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miércoles, 30 de octubre de 2013

Gustav Landauer

Merece la pena que nos detengamos en la figura de Gustav Landauer, al que ya mencionamos de pasada en la entrada anterior. Un hombre de gran actividad intelectual y militante, que fue capaz de elaborar un pensamiento social propio de forma sólidad y coherente, y que trabajó hasta el fin de sus días por sus convicciones de emancipación de la humanidad, algo por lo que será vilmente asesinado.
 
Gustav Landauer, como ya dijimos, era un hombre de múltiples facetas y de conocimientos impresionantes. Sus influencias eran variadas, como corresponde a un librepensador: Spinoza, Schopenhauer, Ibsen, Nietzsche, Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Tostoi…; también incidieron en su pensamiento el Garden City Movement de Geddes y el Arts and Crafts Movement de Ruskin. Así, llegó a elaborar una filosofía social propia, así como una teoría revolucionaria. Landauer perteneció a una familia judía de clase media en una región con un largo historial de inconformismo social, en la que también nacieron y se formaron otras dos importantes figuras anarquistas: Johann Most y Rudolf Rocker. Si uno de los primeros empeños de Landauer fue la lucha contra el incipiente Estado alemán, militar y centralizado, no fue menor su oposición al socialismo igualmente centralizado y estatista que promovía el partido socialdemócrata alemán.

En 1892, fue uno de los organizadores en Berlín del grupo Die Jungen, al que también perteneció Rocker una vez fuera expulsado del partido socialdemócrata; asumió la labor de editor de la revista del grupo, El socialista, desarrollando en ella una feroz crítica al socialismo autoritario; el objetivo era, en la línea anarquista de Bakunin y Kropotkin, sustituir el Estado por una federación de comunas autónomas organizadas desde la base. Su visión histórica era igualmente ecléctica, de tal manera que no poseía la habitual rigidez marxista sobre la lucha de clases como motor histórico; tenía en cuenta también la voluntad de poder en el desarrollo de la civilización y admiraba aquellos ejemplos del pasado de comunidades descentralizadas. Landauer sería expulsado en 1893, junto a Rosa Luxemburgo, de la Segunda Internacional de Zurich; también lo fue en 1896 del Congreso de Londres, junto a Malatesta y Domela Niewenhieus, y esa sería la última vez que los anarquistas intentaran entrar en las sesiones de la Internacional Socialista.

Será en el mismo año 1893 cuando Landauer publique su novela El predicador de la muerte, aunque no podrá continuar su actividad literaria al ser condenado a prisión por sus textos subversivos en El socialista, publicación que también será temporalmente suspendida. Sus ingresos en la cárcel serán continuos, lo que no impedirá que continúe publicando en El socialista hasta el fin de la década; la revista adquirirá notable prestigio intelectual, aunque el discurso filosófico de Landauer no terminará de llegar a la clase trabajadora y a los más humildes. Con algunos intentos de cambiar de línea, la publicación cerrará definitivamente en 1899. Si hasta ese momento, su claro referente había sido el anarquismo revolucionario de Bakunin y Kropotkin, a partir de entonces recibirá la influencia de Proudhon, para él "el más grande socialista de todos", y de Tolstoi; del mutualismo proudhoniano, adoptó la noción de una banco popular para otorgar créditos baratos a los pequeños productores. Su evolución le condujo también a una concepción pacífica y gradual de la revolución; el federalismo de Proudhon, junto a la ética de apoyo mutuo de Kropotkin, le sirvió para promover comunidades cooperativas pacifistas, que resistieran al Estado de forma pasiva en lugar de llevar a cabo la rebelión armada o la propaganda por el hecho. Su visión de la huelga también adquiría tintes especiales, ya que consideraba que no suponía la interrupción del trabajo, sino su continuación para beneficio de los trabajadores autoorganizados. El Estado era para Landauer la negación del amor y de la humanidad, por lo que apeló a intelectuales, trabajadores y campesinos para superar su alienación y escapar de ese sistema de coerción fundando comunas urbanas y rurales.

Por lo tanto, el pensamiento de Landauer evolucionó hacia la negación del socialismo como la irrupción violenta de algo nuevo, ya que consideraba que se traba de algo ya presente que había que desarrollar, una especie de "sociedad alternativa" o "contracultura" que podía servir de ejemplo a otros para extender la transformación social. También se ha dicho que Landauer recibió la influencia, con esta concepción, de Étienne de la Boétie y su Discurso sobre la servidumbre voluntaria, según el cual las masas debían dejar de sustentar las instituciones autoritarias para fundar la sociedad libertaria. Así, Landauer creó en 1908 la Liga Socialista, un intento de iniciar esa alternativa social con grupos naturales y voluntarios; es lo que posteriormente se conocerá en el movimiento anarquista español como "grupos de afinidad"; tres años más tarde, la Liga tenía más de 20 grupos en diversas ciudades alemanas, suizas y francesas. No obstante, Landauer jamás abandonó del todo la teoría revolucionaria de masas, pero consideró con lucidez que el cambio debía ser también de índole espiritual; después de todo, el anarquismo jamás consideró la conquista del poder un objetivo, algo que puede considerarse la máxima expresión de la violencia. Respecto a su concepción de la lucha contra el Estado, merece la pena que recordemos su conocido pasaje: "El Estado es una condición, una cierta relación entre seres humanos, una forma de conducta humana; lo destruimos formando otras relaciones, comportándonos de forma diferente".

Aunque Landauer adquirió un gran prestigio en círculos intelectuales y artísticos, su oposición a la Primera Guerra Mundial, acusando a Alemania de ser la agresora, le granjeó no pocas enemistades entre sus compatriotas. Para este autor, tal como escribió ya en 1912, "La guerra es un acto de poder, de asesinatos, de latrocinios", "…la expresión más agria y clara del Estado". En 1916, escribirá al presidente Woodrow Wilson para mostrarle la necesidad de preservar la paz y fundar una asociación de naciones para controlar las armas y defender los derechos humanos en todo el mundo. En noviembre de 1918, estalló la llamada revolución bávara en la que Landauer tuvo un papel primordial organizando los consejos de obreros, campesinos y soldados para empezar a construir la sociedad federal en la que tanto confiaba; siempre se mantuvo fiel a sus principios, defendiendo ese sistema de consejos y cooperativas basados en la autonomía y la autogestión, denunciando el socialismo de Estado y la dictadura que estaba desarrollándose en Rusia. Desgraciadamente, aquella esperanza incipiente se vio pronto truncada por el crimen de Estado. A principios de mayo de aquel año de 1919, el ministro de defensa de Berlín mandó unidades para acaba con la revolución bávara; al día siguiente, Landauer fue arrestado y cobardemente asesinado en prisión. Su amigo Kurt Esiner, en el mes de abril de aquel mismo año, Rosa Luxemburgo y Karl Libknecth, en enero, habían sido también vilmente eliminados; junto a estas conocidas figuras, muchos otros centenares de personas fueron encarceladas, torturadas y asesinadas por su intento de crear una sociedad mejor en un momento crucial para el desarrollo de la humanidad en uno de los siglos más sangrientes e ignominiosos.

Capi Vidal
2013


martes, 16 de abril de 2013

Gustav Landauer: luchar por la libertad e igualdad



"Los hombres creen que llegará un día en que serán libres e iguales cuando hayan destruido los obstáculos que le impiden serlo, sin darse cuenta que sólo lo son mientras luchan para conseguirlo."


viernes, 18 de enero de 2013

GUSTAV LANDAUER (1870-1919) EN SUS PALABRAS

"Uno puede tirar una silla y destruir un vidrio; pero son habladores ociosos e idólatras crédulos de palabras quienes consideran al estado como una cosa o como un fetiche que se puede aplastar para destruirlo. El
Estado es una condición, una cierta relación entre seres humanos, una forma de comportamiento humano; que destruimos estableciendo otras relaciones, comportándonos de manera diferente, unos de otros”.

“Un día se darán cuenta que el socialismo[1] no es la invención de algo nuevo, sino el descubrimiento de algo en los hechos presente, de algo que ha crecido”.

"Somos el estado, y continuaremos siendo el estado hasta que hayamos creado las instituciones que formen una comunidad y sociedad real de hombres”.

"...La realización del socialismo es siempre posible si un número suficiente de gente lo quiere. La realización depende, no del estado tecnológico de las cosas, a pesar que el Socialismo cuando se lleve a cabo por supuesto que parecerá diferente y se desarrollará diferente de acuerdo al estado de la técnica; depende de la gente y de su espíritu... El Socialismo es posible e imposible todo el tiempo; es posible cuando la gente adecuada está allá para quererlo y realizarlo; es imposible cuando la gente sea no lo desea o solo supuestamente lo desea, pero no son capaces de hacerlo”.


“Mi casa, mi esposa y mis hijos – mi mundo! En este sentimiento, en esta solidaridad exclusiva, esta unión voluntaria, esta pequeña y natural comunidad, todos los organismos más grandes emergen."

“La sociedad capitalista, representada por el estado actual, se adapta maravillosamente a las condiciones cambiantes, integrando al proletariado a través del desarrollo de la legislación social causando su degeneración, más que orientarla a una sociedad socialista. Por el contrario absorbe a los socialistas, haciendo su ideología superflua”.

“La forma básica de cultura socialista es la liga de comunidades con economías y sistema de intercambio independientes. La sociedad es una sociedad de sociedades.”

“El enorme peligro está en que el caos y la imitación se apoderen también de los revolucionarios y los conviertan en filisteos del radicalismo, de la palabra sonora y de la conducta violenta; en que no sepan o no quieran saber que la transformación de la sociedad sólo puede operarse en el amor, en el trabajo, en la calma.

“…no hay que edificar el nuevo mundo con las causas de los hombres, sino con ellos mismos.”

“Y ese Estado, que por lo demás no es nada, y que, para ocultar ese nada, se viste engañosamente con el manto de la nacionalidad, y esa nacionalidad, que es una cosa delicada, espiritual entre los hombres, mixtificadoramente ligada a una comunidad de tierra, que no tiene nada de común y que no existe; ese Estado, pues, quiere ser un espíritu y un ideal, un más allá, un algo incomprensible, por el cual millones han de matarse entusiastamente y embriagados de muerte

Y como nosotros no tenemos que contribuir aquí a la adulación villana y artera del proletariado; como el socialismo quiere suprimir al proletariado y, por. tanto, no necesita encontrar que es una institución singularmente benéfica para el espíritu y el corazón de todos los afectados (para las naturalezas grandes y dotadas aportará ciertamente, como toda penuria y todo obstáculo, un cargamento pleno de beneficios; y es de esperar siempre que la privación y el vacío interior, que son una especie de disposición y de colmabilidad, de receptividad de carga, llegado el gran momento conducirá n a masas enteras al salto cerrado, a la genialidad de la acción), por eso debe decirse aquí una vez más: puede venir sobre el proletariado como sobre cualquier pueblo el milagro, es decir el espíritu, pero con el marxismo no ha llegado el milagro pascual ni el fenómeno de las lenguas, sino la confusión babilónica y la flatulencia, y el profesor proletario, el abogado proletario y el jefe de partido; esa es la verdadera caricatura de la caricatura que se llama marxismo, la especie de socialismo que se tiene por científico.


Pues la tarea es ésta: no desesperar del pueblo, pero no esperar al pueblo. El que satisface al pueblo que lleva dentro, el que por ese germen no nacido y esa forma apremiante de la fantasía se une con sus iguales para convertir en realidad lo que se puede llevar a la realización del cuadro socialista, ése se aparta del pueblo para ir al pueblo.

Publicado originalmente en el Boletín de la Sociedad de Amigos contra el Estado (2012). Volumen 2, No 3. Pp 6-7.



[1] Landauer utiliza indistintamente socialismo como anarquismo.