a las que ocurrieron entre 1998 y 2012. Las elecciones han sido convertidas en una suerte de plebiscito sobre la popularidad del gobierno, por lo que la pelea definitiva será por la cantidad de votos totales que acumule cada sector. Los resultados catalizaran o ralentizarán el proceso de fragmentación del movimiento bolivariano. En el peor de los resultados para Maduro, ser superado holgadamente en votos totales por la oposición, se abrirá el escenario para la convocatoria a un referendo presidencial en tres años. Institucionalmente no hay posibilidad de un cambio de presidente en el corto plazo. Sin embargo, la oposición también sufre una crisis de liderazgo. Construyeron su propuesta política en base a sacar a HCF del poder, y ahora que no está, es evidente que no cuentan con una propuesta de país –salvo su antichavismo- bajo la cual puedan construirse y mantenerse como una nueva mayoría. Sigue siendo una interrogante cuál será el comportamiento electoral de las diferentes partes del chavismo en las próximas elecciones (¿votarán?, ¿aplicarán el voto castigo?, ¿se abstendrán?), pero teóricamente la crisis económica profundiza la crisis política y podría mantener alejados a los bolivarianos de los votos oficialistas el próximo mes de diciembre.

5. Hay nueva divisiones al dentro del PSUV?. Desde Francia yo veo un pais que va de peor a peor... La izquierda (por fin) empieza a preguntarse si es el bueno camino

- R: Ahora mismo comienzan a ser visibles las pugnas internas dentro del chavismo, y como sugeríamos anteriormente, estas peleas pueden ser aumentadas si los resultados de diciembre reflejan que Maduro continúa perdiendo significativamente apoyo popular. Comienzan a difundirse denuncias sobre corrupción en funcionarios gubernamentales, casi todas referidas al acceso a los llamados dólares preferenciales y su especulación en el mercado paralelo, y es evidente que estas denuncias forman parte de las peleas sectoriales dentro del bolivarianismo. Algunos analistas del propio chavismo han comenzado a mostrar distancias del estilo de gobierno de Nicolás Maduro, y hay una discusión muy intensa de cómo enfrentarse a la crisis económica. Hay que tener claro que independientemente de lo que pase en los próximos meses, el chavismo seguirá siendo un actor político dentro del escenario venezolano. Sin embargo, la eclosión de su hegemonía actual depende de su fragmentación. Dentro del PSUV existen divisiones entre los sectores más pragmáticos y entre los más ideológicos, estos últimos los promotores radicales del control del Estado comunal y el llamado poder popular sobre el resto de la sociedad. También hay niveles de conflicto entre el PSUV y los llamados “partidos aliados”, como el PCV, La Causa R y Redes. La ausencia de Chávez y la crisis económica, no obstante, ha alejado al chavismo popular de las organizaciones partidarias del bolivarianismo. El comportamiento del chavismo “popular”, que no milita en ninguna organización formal y tenía una relación de afinidad sólo con HCF, es electoralmente la clave para el triunfo en las urnas del chavismo el próximo mes de diciembre. Este sector es el cuantitativamente más grande, y según mi hipótesis, el que no votó por Nicolás Maduro el pasado mes de abril. 




lunes, 8 de julio de 2013

EL LIBERTARIO No 70


A  continuación, se reproduce el Editorial de esta nueva edición:

«A estas alturas, seguir hablando sobre el conflicto en Venezuela como un enfrentamiento entre “chavistas” y “opositores” es repetir el lenguaje del Poder que permite el mantenimiento de un proyecto de dominación en base, entre otras cosas, a una falsa polarización. Rojos y azules son solo matices de las mismas cadenas, cada uno con una cúpula cuyos espejismos y pirotecnias permiten disciplinar a un grueso sector de la población, chavistas y opositores, oprimidos por igual, detrás de cada uno de sus patrones. En primer lugar, hoy, denominarse chavista” u “opositor” remite a categorías vaciadas de contenido, ausentes de cualquier proyecto realmente transformador y de ruptura con las tradiciones económicas, políticas y sociales del país. En segundo lugar porque ambas expresan, apenas con matices, la continuación de un modelo de desarrollo basado en el control de la renta energética y la profundización del extractivismo, a espaldas de las consecuencias sociales y ambientales que genera, y ambas apostando por una mayor militarización de los territorios y los cuerpos que hagan posible, sin traumas, los flujos de capitales hacia el mercado mundial. Y, como demostraron ayer los acuerdos Chávez-Cisneros y más recientemente la junta Maduro-Mendoza, con capacidad y flexibilidad para lograr acuerdos y pactos  que mantengan la gobernabilidad y hagan recaer el peso de cualquier crisis económica en las espaldas de asalariados y asalariadas. Desechando las ilusiones, hay que denunciar a ambas oligarquías como representantes de una falsa alternativa.

El gobierno de Nicolás Maduro ha aumentado la militarización social para esconder la fragilidad de su liderazgo, la ausencia de proyecto, las consecuencias de la devaluación de la moneda y el alto e insostenible gasto estatal para la compra de lealtades. En una huida hacia adelante, intentan llevar la estatización de la vida cotidiana hasta sus últimas consecuencias. La militarización de la seguridad ciudadana, acompañado de la aplicación de una Ley Antiterrorista aprobada para asegurar los flujos del capitalismo global, intentan disuadir cualquier disidencia expresada en el espacio público. El anuncio de la creación de “milicias obreras” tiene como objetivo enfrentar las huelgas y manifestaciones de trabajadores mediante esquiroles uniformados, enfrentando a pobres contra pobres, mientras los Maduro y los Mendoza puedan seguir haciendo acuerdos que garanticen sus privilegios. La corrupción generalizada del régimen ha llegado a un punto tal que han tenido que montar el circo mediático de la captura de algunos peces chicos del desfalco del erario público, mientras los peces gordos florecen a la sombra del Estado petrolero, mientras riquezas súbitas son hechas en minutos en la especulación del dólar paralelo. El acceso a los dólares oficiales de Cadivi y el Banco Central de Venezuela han engordado a una nueva burguesía, mientras el gobierno neutraliza a sus falsos críticos otorgando selectivamente divisas extranjeras a sectores de la oposición, ganando tiempo político en aras de una nueva contienda electoral que le permita recuperar tanto la legitimidad como el espacio perdido.

El chavismo y la oposición coinciden en el doble movimiento de incluir a las mayorías en sus discursos y excluirlas de cualquier posibilidad real de incidir en las decisiones sobre sus vidas. Estos administradores de la pasividad intentan canalizar permanentemente cualquier movilización popular que desborde sus canales partidistas e institucionales. Mientras algunos sectores están comenzando a recordar cómo era movilizarse por sus derechos, con todas las posibilidades que hay cuando los oprimidos comienzan a reconocerse en la calle, los políticos rojos y azules coinciden, y no casualmente, en promover una vez más la electoralización de las agendas de los de abajo, intentando hipotecar las aspiraciones de la gente a después del momento electoral. ¿Lo permitiremos una vez más?

Nuestra propuesta, ahora más que nunca, es romper la falsa polarización impuesta y comenzar a reconocer quienes son los opresores y los victimarios, cuáles son las fuerzas y actores que impiden la realización plena de hombres y mujeres en este territorio llamado Venezuela. Entre Mendoza y Cabello hay más coincidencias que las que hay entre Maduro o Capriles y quien lee está publicación. Insistimos que no se puede combatir la alienación de manera alienada. No es posible reproducir en nuestras relaciones y prácticas las mismas dinámicas de dominación a las que estamos enfrentados. Es por ello que estamos por la autoorganización de las luchas, por seguir reconociéndonos peleando por lo que es nuestro y no abandonar la calle ahora que la crisis económica y política nos ha obligado a retomar el espíritu de lucha que habíamos abandonado, delegándolo en nuevos o viejos mesías. Turquía y Brasil nos han recordado el camino, es hora de retomarlo.»

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