El Estado es una condición, una cierta relación entre seres humanos, una forma de comportamiento humano; que destruimos estableciendo otras relaciones, comportándonos de manera diferente, con uno y con el otro” (Gustav Landauer).
lunes, 27 de agosto de 2018
Conversatorio con Claudio Ferrufino Coqueugniot: “LA LITERATURA EN EL PROCESO DE CAMBIO” (Video)
Video del conversatorio con el escritor Claudio Ferrufino Coqueugniot sobre “LA LITERATURA EN EL PROCESO DE CAMBIO”. Realizado en julio 2018.
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jueves, 9 de agosto de 2018
“EL CHE … ÉL ERA UN ARGENTINO” Testimonio de Liber Forti sobre la guerrilla de Ñancahuazú (para descargar) -ACTUALIZACION-
La Biblioteca Cesareo Capriles se complace en difundir este texto basado en el libro autobiográfico "En Liber Tad". Con esta publicación esperamos contribuir a desmitificar la figura del "guerrillero heroico" y el autoritarismo del "castro-comunismo", hoy soporte dell "gran timonel" Evo Morales y el llamado "Estado plurinacional".
(ACTUALIZACION)
https://drive.google.com/file/d/1uML7RidUuUHNgqCa4OInxB-33stIZHUm/view?usp=sharing
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viernes, 27 de julio de 2018
El caracol es la casa de los ecos -Maurizio Bagatin-
No un
vago rumor o la noticia manipulada, ni la filfa, el eterno cacareo tonto, ni la
resonancia o la repercusión…
Aquí muchos lo han
conocido y pocos lo han leído…como si no hubiera existido una sociología
descriptiva, el ácido escritor se debe ensuciar con el trabajo artístico, porque
lo quiere y lo apasiona, y se introduce en
el vientre de la ballena, adonde es
necesario estar locos para ser claros (Pier Paolo Pasolini, poesía Picasso)…penetra el paraíso habitado por
diablos, el infierno de almas ya pequeños burgueses, se sumerge sin
restricciones y escribe libros, libros que pueden no ser constructivos y
serios, libros que pueden tener un solo valor, el valor literario.
El ácido escritor vive y se acerca a lo que la
gente de verdad siente…dicen que de
aquello que has amado mucho solo se escribe bien cuando lo has perdido del
todo: casas, ciudades, lugares, personas, objetos, salud, ganas (Miguel
Sanchez-Ostiz, extracto de Chuquiago).
Del hombre hay que mitificar, si existe, la
obra…su vida es otra cosa, vagabundeando alrededor del mundo o simplemente
haciéndole el amor a una mujer, tal vez sembrando cada día un árbol y admirando
el imperceptible aleteo de un colibrí…ayer el ’68, el ’77, hoy los sueños de
nuestros hijos, para muchos los de los nietos.
La literatura de Claudio es inflexiblemente
defensora de la libertad frente a los ultrajes del hombre, a los ultrajes de
las masas.
Y la literatura tal vez es esto: una exagerada
falta de inocencia que sabe muchos sobre los hombres.
Cochabamba, julio 2018
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jueves, 19 de julio de 2018
Juan de la Rosa y un mito cosmogónico valluno
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| Lucas Cranach the Elder - Adam and Eve |
Carlos Crespo Flores
En la cuenta larga del valle
cochabambino, uno de espacios más valorados y admirados por su belleza y
fertilidad ha sido la campiña de Cala
Cala. De hecho, cuando el inca Tupac Yupanki consolida este territorio para el
imperio, Cala Cala es el lugar donde construye un “pequeño patrimonio” personal,
incluyendo un aqllawasi (casa de
mujeres vírgenes del inca) y baños. Innumerables
arroyos y vertientes de agua la atravesaban, convirtiéndola en una zona húmeda
y exuberante.
Cala Cala ha sido celebrada por
poetas, cronistas e historiadores. Alcides
D’Orbigny, quien estuvo por la ciudad en 1832, la definía como “el bonito
caserío de Calacala, con sus árboles verdes, lugar de cita de los paseantes,
sitio elegido para los paseos campestres de los ciudadanos”. Julio Rodríguez, prócer de la élite local, en una biografía
familiar recordando la década de 1860, hablaba de los recorridos para “k’uquear” por las huertas de Calacala”. A
fines de 1910, el protagonista de la novela de Demetrio Canelas, “Aguas
Estancadas”, organiza una fiesta en las "suaves frondas del verdeante
bosque de naranjos de Calacala"; y describe: "Nada más bello y amable
que aquella floresta de Calacala, reclinada a las faldas de la cordillera del
Tunari”. La misma Adela Zamudio tenía una pequeña casa de campo en Cala
Cala, donde se refugiaba los fines de semana para escribir, atender a los
sobrinos y su jardín.
La magnificencia de la campiña
calacaleña impulsó a Nataniel Aguirre proponer a esta parte del valle como el
probable escenario del bíblico paraíso terrenal. En una escena de la novela
Juan de la Rosa, el protagonista, Juanito, está a punto de enfrentar a Padre
Arredondo, por sus inclinaciones a favor de los patriotas. A punto de recibir
un duro castigo, Juanito reflexiona sobre el clima y el paisaje valluno de Cala
Cala:
“¡Benditos
meses de marzo y abril! ¡De cuánta gala sabéis revestir vosotros la hermosa
tierra en que he nacido! Si los demás meses del año se os pareciesen, si a lo
menos los de septiembre y octubre no fueran tan mezquinos de lluvias y
quisieran estimularse con el ejemplo del generoso febrero, para impedir que el
sol sediento se beba toda el agua del Rocha y de las lagunas, yo sostendría con
muy buenas razones que Eva cogió el fruto prohibido en Cala Cala, aunque me
trajesen juramentado al Inca Garcilaso de la Vega, para que declarase a mi
presencia que los españoles hicieron venir de la Península el primer árbol de
manzanas; porque el Génesis no dice que fue aquel fruto precisamente una
manzana, y pudo ser una chirimoya, una vaina de pacay o cualquier otro de los
deliciosos frutos de nuestros bellísimos árboles indígenas.”
Aguirre está situando un mito
cosmogónico según la tradición judeo cristiana, en el valle, pues está
emplazando en Cala Cala el origen de la creación del mundo, otorgando a la
campiña, por tanto, un sentido más allá del tiempo histórico. Este es un mito
bioregional, pues está articulado a la ecología de la zona, y el novelista escribe
desde el conocimiento de su hábitat.
Los mejores meses del año en Cochabamba
han sido los de la temporada lluviosa, entre febrero a abril particularmente,
donde el valle, en este caso Cala Cala, se torna verde y florido; época de
abundancia de frutas, maíz, trigo, papa. Es el momento paradisíaco. Mientras
que, entre agosto a noviembre, la lluvia está ausente, la humedad disminuye y
el agua (incluyendo el del río Rocha) es escasa. Aguirre sabe y lo retrata
Respecto a la fruta prohibida,
efectivamente en Génesis 3:1-3 leemos: “La
serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahvé Dios
había hecho. Dijo a la mujer: «¿Cómo os ha dicho Dios que no comáis de ninguno
de los árboles del jardín?» Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer
del fruto de los árboles del jardín. Más del fruto del árbol que está en medio
del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.»
El texto bíblico no explicita que haya sido una manzana la fruta que sedujo a
Eva y Adán (especie introducida por los españoles, como Garcilazo de la Vega
podría atestiguar), imagen construida por el cristianismo oficial. Pudo haber
sido alguno de los sabrosos “árboles indígenas" del valle cochabambino,
como el pacay o la chirimoya.
Hoy, Cala Cala, como en el pasado, continúa
siendo una zona donde habitan las elites de la ciudad, aunque los cambios son
evidentes. La sensación de Juanito respecto a la sequedad del valle durante una
época del año, hoy es lo normal: el “sol sediento se ha bebido” las aguas
superficiales y subterráneas, las áreas de cultivo y la masa arbórea han
desaparecido en pro del cemento y la urbanización kitsch. Tal el paisaje dominante cala caleño. Solo nos queda la
memoria literaria de este hermoso mito de creación valluno.
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Juan de la Rosa
miércoles, 27 de junio de 2018
Poema de Hilda Mundy inspirado en el foot ball
Este poema es parte
del libro Piroctenia, de Hilda Mundy. En el libro Cosas de Fondo,
aparece con el título “El foot ball un deporte bíblico”. Mundy
asocia la creación del mundo, según la tradición judeocristiana,
con un partido de foot ball, con humor y sátira. Para disfrutar en
tiempos del Mundial.
IV
No se concibe la
creación del mundo sino en un match de “foot ball”.
Un match de “foot
ball” de alta técnica: punto-origen del deporte actual vulgarizado
y decadente.
El Creador bello en
su complexión robusta de atleta (no flaco y débil como visador de
cementerios) daría la patada inicial del match espectacular.
¡En qué Stadium
magistral sería su entrenaje?
En un juego movido
de cabriolas: con directo “shootazo”, colocaría al sol -balón
de fuego- al gol del cielo. Y como el contendor incógnito se
durmiera, en un empuje haría rodar veloz por el espacio, la luna
-balón de luz- entre las estrellas.
Y así seres, cosas,
astros en la infración del “outside” agitaríanse en la cancha
del universo.
El juego individual
y la simplificación del tiempo libre de cronología harían monótono
el encuentro.
Movimiento vario de
seis días.
Después de batir el
record de resistencia, con el ímpetu gastado en la formación del
mundo, débil y fatigado se pondría a descansar en el lomo rugoso de
una montaña.
Mientras su
“mánager” inter-universal comenzaría un masaje tonificante.
Frase de análisis:
“El foot-ball es un deporte bíblico”.
(1936)
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poesía.
viernes, 11 de mayo de 2018
MI CIUDAD DESAPARECIÓ
Carlos Crespo Flores
Es el título de
una conmovedora canción de la banda The
Pretenders. Chrissie Hynde, su vocalista, la escribió en 1982 luego de
regresar a su ciudad natal, Akron, Ohio, solo para descubrir que el “desarrollo”
y la cultura del automóvil, habían despojado a la ciudad de su carácter y
destruido los lugares en los que había crecido: “Volví a Ohio/Pero mi ciudad se había ido/…Todos mis lugares
favoritos/Mi ciudad había sido derribada/Reducida a espacios de parqueo”.
Es el mismo sentimiento que me acoge contemplando la
ciudad de Cochabamba, la urbe marketineada por el actual gobierno municipal
como “sorprendente” o la “ciudad de todos”. El hábitat valluno
donde crecí y amé no existe más, ha sido reemplazado por un espacio urbano
polucionado, segregado y vigilado. El Estado y el Mercado en sus ángulos mas
temibles ha llegado como una aplanadora, tranformando irreversiblemente la
campiña valluna.
Soy parte de una generación que se curtió
principalmente en la calle, el barrio, desarrollando un sentido de pertenencia
al lugar, al microespacio, por tanto una identidad local. De esta manera, se
podía hablar de los “caracoteños”, “calacaleños”, “sarqueños”, o
“jauhuayqueños”. En mi caso, provengo de la “9 de Abril” y luego del “Complejo
Fabril”. Hoy, no existen más tales identidades: la homogeneización paisajistica
kitch del cemento (“ch’ojcha”
llamaría el escritor Juan Cristobal Mac Leran) y el síndrome de desconfianza en
el “otro” en nombre de la inseguridad, han debilitado irreversiblemente la
imagen de la ciudad y sus diversas sensibilidades/imaginarios espaciales.
Lamentablemente no puedo ignorar que la población local
valluna ha aceptado la transformación de la ciudad. En una suerte de
servidumbre voluntaria ambiental, ha internalizado como un valor positivo la
destrucción paisajística: son los mismos vecinos que cortan árboles, admiten el
cementado de áreas verdes y la construcción de infraestructuras inútiles en
espacios protegidos. La tierra de los poetas Man Cesped y Adela Zamudio,
amantes de la naturaleza del valle, ha sido arrasada por sus mismos habitantes.
Más aún, los cochabambinos han caído en la adicción petrolera; ricos y pobres,
indios, cholos y criollos, asumen que el automóvil es el símbolo del progreso y
la modernidad, a la que se debe acceder (tanto que el presidente del Estado Plurinacional
lo ha considerado un derecho humano). Y cerrando la tragedia, el discurso de la
inseguridad, por tanto la desconfianza en el otro se ha impuesto: frente a la
violencia y la inseguridad se acepta incrementar los gastos defensivos, desde
la vigilancia policial barrial, pasando por las cámaras de seguridad, hasta el
autoencierro espacial, como se evidencia con el crecimiento de condominios y
barrios cerrados. El miedo es el dispositivo más eficaz para establecer una
sociedad de disciplinamiento y control.
“Volví a Ohio/Pero mi bonita campiña/Había sido pavimentada por
el medio/Por un gobierno que no tenía orgullo”, se lamenta
Hynde. Como la ciudad norteamericana, en Cochabamba hemos perdido el paisaje
que hacía exclamar en quechua al poeta Saturnino Olañeta a fines del S XIX: “Nuestra ciudad, Cochabamba,/Se aduerme al
pie del Tunari./Toda colmada de flores,/Cuán bella es nuestra ciudad.No se
conoce la pena,/Tan solo existe la hemosura/Y todos, sin que falte uno,/Viven
alegres en ella”. Sean de derecha o izquierda, liberales o marxistas,
nuestros gobernantes han sido seducidos por la ideología del progreso y “le
meteremos nomás”.
Al biólogo Francisco Varela le preguntaron alguna vez
si veía soluciones a la crisis actual, este respondió que los lunes, martes y
miécoles era optimista para encontrar salidas, pero el resto de los días de la
semana no las avizoraba y se hallaba pesimista. Hoy me encuentro en esos días
oscuros. Lo siento.
The Pretenders - My City Was Gone
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jueves, 5 de abril de 2018
FIESTA DE CAMPO -Claudio Ferrufino Coqueugniot
La gente prepara con gran afición las fiestas matrimoniales. A más pobre y más campesino, mejor. Es un acontecimiento, no una trivialidad y merece detenimiento sumado a esfuerzo. Los carpinteros preparaban un toldo inmenso que tendría que albergar a doscientas personas. Se habían cortado jóvenes eucaliptos para las columnatas que sostendrían la carpa. También se construyó una tarima para el conjunto. Contrataron a la Swimbaly, pero no la orquesta original que era inalcanzable en su precio, que tocaba para narcos y presidentes, sino a la chuta, la espuria.
Se casaban dos sociólogos amigos, gente de bien, gente de pueblo. De aquellos que a veces concedían un tiempito para interrelacionarse con nosotros, los pesados, los del vicio. El contacto estaba más a nivel estudiantil, de preparación de charlas y manifiestos, cosas que me cansaban sobremanera pero que a veces no lograba eludir. De mis mujeres al menos tres tenían eso como algo integral de sus vidas. Eran activistas políticas. Y Elina sin ser universitaria adoraba sentirse miembro y parte de la mentirosa transformación del mundo.
A ese matrimonio asistió la crema de la revolución social. Se reunieron los inteligentes e inteligentemente conversaron en altas esferas de pensamiento. Yo me dediqué a bailar. La cumbia y la cueca y hacer sentir a Elina que la amaba, y que mi cuerpo lo reflejaba apenas se acercaba a mí. Pero claro que otros venían con falso respeto a invitarla a bailar. Entre camaradas de la subversión mundial no podían existir prejuicios burgueses y accedía con sonrisa. Pero la ira iba creciendo a medida que los cócteles calentaban mi cerebro.
Comencé a portarme descarado, a bailar con otras y besar cuellos. A ignorarla. Elina no sé si con sorna o. desdén evitaba cruzar miradas conmigo. La parodial Swimbaly acometió con un taquirari pegado. Un individuo de alta filiación partidaria la atrajo hacia sí, ajustándola demasiado. Me le lancé encima y con un ladrillo le partí la cabeza. Por la herida brotaron Marx y Lenin a borbotones. Alguno quiso intervenir pero ya la bestia se había soltado y agarré un machete que los carpinteros usaron para desbastar unos asientos de tronco. La música no se detuvo. El vocalista tenía las pupilas inflamadas por la coca. No estaba presente allí, en un idílico campo de la rinconada. Estaba como yo en el país de los enanos, y Gulliver aferraba un cuchillo inmenso que acabaría con la población entera de Liliput. Nos vamos, carajo, y la estiré. Salimos empolvados por caminar media hora en rutas vecinales hasta encontrar un auto. Metí el machete por un costado y lo disimulé en el muslo. Ahora nos vamos a mi mundo, carajo, maldita, donde ninguno de tus putos comunistas asoma porque hiede, maricones.
Y dimos un raid por varias chicherías donde encontramos conocidos, recepción alegre, amabilidad. Caminamos por barrios donde hacíamos un giro para evitar a los beodos caídos. Terminamos donde nos conocimos, en los alcoholes y de cuclillas exterminamos el resto de la noche. Como era fin de semana y nacía otro domingo me fui con ella, me tiré al colchón del piso. Al querer amarla ya no pude. Me había extenuado y comprendí que mi juventud no era de tanto hierro como creía. Dormimos abrazados y ninguno de los dos sabía lo que pensaba el otro.
FUENTE: "Muerta ciudad viva". Claudio Ferrufino Coqueugniot. El País, 2013; (pp. 174-175).
Imagen: Mario Unzueta. "El resplandor del valle".
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