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miércoles, 19 de marzo de 2025

CONSENSO EN EL GRUPO DE AFINIDAD ANARQUISTA Carlos Crespo Flores

Consenso en el grupo de afinidad anarquista[1]

 

Carlos Crespo Flores[2]

Uno de los más importantes dispositivos organizativos entre los anarquistas, donde el consenso es parte de su fundamento, es el grupo de afinidad. 

La afinidad está referida a las conexiones entre seres que comparten intereses o preocupaciones (estas no son conexiones de sangre) (Honeywell, 2021:60). Según Murray Bookchin, el grupo de afinidad es como un nuevo tipo de familia ampliada, en la cual los lazos de parentesco son reemplazados por relaciones humanas profundamente empáticas, que se nutren de unas ideas y una práctica revolucionaria comunes” (Bookchin, 2015/1971:41). Es un colectivo de amigos íntimos que no están menos preocupados por sus relaciones humanas que por sus objetivos sociales (Bookchin, 1986).

Normalmente, el grupo de afinidad está constituido por un grupo pequeño (no más de 15 miembros) y autónomo de anarquistas, muy familiares entre sí, que se unen para emprender una acción específica, ya sea de forma aislada o en colaboración con otros grupos de afinidad (Gordon, 2008:15). Esta estructura celular se halla vinculada con otros grupos con el fin de realizar una acción colectiva directa (Ordóñez, 2018:83)[3]. La afinidad en un grupo de amigos convertida en fuerza política autónoma, donde personas que ya se conocen y confían unas en otras, trabajan juntas para responder inmediatamente, de manera inteligente y flexible ante las situaciones que se les presenten (Crimethinc, 2017)[4].

El consenso es el método de toma de decisiones en un grupo de afinidad (Honeywell, 2021:60), más aún, es considerado parte de una política prefigurativa (Honeywell, 2021:80), donde se pretende sustituir las relaciones autoritarias por relaciones de consenso (Brito, 2015:14);

El grupo de afinidad es parte de la organización anarquista, en escala micro (Gordon 2008:15; Honeywell, 2021:60). Conserva sus reducidas dimensiones, para asegurar la máxima intimidad posible entre sus miembros. Directamente democrático, comunal y autónomo, crea un espacio libre donde los revolucionarios pueden reconstruirse a sí mismos, como individuos y como seres sociales (Bookchin, 2015/1971:41)[5].

En un grupo de afinidad opera un deseo compartido para realizar una tarea específica, donde las decisiones son tomadas por consenso (Honeywell, 2021:60), teniendo en cuenta las necesidades y deseos de cada individuo (Crimethinc, 2017). Por ello, en un grupo de afinidad, una votación democrática, en la que la mayoría consigue lo que desea y una minoría debe callar es un anatema, pues el funcionamiento sin problemas ni tensiones, todos los miembros involucrados deben estar satisfechos (Crimethinc, 2017).

El origen proviene de la guerra civil española (Gordon,2008:15). Se denominaba así a la célula básica de la Federación Anarquista Ibérica, fracción de la central anarco-sindicalista, CNT (Bookchin, 2015/1970). Durante más de cincuenta años en España, los grupos de afinidad fueron el órgano más eficiente para la propaganda, las relaciones humanas y la praxis anarquista (Ordóñez, 2018:83).

La afinidad libertaria no es de naturaleza ideológica, o no solo, sino la articulación de diversas formas de sensibilidad, temperamentos, cualidades de carácter (Colson, 2003:22; Ordóñez, 2018:83). En el grupo de afinidad opera la confianza, respeto y cercanía. La afinidad es la base emocional de una sociedad de individuos libres e iguales (Honeywell, 2021:60)[6].

En el contexto de los grupos de afinidad, se organizan diversos colectivos o espacios autónomos, donde el consenso es uno de sus particularismos organizativos, no jerárquicos y anti autoritarios (Gordon, 2008:11, 35).  

 


Bibliografía

-          Bookchin, Murray (2015/1971) ¡Escucha, marxista!. 42 pp.  https://es.anarchistlibraries.net/library/murray-bookchin-escucha-marxista.pdf

-          Bookchin, Murray, (1986) anarquismo post-escasez.  https://libertamen.wordpress.com/2022/11/17/anarquismo-post-escasez-1986-murray-bookchin/

-          Brito, Jaime Luis (2015) Anarquismo y Resistencia. En Jaime Luis Brito, El pensamiento anarquista: antología. México: Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Pp. 11-19.

-          Colson, Daniel (2001) Pequeño léxico filosófico del anarquismo. Buenos Aires: Nueva Visión. 288 pp.

-          Crimethinc (2017) Cómo Formar un Grupo de Afinidad. La Piedra Angular de la Organización Anarquista. https://es.crimethinc.com/2017/02/06/grupos-de-afinidad-una-parte-esencial-de-la-organizacion-anarquista

-          Gordon, Uri (2008) Anarchy Alive! Anti-authoritarian Politics from Practice to Theory. London: Pluto Press. 183 pp.

-          Honeywell, Carissa (2021). Anarchism. Cambridge: Polity. 166 pp.

-          Ordóñez, Vicente (2018) Direct Action. En B. Franks; N. Jun; L. Williams. Anarchism. A Conceptual Approach. New York: Routledge. pp 74-85.

 



[1] El texto es parte de una ponencia sobre construcción de acuerdos/consensos en el anarquismo, para la mesa de  “comunalidades anarquistas”, bajo el impulso de nuestra Vicky Ayllón, en el congreso de los “bolivianistas”, Sucre, este año, 2025.

[2] Investigador ESFOR-UMSS.

[3] Antes de cada acción los miembros del grupo deben establecer juntos cuáles son sus metas individuales, colectivas, con qué riesgos se sienten cómodos, y cuáles son sus expectativas respecto al resto de integrantes. Una vez se hayan determinado estos asuntos, se puede formular un plan (Crimethinc, 2017).

[4] Daniel Colson sostiene que el concepto de afinidad proviene de la química antigua, recuperado en tiempos modernos por Goethe y Max Weber para teorizar las relaciones humanas (Colson, 2003:21-22).

[5] Tiende a actuar en una forma molecular.  Dadas unas íntimas relaciones entre los participantes, los grupos suelen ser difíciles de penetrar (Bookchin, 2015/1971:41).

[6] Debido a su autonomía y localismo, los grupos conservan siempre una marcada sensibilidad a toda posibilidad nueva. Intensamente experimentales y con muy variados estilos de vida, se estimulan mutuamente, y estimulan al movimiento popular. Cada grupo busca los medios para funcionar, elabora su propio cuerpo global de conocimiento y experiencia (Bookchin, 2015/1971:41). 

lunes, 19 de agosto de 2013

Peligrosas redes de afinidades y afectos



Por Vidas precarias

Estos días de verano, en los que muchas hacemos visitas a la familia no elegida, a la elegida, nos vamos de vacaciones con unas y con otras, me apetecía hacer referencia a estas cuestiones de las redes de afinidad, las manadas, las familias... y pincelar por encima su relación con la precariedad y el sistema social en el que (sobre)vivimos.

Unas más, otras menos, aquí nadie se salva de su familia nuclear de origen, en la cual crecimos y nos sociabilizamos, unas más, otras menos, opresivamente, en medio de relaciónes de parejas heterosexuales, cual aguanta-velas (vaya rollo). Para colmo, esos vínculos establecidos mediante una relación unidireccional de cuidado tendremos que aguantarlos de por vida, o de alguna manera gestionarlos, sin poder casi cuestionarlos o rechazarlos. Allí donde “la sangre”, o en su caso la ley de un estado o de un dios “legítimo”, parecen ser el sostén indispensable de las relaciones duraderas y con más valor.

¿Pero cuántas veces ésto es real? ¿Cuántas veces nuestra familia no-elegida (por nombrarla de alguna forma) es a la vez nuestra red de afinidad y apoyo, dónde te sientes reconocida, cuidada, no juzgada, dónde puedes compartir tus dudas y reflexiones, dónde se comparten los códigos, los lenguajes... y en definitiva te sientes “en familia” (curiosa expresión)? Pues como bien sabemos, muy pocas veces es así... A pesar de que de una forma hipócrita muchos, sobretodo las instituciones sociales, lo sigan presuponiendo. O más bien, lo que hacen es seguir reproduciendo ese modelo de familia que le interesa. ¿Se imaginan una excedencia para cuidar a un amigo? ¿O un traslado para vivir más cerca de tus amigas? ¿O pedir una hipoteca entre 10 personas muy afines?

¿Pero a la vez me pregunto cuántas personas, o cuántas veces, nos sentimos en ese tan necesario “en familia”? A pesar de lo indispensable que es sentirse en una red de afinidad para vivir, para vivir bien, sobre todo emocionalmente bien.

Desde luego, no hay psicólogo o psiquiatra que te pueda construir una red de amigas, cuando son precisamente estas redes las que hacen que no nos volvamos locas en este mar de precariedad, sin dinero, sin curro o con curros de mierda, sin casi inteligencia emocional, sin aire limpio... Cuando una red de afinidad es lo que más necesitas para ser creativa, mantener el ánimo, pensar más allá de la simple supervivencia, confiar en ti y no entrar en una gran depresión.

El otro día pensé: el mundo debería cambiar la industria de los anti-depresivos por centros de aprendizaje y refuerzo de inteligencia emocional, donde te enseñaran a cuidar(te) y generar una buena red de amigxs y amantes, de familia elegida... pero claro, eso sería muy peligroso para el sistema, como bien re-cita Javier Saez:

Como decía Foucault, lo que molesta al poder no son las relaciones homosexuales, sino la amistad. Es decir, la posibilidad de crear redes de amigas, apoyos, afectos, solidaridades, difíciles de localizar, que escapa al control social y que van más allá del modelo individualista o liberal: “pareja-amor-matrimonio”. [1]

Redes que te sostienen si en algún momento te caes, no solo en un el plano más emocional, sino que posibilitan respuestas colectivas a episodios individuales que provienen de problemas estructurales. El significado vital y político que Itziar Ziga le da a “la manada”, que podemos asimilar a lo que venimos llamando red de afinidades y afectos, es más que inspirador:

La manada es el grupo de supervivencia, lucha y placer que se autoconstruye y muta mil veces para hacer posible las vidas de sus perras, permanentemente amenazadas, ninguneadas, oprimidas. Es la familia soñada y encarnada. Por haber sido socializada como mujer, soy colectivista. No sobrevivo fuera del grupo. Aunque la manada debe siempre funcionar de forma flexible sabiendo que cada una es cada una. Y esto a veces es difícil. [2]

Por lo tanto, seguro que ya es fácil concluir que es realmente contradictorio esperar de la familia nuclear - y todo lo que se le parezca - algo de esa red utópica de apoyo y afinidades, esa manada. Para empezar tiene una estructura cerrada e inmutable, está llena de jerarquías, hay división sexual del trabajo, el trabajo de cuidados está desvalorado, la inteligencia emocional no se cultiva, te juzgarán, no podrás cuestionar casi nada, es un grupo pequeño y ocultará muchas violencias internas... etc, etc... ¿Qué os voy a contar yo...?

Así que para terminar, desearos a todas un buen y feliz verano en compañía de la familia elegida, la manada, la mejor red de afectos y afinidades con la que podáis sentiros una misma, con la que podáis afrontar la precariedad cotidiana.
 


9 agosto 2013


sábado, 22 de junio de 2013

A CREAR GRUPOS DE AFINIDAD (ligera invitación)

Por Manuel de la Tierra

 Un anarquista en su arrojo individual puede hacer bastante, pero aunado con otro, puede hacer  mucho más. Hoy como ayer esa vieja expresión sigue siendo cierta, y para nosotros, urgente. No estamos obligados a unirnos, pero entendemos que reuniendo diversas capacidades individuales podemos llegar más lejos o bien solucionar problemas más complejos. La unión entre anarquistas no nos debe espantar, aunque es claro que debemos combatir las formas autoritarias de conexión. La organización es simplemente un medio, jamás el fin donde concentrar todas nuestras energías, es un espacio de relaciones en donde diversas individualidades se citan para actuar coordinadamente, un nodo que nos puede ser de gran utilidad, pero nada mas.

¿Unidad por la unidad? –ciertamente no. Pues no debiera, creo, ser nuestro el fetiche del número, de la “organización única del anarquismo”, de las grandes y pomposas siglas, de las miles de banderas en las marchas. La unidad que proponemos es la unidad para la acción, no es la unidad para que nuestra organización sea más numerosa. Nos unimos para hacer, no para parecer. Y ese hacer está condicionado por los intereses de cada grupo particular. Podemos agruparnos para auto-educarnos, para difundir la propaganda anárquica, para crear situaciones de tensión, para levantar instancias de economía no capitalista, para generar, en fin, una gama muy diversa de expresiones. Eso es lo urgente: hacer.

¿Qué es un grupo de afinidad? Básicamente es un tipo de organización que ha sido rescatado y utilizado con prolijidad desde el anarquismo. Es el núcleo, en ocasiones la unidad política primera tras el individuo, la coordinación elemental. Puede estar compuesto a partir de 2 personas y hasta donde alcancen los afines, o hasta donde cada grupo quiera llegar. Es una organización horizontal, sin jerarquías: así se relacionan sus miembros y así toman sus decisiones. Desde un prisma libertario puede estar orientado a satisfacer diversos intereses (difusión, cultura, economía, etcétera). Aunque en este punto quisiéramos agregar una necesaria crítica elaborada por algunos compas de Iberia, de la FIJA, al respecto:

“Creemos que es necesario diferenciar grupos de afinidad y grupos que abogan por luchas parciales. Pues mientras éstos se centran en un único campo de actuación, aquellos, los grupos de afinidad, encuentran en el antiautoritarismo su campo de batalla. La afinidad no es una cercanía a la hora de encontrar un campo o problema concreto, sino a la hora de analizar el autoritarismo y enfrentarse a él. Desde nuestro punto de vista, no nos parecen eficaces las propuestas parciales, una organización anarquista debe, en nuestra opinión, tender a eliminar todas las manifestaciones de la autoridad y no sólo aquellas que en contextos adecuados aparezcan como más agresivas o incluso socialmente aceptadas (presismo, veganismo, okupación, etc.)”

Un grupo de afinidad por no permitir burocracias y jerarquías en su interior y por ser primordialmente autónomo, puede actuar de forma muy dinámica pues sus componentes no están obligados a esperar órdenes ajenas, a menos que previamente se hayan concertado acciones coordinadas.

Allí cada personalidad aporta al colectivo permitiendo la creación de un acervo de experiencias y saberes muy diversos y complejos, disponibles de forma sistematizada o informal, para el momento de planificar y actuar.

Debe existir la confianza plena y dado que es un grupo autónomo, y no un partido o un aparato “político-militar”, no ha de existir compartimentaciones de conocimientos. Todos deben estar informados de aquellas cosas que afectan a todos. Claramente la diversidad de saberes es algo que en un primer momento está fuera de nuestras capacidades de control y es hasta un beneficio para un colectivo, pero no hay que dejar espacio para que esa diversidad se traduzca en relaciones de dependencia, y por extensión, de dominio.

Los grupos anarquistas, los grupos de afines, no deben dar lugar a jerarquías, ni a mandones, y si bien es cierto que en muchas ocasiones la diversidad de temperamentos (Lo que se traduce en la facilidad o dificultad de “hablar” en público, por ejemplo) decantan en una especie de “protagonismo” de algunos compañeros sobre otros, tanto estos como aquellos deben hacer todo lo posible para conjurar dicha situación, dado que allí está presente el germen de la jerarquía, hoy en estado pasivo, pero quien sabe mañana.

Por lo anterior es importante que cada individuo del grupo sea plenamente activo, según sus capacidades y ánimos, y permanentemente crítico de las características, relaciones creadas y acciones desarrolladas en la organización. Insistimos, no hay que fetichizar nuestras instancias de coordinación. No vale aquí el tiempo de vida de la sigla, ni la nostalgia por los tiempos idos, no vale cuando ya la organización no nos sirve y no nos sentimos plenos en su interior.

Las decisiones que se tomen dentro de la organización, creo, deben utilizar al mínimo la democracia. Aun entendiendo que aquella es útil en ciertas ocasiones para resolver algunos asuntos, es plausible razonar que la misma no deja de responder a la tiranía de la mayoría sobre las minorías. El número no garantiza nada. 99 pueden votar en favor de que la tierra es cuadrada, 1 puede decir lo contrario ¿Quién está en lo correcto?. Demás está decir que quien esté en contra de la decisión de la mayoría del grupo, no tiene porqué secundar a los mismos. Si las diferencias son muy graves es porque la afinidad ya no existe, y el vínculo con la organización puede voluntariamente desaparecer.

Hay quienes proponen trabajar con la idea del consenso, es decir, en lugar de hacer competir opciones por votos, se genera una informada y participativa discusión en que se llega a un acuerdo común. Esto claramente es un avance, sin embargo hay que tener cuidado con anular nuestras voluntades por una unión forzada. La discusión se debe hacer y sobretodo porque con ella es posible llegar a conocimientos mas complejos de la situación en tanto se incluyen mas perspectivas sobre el mismo problema, pero si después de “agotar” el debate no hay acuerdo ¿Cuál es el problema?. El grupo debe fomentar la crítica y la coincidencia de intereses en lugar de la anulación de las voces contrarias. Y si bien el consenso no quiere decir acuerdo total y armónico, y se constituye como una salida deseable, aquel método también debe tratarse con cuidado. El grupo no debe absorber al individuo, debe proyectarlo, y si eso no se da, hay que marginarse de la decisión de las mayorías, y si las diferencias son irreconciliables y la convivencia posterior imposible, no tenemos por qué seguir ahí. No hay que sacralizar a la organización.

Las formas en que se distribuyen las responsabilidades dentro del grupo dependerán exclusivamente de la voluntad de sus componentes. Serán ellos quienes decidirán si les sirve más dividirse todas las funciones o solo algunas o ninguna. Pero hay que tener presente que generalmente delegar en otros las responsabilidades, puede inhibir la actividad de los demás en torno al tema particular del que se encargará el primero. La delegación puede ser operativamente útil, pero es un peligro cuando una responsabilidad específica permanece permanentemente en manos de alguien, o cuando se generan relaciones de dependencia, o bien cuando delegar en otro se traduce en desentenderse de aquel tema.

Así como en muchas ocasiones aunar fuerzas individuales en esfuerzos colectivos ayuda a proyectar nuestras energías, lo que se supone se podría dar con la creación de un grupo de afinidad, de igual forma en ciertos momentos nos puede ser de utilidad mancomunarnos con otros nodos de actividad anárquica, con otros grupos de afines, o bien con entidades organizadas de forma distinta a la nuestra (coordinadora, sindicato, asambleas, escuelas libres, cooperativas). Lo importante es nuevamente que aquella unidad sea real y sobretodo útil, y que no nos anule, analizar si para los objetivos que nos estamos fijando podemos efectivamente o no lograr más y mejores cosas unidos, que permaneciendo aislados. Y es que, una vez mas se presenta necesario destacar y problematizar el hecho de que no todas las actividades se ven beneficiadas con la unión.

La propaganda impresa, por ejemplo, se beneficia del aislamiento en tanto aquel obliga a ejercer más energías en cada proyecto y sobre todo porque la atomización posibilita la generación de iniciativas editoriales muy diversas (en características de soporte y en diversidad de intereses) y en distintos puntos espaciales. La fusión de múltiples expresiones impresas, creo, resta –entre otras cosas- la “riqueza” de la diversidad.

En otras ocasiones ese mismo aislamiento nos imposibilita para coordinar campañas o para elaborar acciones que requieren más voluntades y recursos, o que están pensadas para desarrollarse mas allá de los espacios territoriales en que nos desenvolvemos cotidianamente. En fin, es un tema complejo. Lo importante es ser sumamente críticos de las ventajas y dificultades que nos puede presentar la coordinación con otros grupos, entendiendo que para cierto tipo de actividades la unión es útil, y para otras no.

Indudablemente hay diversas formas de organizarse, esta es solo una de ellas. Cada cual tiene sus ventajas y desventajas. Los grupos de afinidad no son la última panacea, pero vaya que nos pueden servir para la difusión y concreción de discursos y prácticas libertarias. Y por supuesto, no son excluyentes de la actividad individual o de la participación en otras instancias organizativas.

Por último, una breve “arenga”. Los grupos de afinidad no solo pueden ser espacios operativos, pues también –y tal vez con mayor prioridad- constituyen nodos de relaciones anárquicas, de encuentros en libertad y sin coerción. En los grupos, por muy minúsculos que sean, germinan las realidades nuevas que buscamos. Formas de sociabilidad, cultura, economía y política libertaria se difundirán y expresarán en cada grupo que pueda surgir en todos los pueblos y barrios a lo largo y ancho de esta región y de otras. Si es nuestra la voluntad de expandir la idea, sus contenidos y sus prácticas, sin duda, hay mucho por hacer

Algunos textos de referencia:

Willful Disobedience, “Desarrollar relaciones de afinidad”;
Notes from Nowhere, “Grupos de afinidad”;
Federación Ibérica de Juventudes Libertarias, “Los grupos de afinidad anarquista”;
Manuel Lagos, ’Viva la Anarquía’: Sociabilidad, vida y prácticas culturales anarquistas. Santiago, Valparaíso, 1890-1927”, Tesis Magíster en Historia, USACH, 2009; Dolores del Rio,
“Organizándose para la acción”, El Libertario, Caracas, septiembre 2011

FUENTE: El Surco; periódico mensual anarquista. Año 3 • Nº 32 • Santiago, región chilena - Enero-Febrero 2012. Pp 6.

LOS SOLIDARIOS, famoso grupo de afinidad conformado por Buenaventura Durruti, Joan García Oliver, Francisco Ascaso, entre otros; eran militantes anarcosindicalistas españoles que previo a la guerra civil realizaron acciones directa de expropiación de bancos, atentados a políticos.