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miércoles, 13 de diciembre de 2023

LAS DOS CARAS DEL FOLKLORE Jorge Agrícola (con prólogo del editor)

 

Los Tiempos, 26/III/1989

 Prólogo del editor

Cuando el grupo folklórico de fusión, de origen orureño, Khonlaya, llegó a Cochabamba, pocos lo conocían; probablemente la creciente movida de la música autóctona, u orureños como el poeta Álvaro Antezana, quien los promovió en los círculos culturales locales.  El año 1989, actúan en Cochabamba, y Jorge Zabala publica “Las dos caras del folklore”, donde hace una reseña histórico musical del grupo y su concierto, a partir del cual se puede inferir una  peculiar lectura del mestizaje.

 Zabala es atento a Khonlaya, como banda que conecta culturas, tradiciones musicales, como medio de modernización/liberación musical. Es un "contacto cultural", entre el rock con las "raíces mágicas de su producción…lanzar al espacio lo que ya fue para estar en lo que va a ser". La tradición andina- es lo estático de la cultura, representado en el charango; mientras, el rock, la música urbana sería lo dinámico, el cambio, expresado en la guitarra. Son las "dos caras" del mestizaje folklórico, afirma Zabala. Extendiendo la noción, diríamos son las dos caras de la cultura mestiza.

 Ironiza con la condena pública (definida como engañosa impostura") que recibió una obra de teatro, "Matrimonio aymara", donde los Khonlaya fusionaban danza, música, incluyendo “folklore moderno”. Ninguno de los asistentes encontró lo que buscaba; mientras los europeos buscaban con "lujuria" "el pasado andino", los bolivianos con su “nostalgia del Rock". A los amantes de la "pureza" cultural no les agrada el mestizaje, las mezclas.

 La fusión musical de Khonlaya, abre la posibilidad, nos dice Jorge, de "una liberación del folklore" de los "formalismos" musicales. El mestizaje abre, sacude los encasillamientos y resentimientos culturales. La música tradicional andina como dispositivo para, al mismo tiempo recuperar el pasado y conectar con el futuro. De hecho, destaca los medios de esta difusión: occidentales, como el teatro, poesía y pintura. Al principio, la entrada, es la música andina, luego la "música urbana", como entradas, pero el fin es el mismo.

 El escritor cochabambino, pero nacido en Oruro, denomina"música sincrética" o "folk rock", al estilo de este grupo. Afirma que le gustaron los Khonlaya, “estos profesores de la melancolía aymara, que tiene los ritos circádicos[1] de la noche y el día y todos esos azares de las alturas”.

 La “melancolía aymara” de Khonlaya, genera en Zabala una mezcla de sentimiento de “sabat andino” y “aquelarre altoperuano”. Que mejor muestra de la fusión musical y cultural. El tema “Encuentro” sintetiza este mestizaje, donde “Oriente y Occidente, abren puentes para un encuentro que es una utopía, pero ¡ay¡ en la fabulosa tierra de nadie”.

El mestizaje que propone Jorge Zabala, tiene un matiz frente al mestizaje "ch'ixi" de Silvia Rivera Cusicanqui. En Rivera, la base discursiva es la matriz indígena. En Zabala, se incorpora lo blanco, lo k'hara, lo occidental, en una síntesis, esto es, una dialéctica serial proudhoniana[2].

 Carlos Crespo Flores.  INCISO - FACSO

Diciembre 2023

 

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 El grupo Khonlaya -que podemos llamar los hijos del trueno- fue iniciado en la música autóctona en La Paz, con el fin de arrojar luz sobre el pasado y futuro de la cultura andina a través de recitales de poesía, representaciones teatrales y exposiciones pictóricas de la propia tierra.

Después tuvo un viraje marcado hacia la música urbana, sin por eso pierda su acento andino. Comprendió que debía buscar un “contacto cultural” con las influencias de ultramar, sin por ello negar las raíces mágicas de su producción, para en el choque buscar una liberación musical. Se trata de lanzar al espacio lo que ya fue para estar en lo que va a ser. Lo estático se torna dinámico y lo dinámico se torna estático en las dos caras del folklore mestizo del charango y guitarra acústica de Javier Melgarejo.

Participó en el festival de música y danza de Tacna del Perú en 1979, compartiendo el primer premio con Chile y Perú. Estuvo en el Ateneo de Caracas el 81’ con “Matrimonio Aymara” y la puesta en escena de Jaime Sevillano. Esta obra se dio en La Paz con una incursión en el “folklore moderno”. Estos experimentos no dejaron de provocar condenación en el ambiente musical -fueron vistos como una engañosa impostura. Tanto en los europeos que tienen una lujuria con el pasado andino, como en los bolivianos que sienten una “nostalgia del Rock”, cual prisioneros de algún espejo ajeno. Más allá de altaneras poses intelectuales conservadoras o revolucionarias, lo que cabe es señalar que los músicos, son “cazadores del sentido” que buscan una liberación del folklore de su mala fe o inautenticidad, lejos del doblez propio de formalismos musicales.

El grupo Khonlaya se presentará en vivo el miércoles 29 y el jueves 30 en la Casa de la Cultura, para mostrar las creaciones que despertaron controversias interminables. Estará también en el Pub y en un festival mundial en Lima, Perú, después. La portada de sus discos estuvo a cargo del pintor paceño Diego Torrez. Muchas de las composiciones del disco Khonlaya corresponden a los guitarristas Jorge Komori y Javier Melgarejo y las llamaremos aquí “música sincrética” o una combinación de “folk-rock”.

Nos gustaron estos profesores de la melancolía aymara, que tiene los ritos circádicos de la noche y el día y todos esos azares de las alturas. Nos sentimos en un sabat andino, poseídos por el olor negro de sus brujas encantadas por un aquelarre altoperuano, por estas cosas y contracosas del Nuevo Mundo.

En “Ilusión Herida” con la voz de Jorge Rivero, el arreglo excepcional de O. Córdova en “El Encuentro”, el gesto épico de “Sobre el camino” y el aire milenario de la “Plegaria a la Oscuridad”. En la otra cara de Khonlaya nos agradaron los coros en los que participa Jenny Cárdenas, libres ya de equívocos radiales, donde Oriente y Occidente, abren puentes para un encuentro que es una utopía pero ¡ay¡ en la fabulosa tierra de nadie.


[1] Circádico. CIRCADIANO. Perteneciente o relativo a un período de aproximadamente 24 horas. Se aplica especialmente a ciertos fenómenos biológicos que ocurren rítmicamente alrededor de la misma hora, como la sucesión de vigilia y sueño (RAE).

[2] La dialéctica serial es un método lógico y una noción filosófica, desarrollada por Joseph Proudhon. Afirma que las antinomias (tesis y antítesis) no se resuelven por medio una síntesis superadora de ambas, sino se complementan mutuamente generando un equilibrio sin perder cada una su autonomía y contradicción de la otra.



jueves, 27 de octubre de 2022

La juventud universitaria de Cochabamba en los 80’s, según la novela Muerta Ciudad Viva CARLOS CRESPO FLORES (INCISO/FACSO-UMSS)

Ya no soy el universitario
ahora soy un vagabundo
con mi canto alegraré a todo el mundo
con mi canto a todos haré caer

La novela Muerta ciudad viva, de Claudio Ferrufino es una excelente etnografía de la sociedad cochabambina de principios de los 80’s, incluyendo la juventud universitaria, y un buen ejemplo de literatura que puede ser leída con ojos sociológicos. En esta oportunidad quiero detenerme en la imagen de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), donde el escritor cochabambino estudió, pero más que todo amó y bebió intensamente.

 Un día, el protagonista llega a la UMSS por el lado de “un parque a dos cuadras de Economía”. Debe ser la conocida como plazuela El Triángulo, ubicada en la intersección de las calles Ricardo Terrazas, Armando Méndez y Av. Oquendo (IMAGEN 1): 





IMAGEN 1. Plazuela de El Triángulo, hoy. Como en los 80’s, aun acoge a alcohólicos de la zona.

 “Entro por el portón de atrás. En las canchas de fulbito nunca faltan jugadores. Cruzo por el comedor universitario. Cartelones de toda índole presentan candidatos para mil y una elecciones. Marx, Lenin, Trotski, rostro pegado a rostro, dan prueba de la vitalidad de la Cuarta Internacional. Un Che eternamente joven (jamás nadie podrá hablar de un Che viejo) va quedando cubierto por propaganda de diverso tipo. Mayormente política, pero también de cursillos de computación, kermesses de beneficio, y anuncios de clases de recuperación de matemáticas y física para los que se aplazaron en el examen de ingreso” (pp. 83). 

El joven universitario enamorado continua la caminata hacia la facultad de Humanidades, donde “los eucaliptos de cincuenta metros guardan unas aves extrañas en sus copas. No existen en otro lado. Zancudas por lo grandes digo en ornitología básica” (pp. 84). Llega a la carrera de Lingüística: “escalones, pasillo, más escalones. Puerta a la derecha, puerta a la izquierda. Suena, chirría y asciendo” (pp. 84) (IMAGEN 2). Allá dejará un poema a la mujer amada, de donde saldrá hacia la “Plaza Sucre, Avenida Oquendo” (pp. 84) (IMAGEN 3). 



 









 

IMAGEN 2. Una tarde de septiembre del 2022. Los pasillos y gradas que llevan a las oficinas de la carrera de Lingüística, donde el héroe trágico de la novela dejará un poema a su amada, a principios de los 80’s. 

 

IMAGEN 3. La salida de la Facultad de Humanidades, donde funciona la carrera de Lingüística, hacia la plazuela Sucre, en la actualidad.

 Son radicales las transformaciones del paisaje descrito por Claudio. Las canchas de fulbito de Economía eran míticas, por el tipo de asfalto (durísimas para las lesiones) y los apasionados campeonatos universitarios que se llevaban a cabo. Sobre ella, han construido un horrible edificio facultativo (IMAGEN 4).

 

IMAGEN 4. Edificio de la facultad de Economía, que ha sustituido a las míticas canchas de fulbito y básquet.

 El comedor universitario, en esa época muy politizada por la influencia de estudiantes de las minas, era un lugar importante en la escena estudiantil local. Hoy, continua ahí (IMAGEN 5)

IMAGEN 5. De fondo, el comedor universitario en la actualidad. En primer plano, la ruta que siguió el protagonista de la novela, hacia la facultad de Humanidades. 

Solo queda un eucalipto de los descritos (IMAGEN 6) y las zancudas han cambiado de hábitat.

IMAGEN 6. El único eucalipto, de la variedad globulus, en el campus central de San Simón, que ha quedado de los señalados en la novela. 

El “Che” y otros líderes políticos que solían estar pintados en el muro de la calle Jordán, de ingreso a la universidad, han sido tapados por los puestos de comercio y kioscos (IMAGEN 7)

IMAGEN 7. El ingreso a la UMSS, por la calle Jordán, lugar de los murales descritos en la novela, cubiertos por el creciente comercio informal.

 Los anuncios de cursos y eventos perviven, pero ya no se observan los afiches izquierdistas; los trotskistas están semidesaparecidos del escenario político sansimoniano y los guevaristas (junto con el resto de la izquierda oficial) son parte del gobierno plurinacional.

 En otro momento de la novela, cuando “Cochabamba estaba radiante de sol (y) la universidad hervía de estudiantes” (pp. 92) el protagonista está leyendo en un banco de San Simón”, donde observa “miríadas de estudiantes (que) pasaban delante de las oficinas de la federación universitaria” (pp. 92) (IMAGEN 8). Seguramente se refiere al ingreso antiguo por la calle Sucre (IMAGEN 9).  

IMAGEN 8. El abandono que evidencia el edificio de la Federación Universitaria Local (FUL) y su entorno inmediato refleja la pérdida de importancia que tiene actualmente la organización estudiantil. Reducida a un espacio de poder de las autoridades, solo repite el guion oficial. 

IMAGEN 9. En los 80’s, el ingreso por la calle Sucre esquina Oquendo, era el más importante. Había unas bancas, donde nuestro protagonista leía. No existen más y este ingreso ha sido cancelado. 

La universidad ha sido un espacio de amores y desamores estudiantiles. Intensos en muchos casos, como si la vida se nos fuera en ella. Y Claudio sabe mucho de aquello. Es en unas “escaleras de la universidad” donde se atreve a conversar con una de sus pasiones, para terminar en un “eucaliptar donde nos juntamos abruptamente como animales” (pp. 22)[1]. En otra escena, un día que había retornado a la universidad “luego de haber perdido ya el semestre” (pp. 120), la enamorada le comunica que no va más, y, pensando en ella, expresa su temor: “la tarde en que pasarás a mi lado en la universidad ignorándome” (pp. 154). 

Los intelectuales y universitarios de la época eran seducidos por la política, el poder, a veces con un fanatismo de sello judeo cristiano. El escritor los conoce: “Hombres ilustres, según decían, poblaban nuestro entorno universitario. Cada quien aspiraba no menos que a la presidencia, o a un martirologio del cual se hablaría por generaciones en los libros” (pp. 17). El protagonista, a diferencia de las tendencias políticas dominantes de la época, consideraba las movidas políticas como parte del “embuste que siempre han sido izquierdas y derechas” (pp. 92). Para el alter ego de Ferrufino, la jerga revolucionaria universitaria era “un mero atajo hacia un arribismo descarado, amén de mujeres y prestigio” (pp. 159); duda que “alguno” de sus defensores “llegue a empuñar otra arma que no sea su miembro para mear; incluyo a las mujeres. Arte del pavoneo. Bebida gratis. Promiscuo equivale a socialista en esta jerga universitaria” (pp 159).

 Él y sus amigos son escépticos del ambiente de “cambio social” imperante en la época:

“No cambia. Y hablando del futuro, entre nosotros somos pesimistas de que algo vaya a cambiar. En la universidad por el entorno febril de los estudiantes a ratos creo que sí. Pero andando por el barro y oyendo a borrachos o moribundos farfullar en los callejones estoy seguro de lo contrario” (pp 109).

 “Ir al pueblo”, decían los populistas rusos, mientras los universitarios de izquierda en Bolivia hablaban de “la universidad al servicio del pueblo”. Nuestro héroe ironiza tal sentimiento cuando se abraza y besa en la boca con un músico del valle, “…culminando el precioso encuentro de los jóvenes universitarios con su pueblo” (pp. 18).  

Pero, la universidad también ha sido un espacio donde los jóvenes sin trabajo, y sin esperanza de conseguirlo, pueden mantenerse ad infinitum. Claudio y sus amigos estaban al corriente:

“Ninguno trabaja. Si quisiéramos, tampoco. Matamos las horas con picadas de fulbito. Estudiamos en la universidad ¿qué joven boliviano no lo hace? La universidad como colchón de aire que amaina el golpe de encontrarse con un país sin opciones. Venga, a por alcohol, que otra cosa no hay que hacer” (pp. 57).

 En los 80’s, un boliche de cerveza donde se reunían los universitarios con plata, principalmente docentes y administrativos, era el Anexo América, de la calle Bolívar. Es el lugar donde el protagonista se cita con sus amigos, “a donde solíamos ir cuando Raúl cobraba en la universidad. Chop. Delicioso chop, sin gas, posible de beberse por litros sin hincharse” (pp. 124) (IMAGEN 10).

IMAGEN 10. El América, hoy, no tiene nada que ver con el otrora restaurant con pasto y arbolado. Otro indicador de la decadencia urbana de la ciudad de Cochabamba.

 Ese periodo, las universitarias de clase media, principalmente de clases medias, muchas de ellas “chicas bien”, gustaban del radicalismo izquierdista y del exotismo de la borrachera con los “progres”, antes de volver al rebaño familiar y de clase. Ferrufino duda de ellas:

“Yo miro a una muchacha universitaria extasiada del ambiente. Esta mierda significa su ida al pueblo. Dormirá mejor creyendo formar parte de una élite pensante y destinada a mandar. Abrirá las piernas a otro compañero de clase de origen dudoso. Con ello volverá a sentir que sus pasos en la vida tienden a memorables, que habrá conocido el vientre de Leviatán y lo habrá deglutido antes de que el monstruo la devore” (pp. 110). 

Mientras entre los sectores populares, estudiar en la universidad era la posibilidad de mejores ingresos, pero también ascenso, reconocimiento y estatus social. Hoy, lo es menos, pues hay otras maneras de lograrlo. Aunque, en una sociedad judicializada, la imagen reverenciada del abogado es lo que pervive. Ferrufino lo recuerda: “los universitarios se consideraban una casta apreciable. A muchos les gustaría ofrendar a sus hijas a los brazos de profesionales por venir, tal vez el único camino de movilidad social disponible” (pp. 171). Haber estudiado en la universidad como signo de estatus, de intentar salir de su clase popular, lo vemos es una escena de chichería, donde un profesional, borracho, “licenciado entre licenciados, con cerveza y botellas de San Pedro, caído por el alcohol en el segmento de clase que quiere olvidar y de donde proviene la mayoría. Yo no soy chusma, repite, soy doctor universitario…” (pp. 66).

 “El libre acceso a las universidades”, se halla entre los argumentos del “discurso moral” que un funcionario de la oficina estatal de protección al menor, haciéndose pasar por abogado, esgrime ante la dueña de un burdel clandestino, junto a “la necesidad de cambiar las estructuras del país, afianzar la educación, permitir y proveer de trabajos que permitan la subsistencia” (106). Al día siguiente, los amigos comentaban “sobre la incursión de la noche anterior en el lupanar. Irónicos, reímos de nuestros títulos universitarios, como si uno se pasara las horas y devorase los libros para conseguir un culo de alquiler” (pp. 110). 

Si bien el paisaje del campus se ha transformado, con el crecimiento de infraestructuras cementadas y la reducción del arbolado antiguo, este retrato pesimista de la universidad pública cochabambina se ha modificado muy poco; las pasiones estudiantiles y sus excesos etílico sexuales continúan, el autoritarismo de políticos y autoridades se reproduce como la hiel, la calidad académica no ha mejorado, por el contrario. Parafraseando a Silvia Rivera, hoy la universidad es un espacio de las apariencias: hacer como si se enseñara y se estudiara. El protagonista de Muerta ciudad viva, estaría de acuerdo con Cesar Soto, cuando define a la UMSS como la “universidad zombi”. El desierto se expande, camaradas.


[1] “De los árboles, no sé si de ellos o de los cercanos álamos, copos blancos volaban por el aire dando al pecado color angelical” (pp. 20).

martes, 14 de junio de 2022

GENTRIFICACIÓN VERDE EN EL PARQUE FIDEL ANZE Y CICLOVÍA NORTE[1] Carlos Crespo Flores INCISO/FACSO-UMSS

Cala Cala, Queru Queru, son dos tradicionales barrios de la ciudad de Cochabamba, que se han transformado radicalmente, desde el 52’. Las memorias autobiográficas de Germán Díaz, sociólogo cala caleño, “Gotas de piel sin asfalto”, retratan la identidad y territorialidad cala caleña. Ya Adela Zamudio, en su cuento “Violín y Guitarra, mostraba las disputas amorosas y espaciales, entre Cala Cala y Queru Queru (Zamudio, 2021: 214.229).

 En esta zona se encuentra el parque Fidel Anze, y ha sido parte de también de un largo proceso de gentrificación: hasta los 50’s una zona de agricultores piqueros, que aprovisionaban con verduras frescas a la ciudad (conviviendo con casa de campo y quintas), que paulatinamente fueron vendiendo sus propiedades a las nacientes urbanizaciones, promovidas por la alcaldía municipal y su plan regulador, acelerado a partir de los 80’s (ver Crespo, 2021).

 Hoy la zona es de las mejores urbanizaciones cerradas, condominios y de casas lujosas, en la ciudad de Cochabamba. Por acá atraviesa la ciclovía Norte.

 La gentrificación es una forma de segregación. En el presente texto, me interesa problematizar los corredores biológicos urbanos (CBU), tema de la investigación en curso en la red de Biodiversidad de la UMSS, desde el concepto de gentrificación, y específicamente desde la llamada GENTRIFICACIÓN VERDE.

 La Gentrificación verde es el proceso de desplazamiento espacial (o simbólica), de poblaciones locales antiguas, de menores ingresos, por sectores de clase media y alta, producto del mejoramiento, recuperación, rehabilitación ambiental, de una zona o espacio verde.

 En que medida, el mejoramiento del parque Fidel Anze y su entorno, incluyendo esta parte de la ciclovía Norte, su recuperación ambiental, ¿ha profundizado la gentrificación verde?

El parque Fidel Anze y su entorno de la ciclovía, es considerado parte de un corredor biológico urbano, que debe ser conservado y protegido. Al mismo tiempo, es preciso tomar atención que los proyectos de mejoramiento ambiental de estas áreas verdes, no profundicen la ya existente segregación.

 Esta área verde es un referente de las luchas ambientalistas locales. Los vecinos, con apoyo de ambientalistas como No a la Tala de Árboles en Cochabamba, lo han defendido para manener su carácter de parque, frente al intento de la Alcaldía Municipal, por implementar una cancha deportiva. Con la acción colectiva, se ha (re)forestado el área.

 

Paradójicamente, la recuperación del área verde y su mejoramiento forestal, reivindicado por ambientalistas y vecinos, ha profundizado, directa o indirectamente, la gentrificación del lugar. Se observa una fiebre por construir edificios y casas de lujo.

 





 Actualmente, el m2 en el parque Fidel Anze y su entorno, puede llegar a costar hasta 1000 $US, constituyendo, junto con el parque Lincoln (otro espacio verde protegido) y la Avenida América[2], entre las más caras y exclusivas de la ciudad. Por tanto, estamos hablando de una zona segregada y gentrificada.

 La profundización de la gentrificación asociada al mejoramiento del área verde, en el parque Fidel Anze, se ha observado, cuando, luego de haber sido recuperado el área, originalmente una cancha deportiva de tierra, que debía ser cementada por la HAM, alrededor de ella se ha incrementado la construcción de edificios[3].  Paradójicamente, los vecinos antiguos utilizaban la cancha deportiva intensamente, con campeonatos barriales; asimismo, era el lugar de celebración religiosa barrial de una virgen. Con la consolidación como espacio arborado, todas estas actividades han desaparecido; “ya no hay vecinos antiguos”, afirma un antiguo residente[4].

 Que hacer en este caso? Cual es más importante, el arbolado o el área verde[5]? El espacio verde protegido, con los servicios ambientales que brinda, no solo al barrio, sino a la ciudad, o la cancha deportiva, como tradicional espacio de socialización local? Era posible conciliar ambas escalas y funciones del área, como recomendaría el enfoque multicriterial de una urbanización inclusiva, abierta y flexible? Richard Sennett diría más plazas, menos aparcamientos, más árboles. Todo ello, orientado a reducir la gentrificación.

 


Pero, hay un matiz en la gentrificación nuestra. El sociólogo chileno Francisco Sabatini destaca la importancia de tomar en cuenta los matices y diferencias en la gentrificación de países no anglosajones (regiones donde emergió el concepto y se realizaron los principales estudios), con otras tradiciones culturales (Sabatini, et.al. 2017). Afirma que el mestizaje en nuestros países brinda un aspecto particular a la gentrificación. Es el caso de Cochabamba, sin duda. Para Sabatini, la gentrificación por estos lares, debido entre otros factores al mestizaje, no tiene el carácter de exclusión social radical, en muchos casos racializada, que se evidencia en los barrios norteamericanos o ingleses.

 En el parque Fidel Anze, a pesar de sus rasgos de gentrificación, se observa una lavandería popular, donde gente de escasos recursos lava su ropa (o para otras personas, como fuente de ingreso- probablemente de los vecinos del entorno):


En la ciclovía, parte del entorno del parque Fidel Anze, existe mucha actividad, aun en la noche. Circula gente de sectores sociales populares, para hacer sus actividads, como el señor de la foto. No solo "jailones" o brasileros, sino otros sectores sociales también acceden a la ciclovía. Ello matizxa la gentrificación.





Asimismo, en la esquina de la ciclovía, vemos una señora vendiendo pizza para los borracohs que llegaran más tarde noche, o los jóvenes.


Concluyo. La recuperación del área verde, la existencia de la ciclovía, ha continuado una historia post 52’ de gentrificación verde, desaplazando las culturas/identidades barriales locales, profundizando la segregación espacial urbana; a pesar de ello, se obsevan intersticios de acceso, uso por parte otros sectores sociales, matizando la lógica de radical exclusión social en los casos anglosajones de gentrificación.

 

Referencias bibliográficas

Crespo Flores, Carlos (2021) Segregación espacial y conectividad de hábitats en la ciclovía Norte de la ciudad de Cochabamba. Ponencia al I Congreso de Urbanismo. 29 pp.

 Díaz, Germán (2021) Gotas de piel sin asfalto. Memorias de un llajtamasi. Cochabamba: s/e.

 Sabatini, Francisco, et.al. (2017) Promotores inmobiliarios, gentrificación y segregación residencial en Santiago de Chile. Revista Mexicana de Sociología 79,2: 229-260.

 Zamudio, Adela (2021) “Violín y Guitarra”. En Obra Reunida. La Paz: Vicepresidencia del Estado Plurinacional. Pp 214-229.



[1] Imágenes tomadas la noche del 27-V-2022

[2] Director de la inmobiliaria JAPEBU, comunicación personal.

[3] Renato Crespo, sociólogo ambiental residente en la zona. Comunicación personal.

[4] Marcelo Herbas, arquitecto, docente UMSS. Residente local. Intervención en conversatorio “Energía, vivienda y cambio climático”. IIACH-UMSS. 2022.

[5] Agradezco a Raquel Crespo, arborista urbana, por ayudar a construir los argumentos de este acápite.

domingo, 30 de enero de 2022

VISCERAS Y MARGINALIDAD EN MUERTA CIUDAD VIVA Carlos Crespo Flores

 Las vísceras de animal forman parte de la gastronomía local valluna. Originalmente parte de la dieta de los pobres urbanos, hoy se ha popularizado, a través de los platos “mañaneros” principalmente, como las rangas, riñones (para curar la resaca), el asado de riñón, o en la tarde noche las “tripitas”.

 Como muestran las imágenes actuales, el espectáculo de las vísceras en el ingreso a los mercados de nuestra ciudad es brutal, y ha sido crudamente retratada por Claudio Ferrufino, en su novela autobiográfica MUERTA CIUDAD VIVA.

 Está amaneciendo en la esquina de la Uruguay y Lanza, frente al Mercado Calatayud, donde despierta el protagonista, aun mareado, luego de haber bebido “la más infame chicha que vaya uno a saber cómo sube los pasadizos del cerro San Miguel”.

 Y lo que ve, al principio le parece una alucinación, pero era real:

“Mestizos descalzos de musculosos brazos”, abrían las compuertas de un camión, “y comenzaban a arrojar al piso entrañas de animal, cientos de estómagos, tripas, hígados, riñones, para regocijo de los canes que se abalanzaban a atrapar algo. Exceso de muerte, calor y hediondera. Supuso que venían del matadero municipal, pero no veía la intención. Aunque era sábado, pronto actividad humana llenaría el lugar, casi céntrico. Para las diez aquello estaría atiborrado de gente. Observó que de entre las casetas del mercado comenzaban a salir mujeres de mandiles ensangrentados. Carniceras, cocineras, fiambreras se amontonaron. Cuando los camiones partieron el sitio parecía el infierno. Las vísceras respiraban, hacían ruidos de aire, como vaginas que se acomodan al grosor de rugosas vergas. Casi hablaban. Las mujeres tenían contratados cargadores con herrumbradas carretillas de metal, a las que les habían añadido calaminas para ampliar el espacio y cargar mayor volumen. A mano, o con palas y ganchos, iban moviendo los restos hacia los transportes. Luego, con un peso gigantesco -se evidenciaba en las pantorrillas desnudas e infladas de los indios- las carretillas se adentraban en el mercado. Ni caso hacían de los perros. El precio que el matadero cobraba por deshacerse de esto sería nimio. (Ferrufino, 2013).

 Es la primera página del libro. Claudio entra con bolapie en la fotografía que realiza de nuestra amada Cochabamba. Es un párrafo que sintetiza de manera brillante la violencia y marginalidad de la ciudad.




IMAGEN: Descarga de vísceras, hoy, en el mercado Calatayud, esq. Lanza y Uruguay.

 

martes, 31 de agosto de 2021

El arbolado en la ciclovía de la zona Sur (Fotorreportaje VIII) Carlos Crespo Flores (INCISO-UMSS)

 La dejadez observada en el mantenimiento de la ciclovía de la zona Sur, se reproduce en el arbolado existente a lo largo de la ruta. En el presente texto/imagen daré unas pinceladas respecto al estado de conservación de los árboles. 

Acostumbrado al paisaje de la ciclovía en la zona Norte, lo primero que llama la atención es la escasez de arbolado en toda la ciclorruta de la zona Sur.

Imagen 1. Es evidente la incipiente cantidad de arbolado en esta ciclovía 

En el tramo Tamborada hay algunos ejemplares de copa alta, como estos solitarios eucaliptos.





Imagen 2. Eucaliptos en el tramo Tamborada 

Abajo, un eucalipto maltrecho y enfermo; mientras, a su sombra, un molle hace esfuerzos por sobrevivir.

Imagen 3. La vida se reproduce a pesar de todo. Un pequeño molle arañando vida acostado a maltratado eucalipto. 

Un sauce “llorón” que valientemente parece haberse adaptado al contaminado suelo de la zona sur. Al respecto, se afirma que la variedad local de sauce, es más adecuada para el ecosistema valluno[1].

Imagen 4. Sauce llorón plantado por la HAM.

 O este joven molle, atrapado entre el cemento:

Imagen 5. Molle con el mínimo espacio para expandirse. El cemento se impone.

 Al inicio del tramo del Tamborada, se contemplan algunos olivos, seguramente plantados también por la HAM.

Imagen 6. Planta de olivo en crecimiento

 En la Av. Panamericana la situación es aún más precaria. Son contados los árboles que logran sobrevivir a la incontenible intervención antrópica, y al poco espacio que se destina para su crecimiento:





Imagen 7. Izquierda: Av. Panamericana; palmera y naranjo con fruto, encerrados por el cemento. Derecha: palmera ahogada.

Se han realizado algunas actividades de arborización, con resultados mixtos. Hay algunos individuos que han logrado sobrevivir:





 





Imagen 8. En el paisaje del tramo Tamborada, son pocas especies que han sobrevivido de las plantaciones los últimos años, por parte de la HAM.

 En general, las plantas han muerto por falta de riego, rotura del tallo, escasa atención por parte de la alcaldía municipal. Una combinación de olvido por parte del municipio y desinterés ciudadano, generan tales tristes imágenes.









Imagen 9. Las plantitas mueren, una a una, bajo el tórrido sol cochabambino

 Que un arbolito tenga una protección ayuda a su sobrevivencia, como se observa en este área verde con su arbolado protegido.

 

Imagen 10. Pequeño área verde arbolado por el municipio, pero con la protección adecuada que ha facilitado el prendimiento.

 Y mejor aun, cuando son los mismos vecinos quienes realizan tal acción, como se ve en la ciclovía de la zona Sur.  Evidencia que cuando los habitantes se involucran en el mantenimiento de las especies arbóreas y las áreas verdes, la conservación de la biodiversidad es más eficaz, como se observa en estas imágenes. 





 

 

Imagen 11. Solo los vecinos pueden garantizar el cuidado de los árboles y plantas en espacios de intensa actividad antrópica, como la ciclovía de la zona Sur.

 En el tramo Tamborada, hay otros espacios pequeños, que han sido forestados recientemente, con resultados de alta incertidumbre.

Imagen 12. Pequeños espacios verdes forestados, pero, sin atención, fracasan.

 

Para concluir, en este y el Fotorreportaje VII se ha analizado el estado de conservación (incluyendo el arbolado), usos y prácticas sociales en la ciclovía de la zona Sur, evidenciando que esta infraestructura es una más de las más de 20 instaladas en esta parte de la ciudad de Cochabamba, que reproducen formas de desigualdad socio ecológica y segregación espacial urbana.

 La trágica última escena de la película Chinatown (1974), donde el agente de policía Walsh le dice a Jack Nicholson, “olvídalo Jake, esto es Chinatown”; resume el estigma de violencia, desigualdad, corrupción, que tenía este barrio de Los Ángeles en los años 30’s. Es el sello por ser un barrio o zona segregada: la desconfianza para circular por sus calles y espacios públicos. Por el abandono en el que se encuentra la ciclovía Sur, parafraseando al film, diremos, “al final, esto es la zona Sur”.



[1] Ariel Ayma (CISMAF-ESFOR), comunicación personal.