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martes, 2 de abril de 2024

Triste Río -CESAR SOTO (Canario)

Triste Río

 

Rocha

Triste rio de mis recuerdos

Turbión a veces

Con la llegada del estío

Sacudes los frondos cabellos de los sauces

 

Sereno luego

Solo acaricias su piel y sus contornos

En secreto diálogo

Con las piedras en susurros entrañables

Dulce Rocha no dejes que acabe tu canto!

 

Extrañas el jolgorio de niños jóvenes y  viejos

Que antaño poblaron tus aguas

En familiar regocijo pueblerino

 

Ya no escuchas las cuitas

De las  lavanderas mientras golpean con  piedras

Las sábanas de sus amores crucificados

 

Sufres ahora el detritus y el abandono

Del paso de los años y de la desmemoria

Ruidos canallescos han tomado el sitio

De la antigua algazara

 

La memoria es un puente

Desde donde ahora yo te miro

Yo no sé ya quién soy

Y de repente tú compartes conmigo

Mirarnos como dos extraños

 

La desmemoria y el paso del tiempo

se han orillado en mis palabras

Dulce y triste Rocha no dejes que acabe mi canto!

 

Canario marzo 2024

 VIDEO: Realizado por ROBERTO PRADA.


sábado, 6 de enero de 2024

LA POLÍTICA DE LA TELEVISIÓN Jorge Zabala (con prólogo del editor)

 

LA POLÍTICA DE LA TELEVISIÓN

Jorge Zabala

Prólogo del editor

 A pesar de la brevedad del artículo “La política de la televisión”, escrito por Jorge Zabala en 1989, encuentro más de una problemática, e ilustra la originalidad de su pensamiento. El presente ensayo, es parte del esfuerzo por comprender e interpretar el pensamiento zabaliano. Y disfrutar de su lectura.


 Como Jorge Zabala, Umberto Eco fue muy crítico de la televisión y la cultura de masas. Ya en 1983 había afirmado, “(r)omántica o científica, la T.V. está con nosotros, nos influye y roba nuestro pensamiento” (Zabala/Agrícola, 1983). Y es el tono del comentario que el escritor cochabambino realiza del libro de Eco, en 1989, al inicio de su columna. Se trata de “Estrategia de la ilusión”[1], originalmente publicado en 1983.


 
Eco analiza lo que denomina “industria de lo falso”, particularmente en EEUU; Disney World podría ser un ejemplo donde, según Jorge, “la risa y el llanto se confunden”. La hiperrealidad norteamericana es la expresión mayor de lo falso absoluto, la mentira total. Al mismo tiempo, esta ilusión o irrealidad, produce realidad, y la televisión es uno de sus paradigmas. Para Eco, la televisión, no describe hechos, sino que los produce, diluyendo la información y la ficción, en una puesta en escena; la TV habla menos de los hechos y más de sí misma.

 

Parte de la “industria de lo falso”, sería su consideración de los telediarios, donde, el o la lectora de las noticias, debe mantener una sonrisa a medias; Zabala denomina “efecto Gioconda”, un verdadero dispositivo “para ahogar las noticias”.

 Y una clásica frase Zabaliana: Para los futuristas la guerra era la única higiene del mundo” para calmar los horrores corrientes, de una información embrujada.

 La televisión, al ser el medio de comunicación más importante en los 80’s, un dispositivo lingüístico de flujo de información, tendría una fuerte influencia en las prácticas y comportamientos culturales, tomando en cuenta la “situación social del destinatario y las disposiciones psicológicas del momento”. Destaca como la TV diseña sus programas en función a nichos o franjas de mercado, según situación social, educación, disposiciones psicológicas; en la era digital, esta tendencia se ha profundizado como criterio de funcionamiento del mercado. El tipo de información que difunde, apunta el librepensador cochabambino, es “política” y de “crónica” (deportiva o cultural), resúmenes y entrevistas.

 

La ficción generada por la TV, tiende a ““suspender la incredulidad”, su importancia es cultural y su técnica parabólica”, afirma en una típica frase zabaliana. A través del presentador, sostiene, se “asegura un sentido de realidad”. Para ello, la TV incorpora al televidente, lo convierte en sujeto de comunicación; la presencia del teléfono en el set, nos dice Jorge, es el medio. En ese periodo, era el dispositivo por el cual la gente común se involucraba en el proceso comunicacional, de tal manera que, “televisión y el público sean uno, solo, el nosotros y el vosotros un todo”.

 

Para Marshall McLuhan, “posiblemente, uno de los efectos de la tecnología de Gutenberg haya sido la separación de los sentidos y la consiguiente interrupción de su interacción en sinestesia táctil” (McLuhan, 1961:34). En el arte, y citando a Hildebrand, argumenta que ...la tactilidad es una especie de sinestesia o interacción de los sentidos y, como tal, la esencia de los más ricos efectos en arte. Porque las imágenes escultóricas de contornos poco definidos obligan al espectador a desempeñar un papel de participación activa” (Ídem, 1962:74).

 

Sinestesia hace referencia a la interacción de los sentidos. Efectivamente, la sinestesia es una noción importante en el argumento de McLuhan en La Galaxia Gutenberg. Habla de “nuestra tendencia actual hacia la sinestesia y la riqueza audio táctil de la experiencia…” (Ídem, 1962:81-82). Recuerda que el lenguaje de Joyce, en Finnegans Wake “sólo se hace vivo cuando se lee en voz alta, creando una sinestesia o interacción de los sentidos” (Ídem, 1962:143). Las emociones en interacción, están relacionadas “a la sinestesia, o interacción de los sentidos. Por eso, le parece correcta la definición de Huizinga, de la última parte de la Edad Media “como la de un período de violencia emocional y decadencia, así como de intensa tendencia visual” (Ídem 1962:231). La imaginación es aquella proporción entre las percepciones y las facultades que se da cuando no están encamadas o exteriorizadas en tecnologías materiales. Cuando así se exteriorizan, cada sentido o facultad se convierte en un sistema cerrado. Antes de darse tal exteriorización, hay una completa interacción de experiencias. Esta interacción o sinestesia es una especie de tactilidad, tal como Blake la buscó en la línea de contorno de la forma escultórica y del grabado” (Ídem, 1962:422).

 

McLuhan era optimista de las posibilidades comunicativas de la TV. Para McLuhan, la tactilidad del nuevo ambiente eléctrico es reactivada por el entonces nuevo medio, particularmente por la TV, agente táctil que transforma la conciencia de la gente. Al implicar a todos los sentidos simultáneamente, la TV exige “participación, implicación y compromiso, puede envolver a toda una población en un proceso ritual, siendo capaz de lograr una amplia participación colectiva en un acontecimiento determinado...” (Colina, s/f). Como afirmaba McLuhan: "La TV proyecta las imágenes sobre usted. Usted es la pantalla. Las imágenes lo envuelven. Usted es el punto de visión. Esto crea una especie de interioridad, algo así como una perspectiva invertida, que tiene mucho en común con el arte oriental".

 

En la Edad Media, la Iglesia era la dueña del conocimiento y la información, sintetizada, retratada en las catedrales, por tanto, convertida en “el gran libro de piedra, la televisión de la Edad Media”. Zabala ironiza con la sinestesia del sistema nervioso y su relación con fenómenos como la TV, la “audición coloreada”, formando una imagen de mosaico que corresponde a una Edad Bizantina y equívoca. Es la TV convertida en “el gran libro de piedra”, como las catedrales medievales.

 Retornando a Umberto Eco, Zabala señala que el semiólogo italiano no llega al pesimismo de Giambattista Vico; por el contrario, “intenta exorcizar el mal gusto” de estos medios, “con sentido del humor italiano”.

 

¿Y de qué trata el pesimismo de Vico? Influido por la mitología griega, pensaba que, en la historia operan ciclos o eras “de refinamiento y logros civilizados dentro eras de nueva barbarie”. Un ejemplo, nos dice Jorge, es que, a la caída de Roma, siguió “la Edad Oscura” medieval.

 Efectivamente, al inicio, afirma Vico, “los hombres, movidos por el miedo, crearon los dioses, naciendo así el primer estadio de la civilización, la «edad de los dioses»”. Cuando los padres de familia debieron concertar “para dominar a los siervos, dio origen a los órdenes patricio y plebeyo. Así nació el

“segundo estadio de civilización o «edad de los héroes». Los plebeyos fueron conquistando privilegios a los héroes, dando paso al último de los ciclos, la «edad de los hombres», caracterizada por las repúblicas democráticas. Pero, la igualdad acarreó el declinar del espíritu público y la decadencia acompañó a este proceso de humanización. Así se regresa a la barbarie, como ocurrió al final del imperio romano” (Josep Carner, 1941:2).

 Para Zabala, estamos viviendo una época de caída, de “nueva barbarie”. Lo expresa la “época industrial y la televisión que va con ella”. Siguiendo a Eco, afirma que estamos viviendo una Nueva Edad Media.

 

El escritor cochabambino hace referencia a un ensayo de 1973, escrito por Umberto Eco, La Edad Media ha comenzado ya[2]. Entre los rasgos que señala, se halla el derrumbe de una gran Paz a nivel internacional: “(U)n gran poder estatal internacional que había unificado el mundo en cuanto a lengua, costumbres, ideologías, religiones, arte y tecnología y que, en determinado momento, por su propia complejidad ingobernable, se derrumba (Eco, 1974: 15), generando una sensación general de inseguridad. La «Inseguridad» es una palabra clave” para Eco, y la ubica dentro del cuadro de las angustias milenaristas: el mundo está a punto de acabarse, una catástrofe final pondrá fin al milenio… el miedo al fin… Por lo que se refiere a nuestros días, los temas, que se repiten una y otra vez, de la catástrofe atómica y de la catástrofe ecológica (además de la presente) bastan para indicar vigorosas corrientes apocalípticas” (Eco, 1974:23).

 Asimismo, las ciudades no son devastadas por “bárbaros beligerantes ni resulta devasta­da por incendios”, (pero), sufre de escasez de agua, de crisis de energía eléctrica disponible, de parálisis…” (Ídem, 1974:21). Por otro lado, la Europa medieval estaba surcada por caminos de pere­grinaje…, de igual forma que nuestros cielos están surcados por líneas aéreas que hacen que sea más fácil ir de Roma a Nueva York que de Spoleto a Roma” (Ídem, 1974:22-23). Complementariamente, en “esos territorios dominados por la insecurttas, vagan bandas de marginales, místicos o aventureros” (Ídem, 1974:24).

 

A los temas señalados con la “medievalización del territorio”, “síntomas del desorden y la disipación latina”, Zabala añade la “búsqueda de la felicidad química”, las drogas y las diversas formas de alterar los sentidos. En el medioevo, los alquimistas encuentran el alcohol (Escohotado, 1989:61). Asimismo, aparece la bruja, vinculada a “fármacos, pero además de confeccionar cosméticos, filtros y remedios, usa ungüentos para inducir vuelos mágicos y otras operaciones típicas del chamanismo y la hechicería de posesión” (Escohotado, 1989:123).

 En una época industrial desacralizada, y bajo “la sombra de satélites futuristas”, los medios de comunicación constituyen un nuevo discurso religioso, un “retorno de los dioses”. Pero también lo es, afirma Zabala, la síntesis cultural brasilera, entre el “carnaval y el fútbol”.

 

Ahora bien, ¿a qué se refiere Jorge, cuando habla del “Giambattista Vico”? También llamada “hipótesis de Sapir-Whorf”, proviene del campo de la lingüística, y está relacionada con la influencia de un determinado idioma, con sus estructuras gramaticales y su léxico, sobre la visión del mundo de una comunidad lingüística: “la lengua da forma al pensamiento”, nos dicen. La estructura del lenguaje que habla una persona condiciona su forma de pensar[3]. En suma, Whorf asigna una primacía a la lengua, dentro de los demás elementos que constituyen la cultura (Carr, 2007:15).

 


En este artículo, Zabala realiza originales consideraciones sobre el fútbol. Combinado con el carnaval, es parte del “sincretismo brasileño”, de su mestizaje. Más aún, el balompié es una afición “agonística”[4]. Esto es, una relación antagónica entre dos equipos, donde opera la recíproca incitación y lucha, una permanente provocación (Foucault, 2001/1982:254). Zabala compara la disputa futbolística con el doble rostro de Jano, dios protector de la ciudad de Roma[5];  que evidencia la doble naturaleza de cada uno” (Chinchilla, 2015). Es el yin y el yang que se encuentran. Dicen que “Jano podía ver el futuro y el pasado. La guerra y la paz” (Chinchilla, 2015). En este caso, como finaliza el partido. Es el sentido de su afirmación de que el discurso deportivo es el sucedáneo más fácil del discurso político sobre la Ciudad y sus fines. Un espacio de disputa y encuentro a la vez.

 Pero, la imaginación de Zabala desborda. Como buen hombre de teatro, compara la transmisión de un partido, con una “puesta en escena intencional”. Zabala venía de la cultura de la radio, desde los 60’s, donde los relatores, con su actuación oral, hacían soñar el partido. Carlos Dalence, Toto Arévalo, Oscar Galdo, para mencionar algunos.

 Y luego, destaca el lado oscuro del deporte, como engrandecedor, exaltador de la “agresividad”, donde se eleva a un grado superior a la “fuerza” sobre la “inteligencia”. Más aun, “el deporte mejora la raza”. Y el jugador, nos dice el visionario escritor, seguramente viendo la creciente homogeneidad de tácticas, culto al físico frente a la inteligencia, desincentivo al jugador técnico, en favor del equipo, le lleva a decir que este se halla en “un proceso en serie, con la homogeneidad y continuidad”.

 Finalmente, una apostilla sobre lo que denomino frase zabaliana. De acuerdo a la Enciclopedia Británica, uno de los sentidos de la palabra nonsense es aquel lenguaje que no tiene sentido, o tiene resistencia a cualquier interpretación racional o alegórica (https://www.britannica.com/art/nonsense-verse). Implica que el escritor vea la realidad desde el otro lado, con humor, con una alta capacidad de preguntar ¿y si? ¿Y si todo fuera al revés, o incluso si se cambiara sólo este pequeño detalle? En un texto del nonsense, el lector exclama: "¡Pero no es posible que sea así!" (Jennings, 1979:16-19).

 


En la literatura anglosajona, existe una larga tradición del nonsense, poemas o prosa que no tienen sentido, significado o ideas inteligibles. Una expresión es Lewis Carroll. En A través del Espejo, luego de leer el poema del Galimatazo (Jabberwocky), Alicia dice “—Me parece muy bonito —… sólo que es algo difícil de comprender… Es como si me llenara la cabeza de ideas, ¡sólo que no sabría decir cuáles son! (Carroll, 2004/1871:20). Lo que denomino frase zabaliana es muy próxima al nonsense carroliano: aquel texto rizomático, con agudo sentido del humor, donde cabe más de un tema o idea, no necesariamente conectada una con otra Es similar la sensación que el lector tiene, luego de leer una frase de Jorge Zabala; nos está diciendo muchas cosas, nos conmueve, solo que no llegamos a descifrarlas.

 


 Carlos Crespo Flores (INCISO-FACSO)

2023

 

Bibliografía

Carr, David Charles (2007) “La hipótesis Sapir-Whorf: una evaluación crítica”. Caleidoscopio. No 22, pp. 7-26.

Carroll, Lewis (2004) A través del espejo. Y lo que Alicia encontró allí. Buenos Aires: Ediciones del Sur. 155 pp.

Chinchilla Sánchez, K. (2015). Jano: El dios de los inicios y el dios de las puertas. Revista De Filología Y Lingüística De La Universidad De Costa Rica26(1), 227–241. https://doi.org/10.15517/rfl.v26i1.21013

Colina, Carlos Eduardo (s/f) McLuhan y las tecnologías de la comunicación. HUMÁNITAS.Portal temático en Humanidades. http://www.uco.es/ciencias-juridicas/filosofia-derecho/diego/nuevode/doctorado/comunicacion/McLuhan.pdf

Eco, Umberto (1974) “La Edad Media ha comenzado ya”. En U. Eco et. al, La nueva Edad Media. Madrid: Alianza. Pp. 9-34.

Escohotado, Antonio (1989) Historia general de las Drogas. Madrid: Alianza Editorial.

Foucault, Michel (2001/1982) “El sujeto y el poder”. En Hubert L. Dreyfus & Paul Rabinow, Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermenéutica. Posfacio de Michel Foucault Con una entrevista a Michel Foucault. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión. Pp. 241-259

Jennings, Paul (1979) “Introduction”. En Paul Jennings (editor) The Book of Nonsense. London: William Collins. Pp. 15-22.

Mautner, Thomas (2000) The Penguin Dictionary of Philosophy. London: Penguin Books.

MacLuhan, Marshall (1962) La Galaxia Gutenberg. 1998.

Zabala/Agrícola, Jorge (1983) La TV tiene alma?. Los Tiempos, 18/VI/83’.

 

yyyyyyyyy

 Umberto Eco explora lo falso absoluto, donde la risa y el llanto se confunden. Es la industria de la televisión y la cultura de masas que investiga en su libro "Estrategia de la Hiperrealidad" (1986) donde intenta exorcizar el mal gusto con sentido del humor italiano; sin caer en el pesimismo de Vico, que privilegiaba la historia y sus diversas fases derivadas de la mitología griega, reconociendo que la sociedad recae de eras de refinamiento y logros civilizados dentro eras de nueva barbarie. La Edad Oscura que siguió la caída de Roma son un ejemplo.

 Así tal vez sea nuestra propia época industrial y la televisión que va con ella. En esta Nueva Edad Media asistimos a la medievalización del territorio, no otra cosa son los castillos y las guerrillas, la erosión, la angustia del milenio, que va en pos de la felicidad química, esos eran los síntomas del desorden y la disipación latina. La catedral era el gran libro de piedra, la televisión de la Edad Media, el archivo de lo fantástico. Los medios de masas marcan el retorno de los dioses, ante la soledad y la mecanización americanas o el sincretismo brasileño, mezcla del carnaval y el futbol, bajo la sombra de satélites futuristas.

 La información es aún una industria pesada En el código de Whorf nuestras categorías conceptuales están en parte determinadas por la estructura de nuestra lengua nativa. O dicho de otro modo, la televisión es la ideología industrial avanzada. El código es la situación social del destinatario una educación recibida y las disposiciones psicológicas del momento. La información tiende a ser política, de crónica de sucesos deportivos, culturales o resumen y entrevista. La ficción tiende a "suspender la incredulidad", su importancia es cultural y su técnica parabólica. El presentador asegura un sentido de realidad a un programa difuso. El teléfono hace que la televisión y el público sean uno, solo, el nosotros y el vosotros un todo.

 La manía del fútbol es un acontecimiento que sucede por razones agonísticas. Se lo identifica con Jano, el dios de las dos caras. La transmisión interpreta el partido, a través de una puesta en escena intencional. El deporte mejora la raza, sublima la agresividad en un sistema y la fuerza en inteligencia. El discurso deportivo es el sucedáneo más fácil del discurso político sobre la Ciudad y sus fines. El jugador está en un proceso en serie, con la homogeneidad y continuidad. En los telediarios el efecto Gioconda es una sonrisa en medio de grandes risas, para ahogar las noticias. Para los futuristas la guerra era la "única higiene del mundo” para calmar los horrores corrientes, de una información embrujada.

 El hallazgo de McLuhan es que una sinestesia permea todo el sistema nervioso y nos da fenómenos como la "audición coloreada", formando una imagen de mosaico que corresponde a una Edad Bizantina y equivoca.

 Los Tiempos, 11 I 89’

 

 



[1] Zabala pone como título “Estrategia de la Hiperrealidad”, y data 1986 como fecha de edición, en español.

[2] El texto aparece también en la versión española de “Estrategia de la ilusión”, versión que seguramente Zabala leyó. 

[3] Por ejemplo, la percepción que uno tenga del tiempo y la puntualidad depende de cuántos tiempos verbales distinga su lengua materna. En casos extremos como la lengua hopi, hablada por algunos indios de Arizona, no hay tiempos verbales y, por tanto, pensaba el lingüista, esos indios carecen de concepto de tiempo. Es lo que se conoce como hipótesis de Whorf: las ideas humanas están moldeadas por la gramática.

https://elpais.com/diario/2004/08/24/revistaverano/1093298417_850215.html

[4] En filosofía política, el agonismo (del griego ἀγών, agón, "conflicto, disputa"). Es una teoría política que enfatiza los aspectos potencialmente positivos de ciertas (pero no todas) formas de conflicto político, difiriendo de la descripción de la democracia como la búsqueda de consensos. Acepta la existencia de un espacio permanente para tal conflicto, pero busca mostrar cómo se puede aceptar y canalizarlo positivamente. 

[5] Controlaba, protegía, los ingresos y salidas de la ciudad.

jueves, 15 de junio de 2023

LUIS SALAZAR. In memoriam Carlos Crespo Flores[1]

 Luis Salazar se ha convertido en estrella. Debe estar dialogando con el agua, pues para Luis la naturaleza tiene vida. Conversar con el agua, seguir sus flujos, es un principio para la vida. Sus amigos continuaremos este legado.

 El aporte de Lucho promoviendo el sector agua y riego en el departamento es inmenso. Junto con su colega y amigo, Humberto Gandarillas, desde el Programa de Riego Intervalles (PRIV) impulsaron en el valle cochabambino proyectos de riego diversos, desde presas hasta sistema de microriego. Más aun, formaron profesionales en el sector y crearon una verdadera escuela de "riegueros" y "preseros". Ese periodo conoció a Pierre De Zutter, importante en la incorporación de la cosmovisión andina en sus ideas y proyectos, en particular relacionados con el agua[2]. 

 De esta manera, conectar la ciencia agronómica rieguera con el saber campesino, su "racionalidad", fue parte de su quehacer cotidiano y profesional; por lo demás, expresión de su profundo amor por la sociedad campesina andina. Este diálogo es, sin duda, otro legado que Luchito nos deja.

 Lo conocí personalmente (pues ya sabía de su prestigio como "rieguero") durante la Guerra del Agua, del 2000. Yo asistía a las negociaciones respecto a la cuestionada ley de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario (2029), como parte (más bien tesista) del equipo técnico de la Coordinadora del Agua. Luis, entonces funcionario de la GTZ, participaba como experto, para orientar la discusión con el gobierno.

 A pesar de su espíritu abierto y negociador, ser conocido de los regantes, para el equipo técnico de la Coordinadora, Luis era considerado afín a los "adversarios", principalmente porque ese momento la GTZ estaba impulsando, con la bendición del gobierno, las asociaciones público privadas en las empresas de agua y sus servicios. Una forma travestida de privatización, decíamos. Pero, el 2005, con la victoria del MAS, la Coordinadora, convertida en movimiento nacional del agua, logra que el futuro gobierno implemente la llamada "agenda social del agua", incluyendo la creación de un ministerio del sector. El primer viceministro de riego, con apoyo de los regantes (entonces un sector respetado y autónomo), fue Luis Salazar.

 Desde el inicio fue uno de los pocos críticos del discurso de los derechos de agua, convertidos en política de Estado, como criterio organizador del sector. Esta propuesta, defendida por los regantes, ha sido nefasta para la gestión del agua y sus servicios en el país. Luis lo sabía. Obviamente perdió el apoyo del sector y tuvo que salir del viceministerio.

 Posteriormente, estuvo en la gobernación de Cochabamba, dentro el sector riego y cuencas. Lo más importante de su gestión, fue la implementación de la Agenda Departamental del Agua, un esfuerzo innovador de planificación participativa, orientada a construir acuerdos para resolver problemas del agua de manera integral y solidaria. Todo ello, desde el enfoque de "conversar con el agua". Posteriores autoridades no continuaron la experiencia. Quienes participamos del proceso, continuaremos la huella de Luis, como otro legado.

 Diría que su paso por la administración pública dentro el Estado Plurinacional, fue frustrante, para decirlo menos. Las miserias de la política partidaria y el caudillismo clientelista, impidieron operacionalizar las ideas y propuestas de Luis. Más aún, su figura y prestigio fue utilizado, para dar una imagen de profesionalismo dentro las instituciones creadas por el “gobierno de los movimientos sociales”. Cuando ya no les fue útil, lo excluyeron.

 Mejor Lucho, el Estado Plurinacional nunca te entendió, pues tu apertura y pluralismo podía ser peligroso. Son los campesinos regantes, los productores que utilizan y dialogan con el agua, quienes continuaran fluyendo, contigo. En fin, como Maurizio Bagatin, creo que “el Tata Luis… nos enseñó la alegría en el trabajo, el placer de la convivialidad, la sonrisa siempre disponible”.  

Cochabamba, 14 de junio 2023



[1] Agradezco a Fernando Antezana y Maurizio Bagatin por las sugerencias y comentarios.

[2] Reforzado luego con su relación con gente del PRATEC (Perú), como Eduardo Grillo y Julio Valladolid.


miércoles, 29 de diciembre de 2021

Los universitarios en la novela MUERTA CIUDAD VIVA: Revolución, alcohol y eros[1] Carlos Crespo Flores (INCISO UMSS)

 El año 1982 la dictadura militar había caído y se habían recuperado las libertades democráticas, traducido en la asunción de la UDP al gobierno, una amplia coalición de comunistas, nacionalistas revolucionarios, guevaristas. La universidad era una ebullición de ideas, grupos políticos…y mucha “chupa” donde se hablaba de la lucha de clases y la revolución. Es en ese ambiente donde se mueve el protagonista de la novela Muerta ciudad viva, el alter ego del escritor Claudio Ferrufino, ese momento estudiante de la carrera de Sociología.

 En otro artículo señalé que la novela es una etnografía cruda y apasionada de la ciudad y valle de Cochabamba, de su ecología y cultura. Un aspecto que el presente texto busca mostrar, es el hábitat universitario de San Simón en el periodo retratado por la novela, pues hay aspectos de la cultura política universitaria que continúan hoy. Por otro lado, la conexión política, alcohol, mujeres en la vida universitaria, se despliega a lo largo de la trama. Al mismo tiempo, se evidencian aspectos del pensamiento libertario de Claudio, tema que espero tocar en otro escrito.

 En Bolivia el autoritarismo, la corrupción y el racismo, son rasgos que atraviesan las relaciones sociales, el Estado se ha estructurado desde este horizonte, y sus crisis políticas han tenido este sello. La madre de nuestro protagonista lo sabía. De origen argentino, había llegado “muy poco tiempo después de la revolución” (de 1952), bajo égida del MNR. Y su diagnóstico es pesimista, que sin duda influyó en la formación del hijo:

“(la revolución)… no fue tal, sino un replanteo de las jerarquías. No estaba la libertad en juego; era el cambio de amo. Lo sentí de esa manera. Los mestizos letrados, igual que antes los otros, con un discurso semi-progresista se encaramaron y construyeron una dinastía de cimiento endeble. Si en el pasado era el miedo del hacendado y del cacique, ahora era al Partido y sus burócratas. Y una sarta de cipayos convertidos en dirigentes que acumularon mando y supieron hacer sentir su poder. (pp. 37-38)”

 Ella venía de la Argentina peronista, otro experimento populista dictatorial. Las afirmaciones que realiza son fundamentales para entender la actitud anti política de nuestro protagonista: la revolución del 52’ solo fue un cambio de amo, esta vez hegemonizado por el “mestizo letrado”, pero sin lograr estructurar un país, y, por otro lado, las autoritarias burocracias partidarias como los nuevos caciques. Esta visión pesimista del 52’ es disidente de la mayoría de las lecturas académicas y políticas, principalmente desde la izquierda.

 El día que la UDP llega al palacio de gobierno, nuestro testigo recuerda que en los kioscos de la Cancha y avenida Aroma (esa época considerados locales “de remate”, “cuando no queda otro lugar para continuar bebiendo”) (126), celebraban con una “cantinela de borrachos festejando el advenimiento de la controversial democracia” (126): “Viva el Movimiento, viva Villarroel[2], Hernán Siles Zuazo ya está en el poder…Con antifaz, sin antifaz, muera el Mono Paz”, vociferaban los borrachos.

 El escritor reconstruye una imagen de ese momento, de auge izquierdista, y que visualiza también el estilo de socialización de los borrachos en Cochabamba:

Vivas y mueras se sucedían. Borrachos que lloraban, borrachos que meaban. Los había que daban discursos y catedráticos con aires de perdonavidas. Para esto hemos luchado ¿no, joven? Seguro, seguro, les respondía, ch’allando con unos y con otros. La derecha había escondido el hocico en agujeros. No paseaba por allí” (126)[3].

 Bolivia, a principios de los 80’s, era una sociedad altamente politizada, y la universidad el espacio por excelencia del debate ideológico izquierdista. El hábito principal de los estudiantes universitarios era la “chupa”, momento de plática, debate y hasta pelea por estos temas. El protagonista recuerda que en las chicherías alrededor de la UMSS “se hablaba de revolución. Cómo no; en esos lupanares del trago se discutía el fin del mundo. Se vivaba al tío Ho y al Che, cuchillo, cuchara, que viva Che Guevara.” (97)

 El gobierno de la UDP, junto con la recuperación de las libertades democráticas trajo esperanza de la posibilidad de una transformación social, en el país y en la universidad, para buena parte de la población, incluyendo la clase media “progre”. Nuestro héroe y sus amigos wajtakus[4], conviviendo con los pobres y marginales de la ciudad, no lo creían así:

“No cambia. Y hablando del futuro, entre nosotros somos pesimistas de que algo vaya a cambiar. En la universidad por el entorno febril de los estudiantes a ratos creo que sí. Pero andando por el barro y oyendo a borrachos o moribundos farfullar en los callejones estoy seguro de lo contrario. (107).

 La efervescencia política de entonces en la UMSS, conviviendo con el fracaso académico, podemos imaginarla en esta descripción de las paredes en el ingreso por la calle Jordán, junto al comedor universitario:

“Cartelones de toda índole presentan candidatos para mil y una elecciones. Marx, Lenin, Trotski, rostro pegado a rostro, dan prueba de la vitalidad de la Cuarta Internacional. Un Che eternamente joven (jamás nadie podrá hablar de un Che viejo) va quedando cubierto por propaganda de diverso tipo. Mayormente política, pero también de cursillos de computación, kermesses de beneficio, y anuncios de clases de recuperación de matemáticas y física para los que se aplazaron en el examen de ingreso” (82).

 A pesar de ello, por los amigos, solía involucrarse en la movida política universitaria, “de preparación de charlas y manifiestos, cosas que me cansaban sobremanera pero que a veces no lograba eludir” (181). Pero, desconfía de los liderazgos políticos universitarios, que buscaban articularse al Estado, se distancia de ellos, pues lo de él es vivir poéticamente:

“Hombres ilustres, según decían, poblaban nuestro entorno universitario. Cada quien aspiraba no menos que a la presidencia, o a un martirologio del cual se hablaría por generaciones en los libros. Yo seguía siendo un poeta despistado, que escogió una carrera de análisis para ver si domeñaba el martirio de sus fantasmas” (15).

 O cuando está en un banco frente a las oficinas de la FUL (ingreso por la calle Sucre). “Miríadas de estudiantes pasaban delante de las oficinas” (92), pero él “estaba allí no porque participara del embuste que siempre han sido izquierdas y derechas, sino porque quería leer a Joyce en paz” (92).

 Ironiza con humor la pulsión revolucionaria universitaria. Durante un matrimonio en Cliza, homenajea las virtudes musicales del director de la banda que amenizaba la fiesta: “Notable, carajo; notable maestro!, le increpé casi a gritos. Nos abrazamos… beso ¡en la boca, carajo!, culminando el precioso encuentro de los jóvenes universitarios con su pueblo” (16).

“Encontrarse con el pueblo”[5]. Ferrufino pone en evidencia cierta p’ajpakería discursiva revolucionaria, de la izquierda partidaria de la época (otro aspecto que no ha cambiado), así como la rara disciplina partidaria de los militantes de izquierda universitaria, con quienes el escritor compartió copas y excesos, con su doble moral de comportamiento:

“Si la revolución dependiese de las reuniones de charla política, de formación de cuadros, ya nos habríamos distribuido la herencia de Lenin. Se comienza, compañeros, con la necesidad de la lucha. Los troskistas del POR se irritan pero levantan la copa y brindan. El remanente de los “elenos”, el fatídico Ejército de Liberación Nacional, repite la cantinela de volver a las montañas donde murieron de hambre. Que es interesante no hay duda, y parte de la tragedia del país. A poco del alcohol ya hacer efecto, los cuadros revolucionarios buscan escenas más mundanas: una hembra, un macho, revolcarse y teorizar acerca de un polvo como si de la Internacional se tratara” (158).

 En otro matrimonio al cual asiste con su enamorada y amigos, observa que a la fiesta “asistió la crema de la revolución social. Se reunieron los inteligentes e inteligentemente conversaron en altas esferas de pensamiento” (181).

 El ambiente de los locales a los que acudían los amigos, normalmente cerca de la universidad hacia la Cancha, retrataban la pobreza, machismo, así como la estética “trucha” de la ciudad entonces (hoy con matices se reproduce):

“Mesas de fórmica imitación de mármol. Sillas cubiertas igual, endebles. Mujeres en bolas o con bikini ofreciendo cerveza en los carteles. Bebidas “de lujo” detrás del mostrador, un polvoso whisky, singani San Pedro. Vino dulce porque los bolivianos ni idea de vino tenían. Cerveza que beben los oficinistas, tragándose la comida de sus hijos. Y los jóvenes como nosotros con chicha. Tan cerca de la revolución…” (40).

 En las borracheras estudiantiles suele haber un “padrino” amigo, que financia la sesión de alcoholismo. Son códigos de solidaridad básicos en un grupo de afinidad. En la novela, uno de ellos es Raúl, docente universitario, con quien se reunían “en el Anexo América”,… cuando… cobraba en la universidad” (122).

Como hoy, la universidad de ese periodo era una salida al desempleo juvenil y a una sociedad no future, además de medio para conocer el alcohol y otros excesos:

“Ninguno trabaja. Si quisiéramos, tampoco. Matamos las horas con picadas de fulbito. Estudiamos en la universidad ¿qué joven boliviano no lo hace? La universidad como colchón de aire que amaina el golpe de encontrarse con un país sin opciones. Venga, a por alcohol, que otra cosa no hay que hacer.” (55).

 En los 80’s Cochabamba era una sociedad donde la precariedad de la educación tornaba que los titulados de la universidad tengan un status especial, principalmente para los sectores sociales populares. En los abogados es muy evidente esta búsqueda de poder y status. En una chichería, cerca de los juzgados, “a cuadra y media de la plaza principal”, observa clientes diversos, “el cargador del mercado con una jarra pequeña de chicha y los ojos vidriados”, pero también

“el licenciado entre licenciados, con cerveza y botellas de San Pedro, caído por el alcohol en el segmento de clase que quiere olvidar y de donde proviene la mayoría. Yo no soy chusma, repite, soy doctor universitario, pero se le vidria la mirada igual a la del paisano en ojotas y pantalones cortos, con lazo en bandolera para que lo cargue la muerte esta noche de helada como un bulto cualquiera” (64).

   Señala que “los aprendices de doctores, o ya en posición de poder, dirimían el futuro en torno a vasos de cerveza yculitos’” (168). En otra escena, están con un amigo abogado, funcionario de DIRME, quien les ofrece chupa y chicas, gratis. Los lleva a un local que opera como putero. La dueña, que lo conoce, “se mueve de un lado a otro, cuchichea a sus muchachas y algunas con disimulo se marchan. Chiquillas de quince o dieciséis, huidas o robadas de sus familias en el Beni, con rasgos nativos, yuracarés, mojeñas” (103).

 Y el diálogo entre el abogado y la dueña es sabroso, ilustra la corrupción estatal, la importancia del status de abogado, los discursos con los que se legitima la prostitución. El abogado “abarca de reojo el panorama y luego de la comilona le detalla a la dueña el número de menores de edad que allí trabajan de putas. Emite un discurso de moral y la necesidad de cambiar las estructuras del país, afianzar la educación, permitir el libre acceso a las universidades y proveer de trabajos que permitan la subsistencia” (103). La señora responde

“pero estas chicas vienen a rogarme que las acoja. Si como madre para ellas soy. Les doy cama y comida. La mayoría tiene niños de pecho que no pueden alimentar. Sus novios las abandonaron luego de embarazarlas, los padres las expulsan, los padrastros las abusan. Qué quiere que haga yo, doctor, también tengo un corazón. 

Claro, claro, hija (le dice hija aunque es treinta años menor que ella), comprendo, pero yo estoy obligado a presentar un informe, que de resultado tendrá la clausura de tu local, multas y en algunos casos la cárcel. 

Doctor, doctorcito, no me haga eso. Y él replica, no estoy solo, acá los señores son agentes de investigación de la oficina y no puedo obligarlos a ceder como presumiblemente lo haré yo que la entiendo. 

Ese no es problema. Han llegado muchachas profesionales del oriente y a ellas les gustaría entretener a los doctores. Lo único que le pido es que no cerremos el local. Ustedes dispondrán de bebida, comida y muchachas por el tiempo que deseen, mientras nosotras seguimos ganándonos la vida. 

Y así, de pobretones pasamos a leguleyos, investigadores, agentes de la moral. La borrachera rebalsa. Agradable sabor de la cerveza, tan diferente al espanto de la chicha” (104). 

En otra farra, los escandalosos jóvenes recordaran “la incursión de la noche anterior en el lupanar. Irónicos, reímos de nuestros títulos universitarios, como si uno se pasara las horas y devorase los libros para conseguir un culo de alquiler” (169). 

Sin duda, en el imaginario popular inscrita en la memoria larga colonial, el universitario licenciado tiene un status especial, como un medio de ascenso social: “así no se tuviera plata, se caminara mendigando licor o pan, los universitarios se consideraban una casta apreciable. A muchos les gustaría ofrendar a sus hijas a los brazos de profesionales por venir, tal vez el único camino de movilidad social disponible” (171). Como el utilero del Wilsterman, quien, en una hilarante sesión alcohólica, ebrio, “comenzó a llorar y terminó llorando. Destacó que era un buen padre y que la joya de su hijita sería para el doctor, con quien ansiaba emparentarse. Salud, salud. Brindis por el Wilstermann, por la revolución, la belleza de la muchacha y la prestancia del doctor. Viva Bolivia, carajo. Viva la patria” (169). 

Esta servidumbre voluntaria con los abogados, Claudio lo atribuye a “la historia, las taras de la esclavitud, la idolatría venida desde los españoles sobre titulación y doctorado” (169). Para los “despreciados, detestados, pobres estudiantes”, debido a su origen social (siempre) tenían otros debajo suyo, “en su debajo”, anotaría la jerga popular” (168). Esta vida, “en mezcolanza como en un potaje híbrido, a veces incomprensible pero desentrañable” (168), se explican, nos dice el autor, “según las condiciones particulares del país” (168). 

Pero, la movida revolucionaria universitaria facilitaba a nuestro héroe y sus amigos a seducir chicas estudiantes o sus amigas: “Ya nos habíamos echado unos tragos, bien de mañana, y cantábamos revueltos canciones de revolución. Al menos la revolución traía hembras, delicadas, dadivosas, lindas, creativas.” (14). Una de las enamoradas del protagonista era universitaria y casada. Recuerda que el esposo la llevaba a su casa, “confiado en la patraña estudiantil juraba que aportaba su granito de arena a la revolución mundial” (19). Es un raro caso donde es la mujer quien “pone los cuernos”, cuando en la cultura machista de la ciudad generalmente opera al revés, incluyendo los entornos políticos de la izquierda local, donde se mueve la novela. 

Ferrufino, a través del protagonista, es muy crítico de la juventud de clase media de entonces, particularmente mujeres, que jugaban a la revolución mientras eran estudiantes (su “ida al pueblo” llama Claudio), para volver al guion social pre establecido, luego de egresar:

“Yo miro a una muchacha universitaria extasiada del ambiente. Esta mierda significa su ida al pueblo. Dormirá mejor creyendo formar parte de una élite pensante y destinada a mandar. Abrirá las piernas a otro compañero de clase de origen dudoso. Con ello volverá a sentir que sus pasos en la vida tienden a memorables, que habrá conocido el vientre de Leviatán y lo habrá deglutido antes de que el monstruo la devore.” (108) 

A una de sus novias “le gusta la mierda esa de los revolucionarios” (156). Él también se autodefine como “villista y guevarista”, pero está claro que estos rituales son “un mero atajo hacia un arribismo descarado, amén de mujeres y prestigio”. Desconfía de sus capacidades revolucionarias: “dudo que alguno llegue a empuñar otra arma que no sea su miembro para mear; incluyo a las mujeres. Arte del pavoneo. Bebida gratis. Promiscuo equivale a socialista en esta jerga universitaria” (156-159). 

Y, como seguramente buena parte de los jóvenes universitarios, el campus universitario también se torna en el lugar de la separación amorosa: “Me avisa un día que retorno a la universidad luego de haber perdido ya el semestre que hubiera sido hermoso. Y me deja una carta que habla de sueños, de mi pecho joven, de las mujeres del porvenir” (120). O el tormento que sufre cuando la amada, con quien ha roto irremediablemente, no solo ya no le contesta, y se lamenta “pasarás a mi lado en la universidad ignorándome” (120). Ser ignorado, es lo peor que puede haber, y el protagonista de la novela es muy sensible a ello. 

Posdata

A la morgue por borracho

La Facultad de Medicina se ha preciado que sus estudiantes realizan sus prácticas en seres humanos reales, en la morgue del hospital Viedma. En el imaginario de la ciudad no es el lugar más apreciado, por el contrario, es símbolo de tristeza y tragedia. Ello a propósito de una reflexión que hace la madre al protagonista por beber en los extramuros de la ciudad: “sentencia que un día sucederá en serio, que me maten, y no aparecerá nadie a recogerme y enterrarme. Acabarás disperso en las mesas de los estudiantes y alguno usará tu calavera de pisapapeles. ¿Eso esperas para ti?” (27). 

El auto ruso

Cuando la dictadura del Gral. Banzer, en la década del 70’, se realizaron extraños convenios con la entonces URSS, entre ellos de apoyo a la minería. Bajo este paraguas, llegaron cientos de jeeps rusos, como el que describe el autor, mientras una docena de estudiantes “entusiasmados” van a un “matrimonio indígena” en Cliza (más bien campesino, no? Pues Cliza es zona de colonos y piqueros vallunos):

“El jeep UAZ, ruso, traído desde las minas de Potosí, porque los rusos estaban allí en las afueras, en un complejo minero, cargaba con al menos una docena de nosotros, estudiantes, entusiasmados, partiendo de una casona de la calle Antezana, muy cerca de la Universidad, hacia un matrimonio indígena en Cliza” (14).

 


 



[1] El presente texto es parte de un estudio mayor sobre el pensamiento biorregional de Claudio Ferrufino en la novela.

[2] En realidad es “gloria a Villarroel”.

[3] Aprovechando el “tiempo de revolución…, dado el tumulto”, se robó “de las anticucheras, de las pilas de apanados y chorizos que levantan con maestría, perros calientes que devoré fríos para apaciguar el estómago resentido por la mezcla de maíz, cerveza y farmacia” (126).

[4] Quechuañol. Viene del quechua “wajtay”, golpear. Para hacer referencia al hecho que los borrachos, al beber golpean los vasos con la mesa.

[5] El populismo ruso del siglo XIX, llamado narodismo, viene derivado del lema "ir hacia el pueblo", movimiento que Claudio conoce a profundidad, desde la literatura principalmente.