jueves, 21 de febrero de 2013

ESPAÑA: ENRIC DURAN, EL “ROBIN HOOD DE LOS BANCOS SE HA DECLARADO EN ALEGRE REBELDIA

El miércoles 20 de febrero, Enric Duran, el llamado 'Robin Hood de los bancos' se ha declarado en "alegre rebeldía" como medida de protesta contra el sistema judicial actual después de que la Audiencia de Barcelona le conminara a designar un nuevo letrado antes de decidir si ordena su detención por no comparecer al juicio.
El activista Enric Duran debía presentarse el pasado martes en la Audiencia de Barcelona para ser juzgado por haber conseguido 492.000 euros en créditos bancarios entre 2006 y 2008 sin ninguna intención de devolverlos —los donó a fines sociales— para demostrar las irregularidades del sistema financiero que concedió créditos sin control.
Ahora se puede  emitir una orden de búsqueda y captura contra él.
A modo de respuesta, Duran ha divulgado un comunicado en el que critica la politización de la justicia y reclamando el fin del actual "sistema caduco y envejecido que debería dejar paso a la renovación de la cultura y la recuperación de los valores comunitarios entre los seres humanos".

Falta de independencia
El activista ha recordado la propuesta del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, para reformar Ley Orgánica del Poder Judicial y reforzar que sean los políticos quienes nombren a los miembros del máximo órgano de gobierno de los jueces. Ante la irrupción de casos de corrupción, "parece vital para el PP asegurarse un poder judicial afín", una afirmación que, en su opinión, queda reforzada por el hecho de que ningún político, financiero o juez "no terminan nunca en prisión".
Los propios magistrados y los letrados critican la politización de la justicia, según Duran, quien recuerda que más de mil jueces se adhirieron en 2010 a un manifiesto que advertía que estaba en peligro la independencia del sistema judicial. El año anterior, ha agregado, un estudio del Consejo General de la Abogacía española afirmaba que el 85% de los abogados consideraba que el CGPJ se había politizado.
Al no comparecer en el jucio, la Sala concedió a la madre de este activista de Vilanova i la Geltrú (Barcelona) 10 días hábiles para decir dónde está su hijo o llevarle ante el tribunal, que, una vez expire dicho plazo, deberá decidir si ordena o no la detención de Duran, quien se enfrenta a una pena de 8 de prisión.
Fuente:
http://www.20minutos.es/noticia/1736879/0/enric-duran-robin-bancos/estafa-bancaria/rebeldia/

miércoles, 20 de febrero de 2013

TIPNIS RESISTE EN EL CORSO DE LA CIUDAD DE COCHABAMBA 2013

Recordamos que el pasado año, Evo y Alvaro tuvieron que ser retirados apresuradamente del palco oficial del corso de la ciudad de Cochabamba, ante el ingreso de la comparsa del TIPNIS, para evitar oir las coplas carnavaleras en defensa del territorio indígena. Este año el evento fue nuevamente escenario de una acción directa de protesta por parte de activistas del TIPNIS. Portando un letrero que decía “TIPNIS resiste; selva hoy; carretera nunca”, dos activistas hicieron el recorrido del corso cochabambino. Amigos los saludaron desde las tribunas. Recibieron aplausos y vivas de parte del público, y rechiflas de otros. Les sacaron fotos, los entrevistaron. Pero, unas cuadras antes del palco oficial, fueron sacados “amablemente” del desfile por unos policías, que les quitaron su cartel.

LA RESISTENCIA ES FERTIL !!!!

SUSPENDEN LA CONSTRUCCION DE LA CARRETERA POR EL TIPNIS O NO LES DEJAREMOS DORMIR !!!


lunes, 18 de febrero de 2013

Los zapatismos en un mundo que se desmorona

Victor M. Toledo

El mundo que se desmorona es la civilización industrial, sostenida por cuatro pilares: a) la competencia, no la cooperación, entre individuos, empresas, países; b) los mercados dominados por la lógica capitalista, que permiten procesos ilimitables de acumulación, centralización y, sobre todo, de acumulación de riqueza (monopolios); c) el uso predominante de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón y uranio); y d) la ciencia y la tecnología como instrumentos de control y poder. En conjunto, estos cuatro mecanismos generan un modelo que dilapida la naturaleza y explota el trabajo humano. Estos cuatro soportes siguen siendo postulados ciegamente por el neoliberalismo, y reproducidos, extendidos y ampliados por la mancuerna formada por el poder político (partidos y gobiernos sin distinción ideológica) y el poder económico (mercados, empresas, bancos, corporaciones). La crisis de civilización enfrenta ya problemas graves en todas las esferas, alcanza los espacios geopolíticos centrales (Japón, Europa y Estados Unidos) y, lo que es más preocupante, se niega a aceptar que se encamina hacia el colapso. De aquí al 2050 la población llegará a 9 mil millones, el petróleo se habrá agotado (y seguirán el gas y el carbón), la producción de alimentos será insuficiente y los efectos del cambio climático, amplificados y acumulados, serán, para decir lo menos, de severos a catastróficos.

En una entrega anterior ( La Jornada, 31/1/13) ofrecimos revisar desde una perspectiva ecopolítica el papel que juegan tanto el (neo) zapatismo del EZLN como ese otro zapatismo representado por miles de proyectos alternativos que se originan como resistencias frente a la depredación neoliberal. Ambos coinciden en que son procesos emancipadores que afirman y sostienen (en diferentes grados) el poder social, es decir, la autogestión local y/o regional en territorios concretos. Ambos muestran cómo salir del capitalismo, para utilizar la frase del filósofo francés André Gorz. Si los cinco caracoles han logrado mantenerse en un extenso territorio de Chiapas por fuera de los procesos hegemónicos de carácter político, económico y sociocultural, resulta por igual interesante que en al menos otras 16 regiones del país existan procesos autonómicos que sin ser explícitamente políticos se mueven en función de valores similares. Estos procesos de autonomía social se caracterizan por rasgos tales como la organización colectiva, la asamblea como instrumento supremo para la toma de decisiones, las prácticas productivas orientadas por el respeto a la naturaleza, la conservación de la biodiversidad, el rescate de la cultura, la acumulación social de capital, la creación de bancos, cajas de ahorro populares, mercados justos y orgánicos, la autodefensa. Una revisión de este otro zapatismo, más de 2 mil proyectos o experiencias con diversos grados de avance, permite distinguir 12 objetivos que implementados logran crear territorios liberados:

Hoy, transformación social, significa salvamento, porque vivimos una crisis de la supervivencia de la humanidad, del planeta y de la vida misma. Y esto no se logrará por las dos vías habituales: la electoral o la llamada violencia revolucionaria. La democracia representativa se ha vuelto ya inoperante dado el deterioro, corrupción e ineficacia de las instituciones. La vía violenta es inviable frente a los gigantescos poderes militares de los estados. Entonces “… si no es posible cambiar al mundo, cambiemos de mundo”. Sólo el poder social o ciudadano ejercido en los territorios, primero a pequeña escala y después expandido por la suma de espacios geopolíticos, logrará la transformación necesitada. Como sucede ya en otras partes del mundo, este proceso inédito de carácter ecológico político va ganando reconocimiento dentro de un novísimo pensamiento crítico. Ahí están los movimientos en India basados en el swadeshi de Gandhi, los cientos de ciudades del movimiento transition towns en Europa y otros sitios; las trayectorias populares guiadas por el buen vivir en la franja andina, y especialmente el caso de Cuba, que se ha vuelto un experimento societario de punta porque, más allá del régimen, ha logrado remontar el colapso energético (ver: www.youtube.com/watch?v=Vj_DV5ltdes).lAS ) En México los zapatismos constituyen las semillas del cambio civilizatorio. ¿Lograrán formar un frente amplio social? Escuchemos el silencio.

Fuente:

jueves, 14 de febrero de 2013

Desescolarizando la escuela. Las experiencias educativas de Summerhill y Paideia

David Seiz Rodrigo
Sindicato de Enseñanza . Madrid . Miembro de Fedicaria

RESUMEN:
Paideia y Summerhill comparten el rechazo a un modelo escolar tradicional que se entiende como un estorbo para el desarrollo de personas, libres, independientes y críticas. Para estos herederos de las utopías educativas de comienzos del siglo XX, el orden de la clase es diferente, los espacios también, las jerarquías han desaparecido. La libertad de los individuos se eleva como el objetivo esencial de estos proyectos y al tiempo como la principal herramienta metodológica.

 “A quien no esté en condiciones de provocar horror hay que rogarle que deje en paz las cuestiones pedagógicas. Indudablemente, hasta ahora, por lo general ha ocurrido lo contrario: quienes se horrorizaban como tú, querido amigo, escapaban atemorizados, y quienes permanecían impávidos, tranquilos, metían del modo más grosero sus rudas manos en la más delicada de todas las técnicas que pueden corresponder a un arte, es decir, en la técnica de la cultura. Pero eso ya no podrá durar mucho tiempo: tendrá que llegar por fin el hombre honrado que tenga esas ideas buenas y nuevas, y que para realizarlas se atreva a romper con la situación actual”
Friedrich Nietzsche. Sobre el porvenir de nuestras escuelas. Segunda Conferencia.

La palabra educación, como afirma Carlos Lerena, no dice la verdad. Quizás convenga partir de la tesis de considerar a la educación como una jurisdicción de poder esencial en los sistemas de control elaborados por los estados modernos. Las contradicciones que resultan de enfrentar esta concepción a la idea de educación como propósito comprometido con el desarrollo personal, intelectual y profesional de las personas, forman parte de la historia de la educación desde sus principios. No estamos ante una cuestión metodológica ni en un debate sobre los contenidos, sus virtudes o sus tachas, nos hallamos ante concepciones antitéticas de educación.

Educar es amaestrar y adoctrinar, producir hombres, enseñar las reglas básicas de la sociedad, pero también, desde la perspectiva de la mayéutica socrática, educar es dirigir, guiar o extraer. La idea de educación como proceso de construcción en el que, desde fuera, la escuela o el maestro añaden los materiales y diseñan los planos, se opone de manera radical a la mayéutica de raigambre roussoniana que concibe la educación como extracción. Si como nos recuerda Lerena consideramos la educación como liberación, y liberar no es sino dar a luz, parece evidente que entre estas dos concepciones media un abismo.

Los ilustrados franceses que pusieron en marcha la maquinaria escolar moderna ya se plantearon estas contradicciones. Para el marqués de Condorcet la educación era un derecho que asistía a todos los ciudadanos, pues merced a ésta, era posible edificar una sociedad democrática de hombres libres. Sin embargo el mismo Condorcet postulaba la necesidad de diseñar un sistema que distribuyera el conocimiento atendiendo a las perspectivas sociales de los individuos marcando una severa frontera educativa, la que separaba los conocimientos precisos para los oficios manuales y los intelectuales. Evidentemente el propósito de enseñar a leer y escribir a toda la ciudadanía fue un objetivo revolucionario, pero la escuela, más allá de los ideales de Ilustración, fue un instrumento poderoso que sirvió para extender el ideario liberal-burgués, el troquel de las conciencias del nuevo siglo que definió las pautas de civilidad y comportamiento de la sociedad moderna.

El sistema escolar fue esencial en la transmisión de los valores de las nuevas elites sociales, en la fragua del ideario nacionalista, en la construcción de los imaginarios simbólicos de la ciudadanía. La escuela democratizadora y liberadora de los ilustrados se tornó en un lugar de encierro, en una maquinaria de disciplinar que, siguiendo la tesis de Michel Foucault, junto a la fábrica y la cárcel (la escuela preparaba para la primera y prevenía la segunda), modelaba las sociedades modernas a través de un ejercicio de la violencia simbólica tan sofisticado como sutil.

Educación y adoctrinamiento
No es extraño, por todo ello, que surgieran desde el principio de la escolarización obligatoria quienes se opusieran a esta poderosa maquinaria. Una oposición que vino tanto de aquellos a quienes se les disputaba el poder de las conciencias, las iglesias, como de esos otros que aspiraban a construir un mundo nuevo desde bases muy diferentes, los movimientos obreros. La resistencia del pensamiento libertario a la educación estatal tiene esa raíz y la idea de que la necesidad de un hombre nuevo pasaba por una educación nueva y apartada de la influencia del estado, también.

La Primera Guerra Mundial fue un revulsivo para el pensamiento sobre la educación. La ruina del internacionalismo, la debacle del pacifismo y la sangría de vidas y recursos plantearon una severa duda sobre las virtudes transformadoras de la educación. No en vano aquel escenario de destrucción había sido construido por las generaciones de europeos más “educados” de todos los tiempos. El sueño ilustrado que relacionaba la educación y el progreso humano hacía aguas en medio de la orgía de sangre que acababa de oficiarse en los campos de Francia.

A consecuencia de la terrible experiencia bélica, Occidente conoció en la década siguiente la eclosión de un movimiento reformador poderoso que aunó el pensamiento de un nutrido grupo de intelectuales y pedagogos para quienes parte de las culpas de la guerra recaían en un modelo educativo equivocado. Este amplio y heterogéneo movimiento conocido como Escuela Nueva, cuya liga se constituyó en 1921, reunió buena parte de las experiencias y planteamientos educativos que trataron entonces de marcar distancia con la escuela oficial.

Resulta evidente en el desarrollo del movimiento la influencia generatriz de las concepciones educativas planteadas por Jean Jacques Rousseau en el Emilio. A la influencia del ginebrino se unió el magisterio de otros pensadores como John H. Pestalozzi, cuyas escuelas se remontaban a los últimos años de finales del XVIII, o el de su discípulo Friedrhich Fröbel. A estos se uniría, a comienzos del siglo XX, una nueva generación de pensadores llamados a resolver las contradicciones de un sistema que entonces cumplía su primer siglo. Entre estos pensadores podemos incluir en rápida nómina a María Montessori, Celestine Freinet, Ovide Decroly, John Dewey o el mismo A.S. Neill, quienes continuaron, ampliaron y dieron coherencia a un corpus teórico que había comenzado a formarse ya durante el siglo XIX y se había enriquecido con experiencias como la Escuela Moderna de Ferrer Guardia. La efervescencia de experiencias educativas, el incremento de la literatura pedagógica y la fundación de centros educativos de las dos siguientes décadas son la consecuencia de este interés por el mundo escolar y su reforma.

La deriva autoritaria de los años treinta y las consecuencias de la II Guerra Mundial restaron fuerza a la Escuela Nueva. Tras ella, las sociedades surgidas del conflicto reclamaron un nuevo papel al sistema escolar. La nueva escuela surgida de la guerra no era evidentemente la escuela soñada por los padres del movimiento. Ciertamente algunas de las ideas y las percepciones sobre la educación fueron asumidas, pero el progreso de la escuela graduada y la deriva meritocrática de la sociedad y la escuela oficiales, llevaron a un modelo que se separaba del paidocentrismo de la Escuela Nueva, por más que algunos de los postulados, particularmente aquellos provenientes de la escuela activa, fueran tomados en consideración. Al mismo tiempo, la apertura de la educación, especialmente la secundaria, a sectores cada vez más amplios de la población provocó una masificación de las aulas que terminó por transformar el paradigma educativo y convertirlo en el modelo que hoy conocemos.

El proceso de burocratización y tecnocratización de la educación se aceleró y dejó al margen, como experiencias ajenas, los intentos de establecer una educación construida en torno al alumno y especialmente todas aquellas que ponían en cuestión la propia lógica jerárquica y burocrática del sistema. Los procesos de normalización escolar, de las clases, de los sujetos, de los programas y de las metodologías, acabaron por arrumbar los proyectos más comprometidos con la idea de construir una escuela distinta.

Las utopías educativas
Posiblemente la escuela sea una de las geografías mejor conocidas por el hombre contemporáneo. A nadie se le oculta la naturaleza de las construcciones escolares, el edificio, sus estructuras, visibles e invisibles, el espacio de la clase, la jerarquía de profesores y alumnos, de grados y titulaciones. Nadie es ajeno al orden de la misma, existe un consenso social sobre lo que es una buena clase y una mala clase, el silencio, el respeto, el orden de la palabra, quien habla y quien debe callar, o las virtudes salvíficas del examen, son elementos que forman parte de nuestra biografía. Toda esa llamada “gramática escolar” es precisamente la que puso en cuestión la Escuela Nueva y la que se impugnan en el presente desde modelos como los encarnados por Summerhill y Paideia. Para estos herederos de las utopías educativas de comienzos del siglo XX, el orden de la clase es diferente, los espacios también, las jerarquías aparentemente han desaparecido. Quienes visitan estos centros reconocen su extrañeza al considerar que al fin y al cabo se trata de escuelas.

Los parecidos entre estos dos centros no son casuales por más que tengan un carácter bien diferente, ambas experiencias beben de fuentes comunes y surgen de experiencias biográficas de algún modo parecidas. Además de la evidente vinculación a los postulados originales de la Escuela Nueva, Paideia y Summerhill comparten el rechazo a un modelo escolar tradicional que se concibe como un estorbo para el desarrollo de personas, libres, independientes y críticas. Por ello la impugnación que Summerhill o Paideia plantean va más allá de una idea de escuela, es en el fondo una impugnación política y social.
No son, por tanto, sólo un proyecto educativo, son también un proyecto político. La escuela persigue formar a un hombre nuevo llamado a romper la cadena de reproducción que perpetúa un sistema social desquiciado e injusto.Un hombre esencialmente libre.

Summerhill comenzó en 1921 en las afueras de Dresde como una sección de la Escuela Internacional “Neue Schule”, sin embargo el desacuerdo con la deriva de la Escuela Internacional convencieron a A.S. Neill de la necesidad de trasladar su proyecto. La escuela se estableció entonces en una pequeña localidad austriaca, donde el recelo de la comunidad acabó por plantear a Neill la necesidad de regresar al Reino Unido. A su vuelta a Inglaterra en 1923 Neill estableció su escuela en una casa conocida como Summerhill en la ciudad de Lyme Regis. Pocos años después, en 1927, la escuela se establece definitivamente en Leiston, donde sigue hasta hoy manteniendo el nombre de aquella primera casa.

El pensamiento pedagógico de Neill, surge como reacción al rechazo que le producía el sistema educativo que él mismo había sufrido. La experiencia universitaria y sus primeros años de magisterio le convencieron de la necesidad de crear una escuela donde la coacción y la imposición estuvieran proscritas. Las fuentes intelectuales de Neill son diversas pero parece que fueron Homer Lane y Wilhelm Reich, los pedagogos que ejercieron más influencia en el pensamiento de Neill. Las relaciones de Neill con los círculos intelectuales de la Escuela Nueva fueron también una inspiración fundamental y fue en estos círculos donde Neill dio a conocer sus ideas pedagógicas, especialmente a través de su participación en la revista The New Era.

El origen de Paideia se encuentra también en un proyecto fracasado. La primigenia experiencia llevada a cabo en Fregenal de la Sierra, la Escuela en Libertad, acabó abortada por las autoridades, y esa experiencia llevó a las profesoras Concha Castaño Casaseca, Mª Jesús Checa Simó y Josefa Martín Luengo al convencimiento de que era imposible desarrollar los principios educativos de una pedagogía libertaria en una escuela estatal refractaria a las ideas del colectivo. En enero de 1978 nacía en Mérida el proyecto de Paideia, que ya ha cumplido más de treinta años, completando una trayectoria no exenta de crisis y refundaciones que han llevado a la escuela desde el centro de la ciudad de Mérida a una casa de campo a las afueras, y de una sociedad limitada a sus fundadoras a una cooperativa de madres, padres y educadores.

La influencias del colectivo son diversas pero el peso del pensamiento pedagógico del anarquismo es en este caso capital, desde las ideas pedagógicas de Bakunin, pasando por el peso que en la tradición pedagógica anarquista tiene la obra de Ferrer y Guardia o las experiencias de Tolstoi sin olvidar las ideas planteadas por Paul Goodman o Max Stirner sobre la educación pública y la formación del individuo.

El ideario pedagógico compartido por Summerhill y Paideia tiene su origen en el pensamiento de Rousseau. La concepción de que los niños son por naturaleza buenos y que esa naturaleza es pervertida por el contacto con modelos sociales y culturales enfermos, lleva en uno y otro caso a valorar la espontaneidad infantil y las innatas capacidades de los niños para el acuerdo y la racionalidad como la mejor de las estrategias para conseguir niños felices, autónomos y críticos. La coacción es el verdadero origen de todas las contradicciones sociales que llevan a desperdiciar los valores que de manera natural tenemos como seres humanos. De ahí se deriva un antiautoritarismo que se apoya en una doble consideración; la primera que lleva a deducir que la autoridad tiene una naturaleza perversa y la segunda, que la imposición, habitualmente practicada por nuestras sociedades es la raíz de la violencia, de la irracionalidad y de los desequilibrios que sufren muchos alumnos. En ausencia de coacción es la confianza y el acuerdo con los iguales el que rige las relaciones entre los sujetos. Esta confianza en el innatismo de los niños, sostiene también la estrategia de aprendizaje seguida, ya que son los niños quienes, de manera espontánea, se acercan al conocimiento, sin que medie coacción, animados por su curiosidad y en función de su propio crecimiento personal. Este acercamiento al conocimiento acuciado por la curiosidad pretende preservar el gusto por aprender, por hallar respuesta, sin que estas obedezcan a un programa prefijado desde fuera. Al dejar la iniciativa al niño se plantea un escrupuloso respeto a los ritmos de aprendizaje y a las necesidades y curiosidades de cada uno, para lo cual se plantean metodologías activas e indagativas que se oponen a las tradicionales estrategias académicas de lección magistral.

Educación en y para la libertad
La libertad que se atribuye a los niños reconstruye no sólo un modelo de aprendizaje que se aparta de la lógica dirigista de las escuelas habituales, también plantea una redefinición de la gramática escolar, ya que el carácter autónomo de las actividades y las necesidades del modelo de aprendizaje activo propuesto, genera espacios diferentes y también tiempos diferentes. De este modo, se rompe de manera completa la lógica cronoespacial de las escuelas tradicionales. A diferencia de lo que ocurre en la generalidad de los centros escolares los alumnos se mueven a su antojo, trabajan en lo que estiman oportuno y aceptan las responsabilidades, para sí y para con los demás, que en cada momento estén dispuestos a llevar a término. No resulta extraño por ello que la Inspección Educativa inglesa concluyera en 1949 después de una visita al internado de Neill que “Los niños estaban llenos de vida y nunca mostraban ni aburrimiento ni apatía, que eran afectuosos y agradables, y que sus modales eran deliciosos (aunque no siempre los convencionales), y que en la escuela de Neill se fomentaba la iniciativa, la integridad y el sentido de responsabilidad de los alumnos”.

Evidentemente ni la responsabilidad ni la iniciativa siguen las pautas acostumbradas, el interés personal y el respeto a los compromisos se sitúa por encima de los dinámicas de premio y castigo. El niño es responsable ante sí y ante la comunidad y en la regulación de estas responsabilidades tiene que ver mucho la organización asamblearia de la escuela. La escuela funciona como una democracia radical en la que la opinión de todos los miembros es tomada en consideración y donde la figura del profesor se diluye ejerciendo un papel más cercano al arbitraje o al de experto, que el de un director del aprendizaje de los alumnos. El comunitarismo de estos modelos se manifiesta en todo su significado a través de las asambleas. La asamblea es el lugar donde se resuelven los conflictos, donde se asumen los deberes y las responsabilidades; la asamblea se convierte en el corazón del funcionamiento de la escuela. Una escuela que es sostenida como ocurre en Paideia, incluso en sus aspectos cotidianos esenciales, la cocina o la limpieza, por los miembros de la comunidad escolar.

El ejercicio de la libertad es de este modo no sólo el derecho a no ser coaccionado, sino también el de asumir compromisos de manera autónoma y responsable frente a uno mismo y a la comunidad. El concepto de libertad, de hecho, es el puntal más fuerte del modelo escolar planteado por Summerhill y Paideia, pero esta libertad no puede entenderse sin acudir a otros valores como la cooperación o el compromiso con el que se asumen las responsabilidades con la comunidad.

Como agudamente señala Josefina Martín Luego bajo toda idea educativa subyace una ideología y una manera de ver e interpretar el mundo. Sin embargo aceptar ese planteamiento supone replantearse de nuevo todo el análisis sobre la capacidad de elección y sobre la libertad que Summerhill o Paideia representan. Lejos del neutralismo sostenido por el anarquista Ricardo Mella, Paideia se inspira en el anarquismo pedagógico de la Escuela Moderna de Ferrer Guardia. La escuela se levanta con un propósito muy claro, con un modelo de persona, con un objetivo que al fin y al cabo se trata de reproducir, bien cierto que a la contra del pensamiento hegemónico y desde una perspectiva libertaria de la existencia. Cabe pensar que la postura respecto a la libertad de los alumnos resulta contradictoria cuando se admite el “neutralismo pedagógico” como un error de partida y el modelo planteado está tan definido.

Las trampas de las pedagogías blandas y la liberación, son la base de la crítica de Lerena sobre Neill y la raíz de sus dudas sobre la espontaneidad y libertad del proyecto de este “abad suave”. Para Lerena toda esa educación no directiva y naturalista, acaba convirtiéndose en una extensión de la propia personalidad de Neill. La esencia reproductiva de la educación se eleva sobre las intenciones liberadoras, copia pautas, formas, estructuras, por más que éstas se pretendan ajenas a esa contaminación.

En Paideia la voluntad de construir un hombre nuevo es clara, un hombre nuevo que alumbre una sociedad nueva o que al menos no perezca en medio de una sociedad capitalista, consumista y banal. El resultado de la educación es el esperado, en cualquiera de los casos, una escuela libre o una escuela libertaria forma alumnos que siguiendo su libertaria metodología obtiene, a fuerza de vivencia o de imitación, el pensamiento libertario que pretende. La escuela es hija de una sociedad, no puede escapar de ella por más que se trate de una comunidad muy especial, a la postre la escuela es una extensión del grupo que la acoge.

De hecho, el sentimiento de comunidad y de pertenencia es muy poderoso, ninguna de estas escuelas podría funcionar sin el acuerdo de los adultos que intervienen, sin la complicidad de padres y profesores. Ahí quizás radique su principal debilidad. Estamos ante experiencias muy pequeñas, muy cerradas sobre sí mismas, muy dependientes del carisma de sus fundadores y sus herederos, poco institucionalizadas y con un grado de apertura al exterior muy limitado. Neill lo planteaba con cierta desolación “Lamento tener que expresar mi temor de que nuestras escuelas progresistas no están atacando la raíz del problema. Hasta donde puede apreciarse, nuestra influencia es pequeña. Estamos al margen del mundo de la enseñanza; hay millones de niños en las escuelas que nunca han oído hablar de nosotros y sus maestros están tan atados por las clases, los programas de estudios y los salarios, que ni con la mejor voluntad del mundo pueden hacer mucho en ningún campo, ni siquiera el de la enseñanza.

Después de todo, los adultos son los que hacen las escuelas y los adultos de una civilización mecanizada, que tiene tanto oropel y tanta banalidad, no pueden crear un buen sistema educativo” Si la búsqueda de un espacio al margen del sistema estuvo en el origen de estas escuelas, es precisamente esa marginalidad la que las limita y las que de alguna forma también las neutraliza. Por un lado por el peligro que tienen en el espacio cercado de estas experiencias, de caer victimas del pensamiento gregario, por otro porque las aparta del discurso general de las sociedades en las que están inmersas. Esta suerte de enroque las mantiene en el riesgo constante de abocarlas al callejón sin salida de la marginalidad pedagógica, a convertirse en sociedades perfectas apartadas perfectamente y sin posibilidad de convertirse en esos agentes de cambio que inspiraron sus comienzos. Ese aislamiento contribuye a explicar la imagen exageradamente negativa y estereotipada que mantienen sobre las realidades presentes de la escuela institucional y la sociedad: “Esta escuela alienante genera cerebros inmaduros, des-educados que pasan por la vida comiendo hamburguesas, tragando televisión, pateando balones /…/ chateando incansablemente y evadiéndose de esta lamentable vida con cualquier tipo de droga que por un cierto tiempo les haga salir de esta decadente realidad”.

Ante un paisaje tan desolado resulta tentador escapar, quedarse al margen y construir falansterios donde apartarnos de una realidad que nos disgusta, ponernos a salvo de unos códigos sociales y políticos con los que discrepamos. La consecuencia de ese aislamiento, común a otros modelos de escuela exclusivistas o muy ideologizados, contribuye a construir un modelo escolar compartimentado, una escuela concebida para proyectar los códigos de la tribu. Entiendo que la escuela no debe plantear “salvación” alguna, como Mella pienso que esa pretensión docente, imbuida de la sacerdotal misión de transmitir la “buena nueva”, sea esta la que sea, carece de sentido. En primer lugar porque por ventura sobrevivimos a nuestras escuelas, como sobrevivimos a nuestros profesores y como sobrevivimos, mal que bien, al peso perverso de todos los sistemas de adoctrinamiento inventados. En segundo lugar, porque la crítica a cualquier adoctrinamiento no puede resolverse con un adoctrinamiento de diferente signo.

Vale la pena reparar en el hecho de que también en los sistemas escolares “el medio es el mensaje”. En la escuela institucional las rígidas estructuras cronoespaciales y organizativas refuerzan los códigos simbólicos que sostienen un modelo de autoridad, una idea de jerarquía y una idea de conocimiento que no es otra que la dominante en nuestra sociedad. Ese sutil adoctrinamiento tiene mucho más peso a la postre que cualquier transmisión positiva de ideología. En esta cuestión reside una parte importantísima del interés que despiertan los proyectos de Paideia y Summerhill. La valiente ruptura que estas escuelas hacen de las rutinas escolares y de las representaciones sociales y culturales hegemónicas, pone en evidencia su contingencia. La impugnación de los códigos habituales nos permite reflexionar sobre la vigencia de los códigos de la escuela presente, nos permite contemplarlos desde cierta distancia y reflexionar sobre su valor. Quizás no haga falta entregarse a la mística apocalíptica para pensar que otra escuela es posible, es evidente que lo es, pero también que esa escuela no puede quedarse fuera.



Para saber más:
BOURDIEU, P.; PASSERON, J.C. (2001). La reproducción: Elementos para una Teoría del Sistema de Enseñanza. Madrid. Editorial Popular
CUESTA FERNÁNDEZ, Raimundo (2005). Felices y escolarizados: Crítica de la escuela en la era del capitalismo. Barcelona. Octaedro
GARCÍA MORIYÓN, F. (Ed) (1986). Escritos anarquistas sobre educación: Bakunin, Kropotkin, Mella, Robin, Fauré y Pelloutier. Madrid. Grupo Cultural Zero
HEMMINGS, Ray (1975). Cincuenta años de libertad: Las ideas de A.S. Neill y la escuela de Summerhill. Madrid. Alianza Editorial
LERENA ALESÓN, Carlos (1983). Reprimir y Liberar: Crítica sociológica de la educación y de la cultura contemporáneas. Madrid. Akal
MARTÍN LUENGO, Josefa; Colectivo Paideia (2006). Paideia, 25 años de Educación Libertaria: manual teórico-práctico. Madrid. Colectivo Alternativo Villaka, Distri Kañera
MARTÍN LUENGO, Josefa. (1990) Desde nuestra escuela, PAIDEIA. Mostoles. Madre Tierra
NEILL, A.S. (1963). Summerhill: Un punto de vista radical sobre la educación de los niños. México.
FCE OLSON, David R (2005). L’école entre institution et pédagogie: Repenser la réforme. Paris. Retz
SPRING, Joel. (1987) Introducción a la educación radical. Madrid. Akal
Página Web Summerhill http://www.summerhillschool.co.uk/ (Consultada 23/3/10)
Página Web Paideia http://www.paideiaescuelalibre.org/Index_bis.htm(Consultada 23/3/10)

FUENTE: Revista Libre Pensamiento, No 64 . 2010. pp 12-19

miércoles, 6 de febrero de 2013

Será que éste carnaval... también trae nuevas coplas para las "ministras sin calzón"?

Ninguna Ministra tiene dignidad, nos lo demostraron en el carnaval…”, dice uno de los versos que fueron cantados por un grupo de féminas del colectivo activista Mujeres Creando. Esto se dio en respuesta a la coplas carnavaleras interpretadas por el presidente Evaristo Morales y que fueron calificadas de machistas. Uno de los versos de las coplas carnavaleras de Evo Morales decía: “Este presidente de gran corazón, a todas sus ministras les quita el calzón…”. Entre los versos que cantaron las mujeres activistas sobresale: “Señor presidente yo soy boliviana, me meto a la cama con quien tengo ganas”. Nuestro presidente bien machista es, a todas las mujeres humilla cada vez…”Y tú, ¿ tienes alguna "copla" para dedicarla al evaristo?

martes, 5 de febrero de 2013

EL CARNAVAL

Rafael Barrett

"UNA MÁSCARA, sobre otra", dice Shakespeare. Hace falta una doble protección para arriesgarse a ser sincero. El Carnaval es, ante todo, la fiesta de la sinceridad. Durante algunos días somos todo lo francos que se puede, a costa de caer en la desvergüenza; hablamos casi lo que pensamos; nos atrevemos a parecer locos, es decir, a parecer lo que somos; nos desahogamos de doce meses de hipocresía. ¡Admirable privilegio! Nos es permitido correr, cantar, gritar y reír a gusto, y uno se viste como quiere. Se suprime la rutina, la correcta convención, la mitad de las farsas sociales; se nos cura del terror más ruin, el terror al ridículo, se nos felicita de lo grotesco, se descorre el cerrojo a la fantasía, se nos vuelve espontáneos, se nos improvisa una especie de segunda inocencia. Es una hora de libertad, un ensayo de una vida mejor y futura; un relámpago. Pronto se torna al fondo gris de la vieja costumbre. La alegría no es de este mundo. Somos fieras astutas; somos otra vez hipócritas: ¡defendámonos! Rechacemos el júbilo; guardémonos de llevar a la práctica las soluciones de nuestra razón. ¡Orden, orden! No hay nada tan anarquista como el sentido común.
"Todo el año es Carnaval"; un Carnaval triste y sórdido. Ante el amo, el jefe, el arbitro o el instrumento de nuestra ambición, hacemos la comedia de la servidumbre y de la intriga. Los más fuertes la hicieron: Bonaparte, el venidero soberano de una corte cuyo esplendor asombró a Europa, hizo la corte a la querida de Barras. Formemos la gran comparsa de los "arrivistas". Y los que llegaron, siempre en carácter, cambian de mueca. "Perdonadme mi talento", nos imploran. Es el saínete de la modestia, el miedo a la envidia. Y el orgullo, o sea el valor de los que se niegan a fingir, es el que sucumbe, no a los ruidosos golpes del destino, sino al sordo roer de lo mediocre, a la infección de los hombres microbios. Examinad, delante del espejo, los pliegues de nuestra careta de carne. No es la vejez la que abre las arrugas del rostro; es el gesto variado y continuo de la mentira humana. Ni la edad ni el dolor son capaces ya de hacer respetable la efigie de los que viven del odio y del engaño. El carnaval celebra las vacaciones de la fisonomía. Detrás de la máscara, la faz es devuelta al verismo de la soledad o del sueño.
Máscara: escudo. Enmascarados: descarados. El repugnante y el tímido toman su desquite: se convierten en el enigma que quizás atrae, en "el muro tras el cual está pasando alguna cosa". El leproso, si tiene imaginación, seducirá a la virgen. Es el momento de ocultar el cuerpo para mostrar el espíritu. Es el instante de la venganza, en que se murmura al oído del prójimo la broma más terrible: la verdad. Es la época en que se triunfa y en que se tiembla, en que los maridos descubren su desgracia y las feas confiesan su amor. El cartón no se ruboriza. Mujeres silenciosas y desdeñadas, que no tenéis otra belleza que la de vuestros ojos magníficos, otro tesoro que dos diamantes desengarzados, sed efímeras huríes bajo el antifaz. Sed solamente vuestros ojos; solamente los agujeros sombríos por donde asoma el alma desnuda.. . solamente el misterio.
Así el Carnaval, en su fugaz y frenética agitación, hace subir a la superficie del mundo la realidad y el misterio, que no se desunen nunca. Símbolo es del carnaval de la naturaleza, carnaval trágico, en que el fondo inaccesible se cubre cada siglo con un disfraz diferente. Ayer fue la idea, fue la llama, fue el átomo, fue el capricho de los dioses irritados. Hoy es la sed infinita del número. Nuestras manos trémulas se cansan de buscar. La Isis se esconde bajo un velo que renace sin tregua, y nos estremecemos a la idea de que tocamos los despojos de un Carnaval difunto, los restos de un festín olvidado, las cenizas de una fiesta apagada. El Universo se nos aparece como una inmensa máscara por cuyos agujeros negros mira la muerte, y no encierra más que el vacío.

Fuente: Orginalmente publicado en Moralidades Actuales (1910).M. BERTANI, Editor. Montevideo.

viernes, 1 de febrero de 2013

Sobre la derrota electoral de Nuni en el Beni

La campaña de Pedro Nuni estuvo asesorada e inspirada por el mito de la izquierda boliviana estatolatra de creer que el cambio vendrá a través del estado, y vía voto. La historia republicana ha evidenciado lo contrario, y el estado racista y corrupto se ha impuesto. El drama autoritario que vivimos hoy como país lo ha demostrado una vez más, pero Nuni siguió esta huella, con los resultados que conocemos (menos del 3 % de la votación en el departamento), en un esfuerzo electoral poco prometedor.

Porqué creer que un representante indígena en el poder salvará el TIPNIS? Los que apoyaron esta idea repiten la crítica que hace la izquierda estatalista disidente del proceso y/o del instrumento político (IP-MAS): si el "pueblo verdadero ", es decir "nosotros" estuviera en el poder, es decir en el lugar de Evo y Alvaro, se salvará el TIPNIS, el proceso y ergo el país. La izquierda manejando las riendas estatales ha sido un desastre por su tendencia al autoritariismo, centralismo y la intolerancia, herencia sin duda de su link marxista leninista. Nuestros recursos son escasos, porque tenemos que orientarlos a una lucha electoral condenada al fracaso, como se preveía desde el principio, y como lamentablemente se ha visto?

El rol que jugaron los intelectuales, asesores externos, en fortalecer la idea de la apuesta electoral de Nuni fue terrible. La mayoria provenientes de la izquierda estatolatra boliviana, con sus prácticas ya conocidas: autoritarismo, hablar a nombre del otro, centralizar información y las decisiones, conexiones con el jefe y las ONGS, etc. El día que los y las indígenas piensen y actuen por cuenta propia, sin pedir permiso a nadie, las cosas empezarán a cambiar.

Al participar del juego electoral, la movida electoral indígena ha tambien aceptado las reglas de juego del poder. La  capacidad de comprar votos por parte del poder dominante es parte del juego, y eso es lo que pasó en el TIPNIS, donde Nuni tambien ha sido derrotado y el MAS victorioso. De esta manera, García Linera afirma feliz que esta victoria es la derrota de las fuerzas que se opusieron a la construcción de la carretera. Que pasaba si la subcentral decidia no participar del juego electoral implementado por el gobierno y se declaraba el TIPNIS  como region con autonomia indigena, por tanto con sus propios sistemas de eleccion y representación, en el marco de la constitución? por que seguir siempre alternativas que pasan por tomar el poder de estado, cuando los zapatistas estan mostrando que se pueden "cagar"  en ese horizonte estatalista?

Lo que se viene es la militarización del TIPNIS? Con Quintana como comandante de la "avanzada del progreso" existe esa tendencia. Aunque esta sería una combinación de operaciones encubiertas, incluyendo la división de las organizaciones, hasta detenciones a nombre de lucha antirerrorista, como ha sucedido con lxs activistas libertarixs en la ciudad de La Paz. El periodico COMBATE propone "chiapanizar" el TIPNIS, esto es organizarse como región autonoma frente al estado, sin pedir permiso al Estado. Juan Perelman y otrxs estamos proponiendo dejar de creer en el estado, confiar que de allá vendrán las soluciones, y más bien fortalecer la autonomía como pueblos, culturas e individuos. Para ello el desafio no es estructurar un nuevo EZLN, sino organizar el territorio en los temas de su vida cotidiana que interesen a los pueblos del TIPNIS y estructurar redes de solidaridad y apoyo mutuo con la sociedad boliviana y el mundo.