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jueves, 12 de diciembre de 2019

ZAVALETA HA MUERTO -Carlos Crespo Flores



 El pasado año, Juan Perelman, editor del periódico anarquista Combate, en un conversatorio señalaba que la defensa de las libertades democráticas hoy, se convertía en el tema central de las luchas sociales en el país, pues lo que se venía con Evo Morales era una dictadura con sabor venezolano cubano. Buena parte del auditorio, principalmente jóvenes, cuestionaron la postura de Perelman, considerándola conservadora, poco acrata para decirlo menos, pues el anarquismo ha criticado históricamente la democracia. Cabe aclarar que una de las fuentes del anarquismo es el liberalismo, y aunque ha sido crítico de todas las formas de democracia política, considera que es mejor un régimen democrático a una autocracia o dictadura (Marshall, 1992/2008).

Perelman de alguna manera continuaba a Filemón Escobar (habían sido camaradas en algún momento), quien desde fines de los 70's, en su condición de dirigente minero  y miembro de Vanguardia Obrera, defendía la tesis de que en la historia del movimiento obrero boliviano, dada la saga de dictaduras o gobiernos autoritarios, las "coyunturas democráticas" constituían momentos potencialmente emancipatorios. Mientras en las dictaduras solo eran posibles luchas defensivas o de resistencia, en los tiempos democráticos y sus libertades, que en Bolivia son cortos decía el “Flaco”, es donde se obtienen conquistas sociales, se fortalece el campo "popular". De ahí que, mientras toda la izquierda, se hallaba entre "voltear" a la presidenta Lidia Gueiler para instaurar una “dictadura obrera campesina”, o apostaba por el show electoral de entonces, Escobar proclamaba que se debían defender las libertades democráticas, y llamaba a la COB a liderizar este proceso, pues luego de Gueiler, se avecinaban los militares y no la revolución obrera. Lo acusaron de reformista, "vendido a la derecha". Meses después García Meza llevaba al país a la oscuridad del terror.

El golpe de Estado del 20 de Octubre, para encaramar nuevamente a Evo Morales en el gobierno, a través de un monumental fraude, culminó, como se sabe en una revuelta ciudadana y la posterior renuncia de Evo y Álvaro.  Como opositor del gobierno azul, Filemón estaría feliz con la gesta boliviana.

He sido uno más de la marea ciudadana, principalmente juvenil, contra el régimen masista, más grande en escala y magnitud que todas las sublevaciones y revueltas previas. Por su importancia histórica, diría que es aún mayor que la del 52', pues por poco nos hemos librado de seguir los pasos de las dictaduras de Venezuela, Nicaragua o Cuba. La nuestra ha sido una revuelta preventiva.

El tema central de esta movilización era la democracia y sus libertades, su defensa por encima de todo, frente al gobierno autoritario de Evo, en proceso de convertirse en una dictadura, arropado en una ideología izquierdista, y legitimado por una elección fraudulenta. Afirmo autoritario, con dos ejemplos:
-          Durante el periodo neoliberal, los pueblos de tierras bajas conquistaron, con lucha y negociación los más de 30 territorios indígenas hoy existentes (las TCO’s); asimismo, lograron normas ambientales para regular el extractivismo minero, hidrocarburífero y forestal, como reglamentos de evaluación de impacto con participación social o la consulta pública. Con el gobierno de los “movimientos sociales”, los indígenas no consolidaron ninguna TCO nueva, más bien se abrió paso a la explotación extractivista y la colonización en los territorios indígenas existentes y áreas protegidas. Las normas y reglamentos que protegían a estos pueblos indígenas fueron flexibilizados, hasta convertirlos en meros formularios burocráticos.
-          Luego de la Guerra del Agua (2000), se estructuró un sólido movimiento nacional del agua, con alta capacidad no solo de movilización, sino también propositiva. Todo esta oleada fue neutralizada y cooptada por el gobierno de Evo, el tema agua fue subordinado a las políticas coyunturales, comunicacionales y clientelares del presidente (Mi Agua, Mi Riego), con un ministerio del Agua subordinado e incompetente. La autonomía de los sistemas autogestionarios de riego y agua, fue seriamente deteriorada.

En ambos ejemplos, los representantes fueron perseguidos, criminalizados, sus organizaciones divididas, cooptadas, corrompidas. Como en los periodos dictatoriales, con Evo Morales, estos sectores sociales, principalmente se dedicaron a defenderse de la agresión del Estado plurinacional o tratar de reorganizarse. A diferencia del periodo neoliberal, donde las organizaciones sociales, particularmente indígenas podían negociar con los poderes estatales, como parte de estrategias de resistencia, durante el régimen masista ello no era posible, menos construir acuerdos, pues el principio del gobierno era adecuarse y aceptar la hegemonía plurinacional.

La izquierda marxista mundial en sus distintas creencias (lastimosamente incluyendo parte del movimiento anarquista), quienes en estos 14 años vieron en Evo la expresión por excelencia de la reivindicación indígena y la resistencia anticapitalista mundial, viralizaron el discurso de que en Bolivia había un golpe de estado cívico militar, bajo hegemonía de la ultraderecha más racista.

Es la misma izquierda, cohesionada en el “foro de San Paolo”, que hoy defiende las dictaduras  venezolanas, nicaragüenses, o regímenes corruptos como Lula, Correa y los Kichner; que antes mantuvieron silencio frente al castrismo y justificaron los campos de concentración stalinistas y el genocidio maoísta. Son los que mataron a Durruti en la España republicana. En el caso de Bolivia, el MAS contó con el soporte de intelectuales locales (Fernando Mayorga, Pablo Stefanoni), periodistas adheridos al "plurinacionalismo" (Fernando Molina), “think thanks” académicos latinoamericanos (CLACSO), ONGs que habían bebido del gobierno masista (Andean Information  Network). Los llamados "amarrawatos" del saber.

Como Filemón y Juanito, fui destrozado, junto con otros compañeros, por gran cantidad de amigos y colegas, autodefinidos como de izquierda; calificado como “traidor”, “pro golpista”, “defensor de la ultraderecha, racista”. Lo que no se dan cuenta todos ellos, es que Zavaleta ha muerto. Con la caída de Evo Morales, el discurso histórico de la izquierda boliviana, que ha operado en Bolivia desde hace 80 años, en el cual yo mismo he sido entrenado, está difunto, espero por un buen tiempo. Se aferran de un cadáver maléfico. Porque nos hemos librado de una ideología zombi que ha hecho mucho daño al país, que introdujo un discurso cerrado de odio, resentimiento y autoritarismo,  debemos felicitarnos.

Cuáles son estas ideas que la izquierda boliviana las ha pregonado, y el gobierno de Evo Morales las ha operacionalizado, fracasando estruendosamente? Menciono algunas importantes[1].
-          El sueño teleológico del comunismo. Hay un sentido en la historia que nos lleva ineluctablemente a la utopía comunista, que puede tener otras denominaciones, en el Estado plurinacional se llama “buen vivir”. Tal mitología no existe; no hay futuro, el desafío es construir, hoy, otro tipo de relaciones sociales, la sociedad que deseamos, fuera del horizonte estatal. Pero, la izquierda boliviana no lo sabe, el MAS menos. Como dice el palíndromo de Turi Torrico, EVO NO VE 
-          La idea de que la revolución pasa por construir un Estado fuerte, centralista, que planifica de arriba abajo; que controla economía a través de empresas estratégicas. Un estado que subordina a la gente a través del control de la seguridad alimentaria, el empleo, los servicios sociales, los subsidios. En un sistema cerrado y autoritario, no hay autonomía, iniciativa propia. Todo el  territorio, las instituciones, se hallan sometidas al poder estadocéntrico y el partido único. Álvaro García Linera se jactaba que, a diferencia de periodos previos, con el gobierno de Evo por fin el Estado había llegado a todo el territorio nacional y administraba a toda la población. El Estado administra la vida: es la biopolítica del poder en su máxima expresión.
-          Los enfoques industrialistas y extractivistas de la revolución social. "El gran salto industrial" del cual hablaba el Plan Nacional de Desarrollo, es la traducción de la tesis stalinista de que "el comunismo es industrialización a marchas forzadas”. Zavaleta, Quiroga Santa Cruz, Almaraz y todo el espectro izquierdista creían en este mito, y el MAS intentó reproducirlo. Para ello, la explotación intensa de la naturaleza y sus recursos, es justificable, pues de sus resultados se beneficiaran todos. Ampliación de la frontera agrícola sobre áreas protegidas, territorios indígenas, que al mismo tiempo son abiertas a la explotación extractivista, mega presas hidroeléctricas,  agronegocios, energía nuclear, todo sirve.
-          La idea de un partido dominante hegemónico, que vanguardiza el proceso. Bajo estos criterios se organiza el aparato público, la administración gubernamental. En este escenario, las libertades democráticas son restringidas. Pensar diferente es castigado y perseguido. El MAS no cree en el pluralismo.
-          “El fin justifica los medios”. Para esta izquierda cualquier recurso para tomar y reproducrise en el poder es válido: guerrilla, fraude, “fake news”, hasta participar del juego electoral en la democracia liberal. Asimismo, una izquierda “caviar” que separa el discurso de la práctica: así, radicalismo de la palabra y estilo de vida burgués, machista, no es visto contradictorio. La coherencia de medios y fines es algo alejado de las prácticas izquierdistas criollas.
-          Una izquierda anti indígena; estos no tienen otra que someterse a la ideología obrera o nacional-populista, y sus pulsiones industrialistas y extractivistas. Con los efectos perversos que implica: los procesos de descampesinización promovidos por la Rusia Soviética, la revolución cultural maoísta, o el Estado plurinacional boliviano,[2] son buenos ejemplos.

Mientras tanto, hoy que florezca la autonomía, individual y colectiva, que la cooperación teja nuestras relaciones sociales, que los espacios y territorios, abiertos, plurales y diversos, brillen; en fin, que la complejidad de este cautivante y hermoso país se imponga, mientras seguimos al entrañable Rafael Barrett:
Herid lo moral. Lo moral es lo real. Haced que el hombre se avergüence de obedecer. Suprimid el sacerdote, el capitán, el patrono, el magister. Matad el principio de autoridad donde lo halleís. Que el hombre lo examine todo por sí. Que sea responsable de si propio. Si cae, que sea siquiera porque se equivoca él, no porque se equivoca otro. Combatamos al jefe, a todos los jefes. Tenemos en nosotros cuanto necesitamos.

Bibliografía
Marshall, Peter (1992/2008) Demanding the Impossible A History of Anarchism. London: Harper Collins. 818 pp.



[1] Evo Morales sintetiza las ideologías más autoritarias y cerradas de la cultura política del país: marxismo, nacionalismo, fascismo, indigenismo.
[2] Durante el régimen de Evo Morales se ha profundizado dos tendencias: el abandono masivo de la población rural; hoy casi el 70% de los bolivianos viven en centros urbanos. Segundo, entre el 70 al 80% de lo que comemos los bolivianos proviene de la agroindustria cruceña y la importación. El aporte de la pequeña producción campesina se ha reducido profundamente.

jueves, 30 de junio de 2016

DE SOCIOLOGOS, ZAVALETA Y GARCIA LINERA

Carlos Crespo Flores
2016

Estos días discurre el VI Congreso Nacional de Sociología en nuestra ciudad; el tema del evento está dedicado al pensamiento de René Zavaleta Mercado. Zavaleta, considerado no solo es el sociólogo más famoso del país, sino también el "maestro pensador" del llamado "proceso de cambio", su guía, inspirador, intelectual orgánico.

Uno de los invitados es el vicepresidente Álvaro García Linera, “zavaletista” convencido; su presencia ha generado molestia en gran parte de la comunidad de sociólogos; cómo puede ser invitado un personaje que utiliza la sociología (pues no es sociólogo) para justificar intereses autoritarios, poco transparentes, nos preguntamos los del gremio. Un “intelectual” que aprovechando su Poder persigue y criminaliza a instituciones académicas e intelectuales que no piensan como él. Grave.

Vuelvo al punto. René Zavaleta Mercado era marxista, con una fuerte carga nacionalista, y su comprensión del país tiene los límites de su formación teórica y militancia política (MNR, MIR, PCB). Bolivia sería una “semicolonia”, con independencia política formal pero sin soberanía, sin autodeterminación (por lo demás considerado un ideal antes que una práctica), con una clase dominante “señorial”, oligárquica, que no pudo o quiso estructurarse como burguesía nacional. De esta manera, según Zavaleta, en Bolivia lo que existiría es un “Estado aparente”, sin capacidad de mandar en todo el territorio nacional ni a toda la población, una “república de pastores” (su estigmatización de lo agrario es tema de otro análisis) y un Estado que no es moderno.

Y cual su propuesta para salir de la semicolonia y modernizar el país? Ninguna novedad, una combinación de Estado fuerte e industrialización (léase extractivismo), la clásica y abundantemente fracasada alternativa izquierdista, del cual solo ha emergido el campo de concentración, dictaduras sangrientas, destrucción ecológica y mucho dolor. Construir un Estado nación verdadero, “integral”, altamente centralizado, que tenga control de todo el territorio nacional y su población, pero también de su economía, basada en la industria pesada. De ahí su entusiasmo por la clase obrera, particularmente minera, considerada la única que puede promover un régimen socialista, que industrialice y modernice el país, “quemando las etapas” de la penuria capitalista, en un verdadero acto “antimperialista”. Para ello, la clase obrera debe tener el dominio, sea bajo la forma de “dictadura de clase” como sostenía el “joven” Zavaleta, o “hegemonía”, concepto gramsciano recuperado en su etapa “madura”.

Como todos los marxistas, para Zavaleta el socialismo en Bolivia es un destino, es la única posibilidad de construir una nación. Una verdadera causa final, una tendencia ineluctable. Una teleología que la emparenta con el discurso judeo cristiano en sus forma más milenaristas.

La utopía zavaletiana es la que esta operacionalizando el gobierno de Evo Morales, la idea de un Estado fuerte con industria pesada es también la apuesta teórica de García Linera. Pero, su fracaso también es el fracaso de un “paradigma” dominante en Bolivia, particularmente en las ciencias sociales, el marxismo, del cual René Zavaleta Mercado es su estandarte. Esta combinación perversa de marxismo y nacionalismo desarrollada por el sociólogo orureño, ha sido llevado hasta sus extremos por el “gobierno de los movimientos sociales”, y de ahí no ha salido nada emancipador, al contrario ha reproducido la división racializada del país, la explotación inmisericorde de la naturaleza y sus servicios, la intolerancia y el autoritarismo.


viernes, 22 de mayo de 2015

René Zavaleta y el “Proceso de Cambio”




Carlos Crespo Flores

Las ciencias sociales oficiales en Bolivia han coronado a Rene Zavaleta Mercado, como el intelectual más importante e influyente del país; moros y cristianos, comunistas, indigenistas y “gonistas”, sociólogos y funcionarios del estado plurinacional, están de acuerdo con esta entronización. Un llamativo consenso manufacturado.

Por ello, el reciente libro de H. C. F. Mancilla, Una Mirada Crítica Sobre la Obra de René Zavaleta Mercado es un color fresco, con una mirada liberal, que rompe con las grisáceas imágenes de los “zavaletianos”. Era un libro necesario.

Porque es necesario discutir con Zavaleta? Es el intelectual orgánico del “proceso de cambio”; no es casual que el Vicepresidente lo cite de forma permanente, para justificar las medidas y orientaciones del “gobierno de los movimientos sociales”. Las preocupaciones del creador de lo “abigarrado” se han convertido en política de Estado, con los efectos perversos que ello supone.

Existe un “joven” Zavaleta y un Zavaleta “maduro”, como sostiene “Cachin” Antezana, y convertido en el dogma de los “zavaletistas”? En vez de pensar las rupturas, debemos pensar las continuidades: que patrones comunes existen en el transcurso del pensamiento del Zavaleta nacionalista, marxista y gramsciano? Son estas continuidades las importantes, y en lo que sigue, voy a sintetizar dos de estas continuidades discursivas, que alimentan la discusión planteada por Mancilla.

El estadocentrismo de Zavaleta. Aun en su fase juvenil nacionalista, el marxismo fue su fuente de inspiración. Y como buen marxista creía que los cambios sociales solo son posibles vía transformación del Estado, de su contenido clasista. Como la izquierda en general, Rene Zavaleta creía que el desafío principal para Bolivia es construir un verdadero Estado nación, como lo repetirá el año 1981. Hoy, el gobierno de Evo Morales está cumpliendo el sueño de Zavaleta: de ser un estado aparente a un estado integral. Esto es un estado fuerte, capaz de intervenir en la vida económica y social del país. Pero, como Mancilla lo evidencia en su libro y los ejemplos recientes nos ilustran, “cuando el Estado se mete la cosa se jode”.

El industrialismo y extractivismo de Zavaleta. Desde joven, estaba convencido, como Lenin, que el comunismo es “soviets más electricidad”, por ello en los 60’s promovió la necesidad de industrializar el país, una industria pesada, capaz de explotar intensamente los recursos naturales existentes, pues ella traería soberanía nacional y por tanto la liberación nacional. El Zavaleta “maduro” no cambio esta visión, su apuesta por la clase obrera, particularmente minera, asumía este enfoque. Otra vez, el gobierno del MAS, hoy, con la propuesta del “gran salto industrial”, la estrategia de explotación hidrocarburífera, minera, hidroenergética, con participación privada, el fortalecimiento de una agroindustria basada en productos genéticamente modificados y la expansión de la frontera agrícola, está operacionalizando las pulsiones industrialistas y extractivistas de Zavaleta.

Por ello, una crítica radical de las políticas estadocentricas, extractivistas y de industrialización a marchas forzadas, requiere un ajuste de cuentas con el discurso de la izquierda boliviana, donde Zavaleta es su paladín mayor.