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viernes, 10 de noviembre de 2017

ANARQUISMO Y EDUCACION EN BOLIVIA


Carlos Crespo Flores

A principios del siglo XXI, el anarquismo goza de buena salud. Más aún, en el contexto de regímenes centralistas y autoritarios, adornados de ribetes progresistas y revolucionarios, se ha convertido en la filosofía de la acción, no solo de resistencia, sino también constructiva. Uno de ellos ha sido la dimensión educativa.

El anarquismo desde sus inicios ha considerado la educación como una parte importante del éxito del movimiento. Un libro reciente de Marcelo Maldonado, Esbozos de pedagogía libertaria en el altiplano, reconstruye la experiencia de implementación de escuelas indígenas (se habla de 51) por parte de los anarquistas de la ciudad de La Paz, organizados en torno a la central anarco-sindicalista Federación Obrera Local (FOL) y su expresión rural, la Federación Agraria Departamental (FAD), durante el periodo 1946’-47’, en el altiplano paceño, entonces bajo dominio del sistema hacendal.

Históricamente, ha existido un prejuicio casi atávico sobre los anarquistas, asociados a prácticas violentas y nihilistas; generaban un “espanto desmedido”, como señala Marcelo a propósito del sentimiento provocado desde el momento que el anarco sindicalismo se afincó en el altiplano paceño. Por ello, el experimento pedagógico de la FOL/FAD rompe con esta imagen, y evidencia la dimensión creativa, proactiva de la movida anarquista.

En su autobiografía, Líber Forti recuerda el periodo estudiado por Maldonado. De hecho, el grupo de teatro “Nuevos Horizontes”, del cual Forti era parte, apoyó activamente la estrategia educativa y cultural de la FAD: “El mismo año 1946, algunos integrantes de Nuevos Horizontes tuvieron relación, en la ciudad de La Paz con campesinos y mineros. Esa relación sirvió para que, como en el caso de la FAD, se les colaborase en la gestión cultural de ellos, de esa organización. Para ello, Oscar Vargas del Carpio, Claudio Marañón, Antonio Toro y otros más (…) publicaron algunos números del periódico de esta Federación, “Tierra y Libertad”.

Como el libro de Marcelo analiza con precisión, la sindicalización campesina en el altiplano paceño estaba articulada a una estrategia educativa. El año 1947 Líber Forti se encontraba en La Paz, trabajando como linotipista en el periódico La Razón; el militante ácrata recuerda que “en el altiplano…, el concepto de sindicato fue asociado al de escuela...había mucho interés en que los niños campesinos tuvieran educación...”.

La sede sindical campesina compartía ambientes con la escuela, con todos los bemoles que ello suponía: “….se dieron casos en que los mismos campesinos construyeron una habitación, ahí en el campo, que en el día y para los niños fuera escuela, y de noche para los campesinos, sindicato. Fue realmente importante...y ellos, los campesinos decidieron que en esa habitación, cuando se hicieran las reuniones del sindicato en las noches, no se fumaría porque el olor del tabaco quedaría impregnado...entonces iba a molestar a los chicos durante el día, en sus clases”.

El colectivo artístico de Líber Forti fue parte de los que elaboraron los contenidos y material didáctico para estas escuelas: “...entonces, se trataba de que los niños campesinos aprendan a leer y escribir y...este...había que hacer algunas cartillas. Y las hicimos pues, los integrantes de Nuevos Horizontes, los hicimos”.

Son posibles experiencias como del 47’, hoy? Las aventuras pedagógicas libertarias del altiplano paceño fueron posibles, no solo por la capacidad de estructurar alianzas con el movimiento indígena, sino también porque no había Estado en la región y a las elites hacendales no les interesaba promover la educación indígena. Hoy, cuando el Estado está llegando a todas las regiones del país, en el contexto de la ley Avelino Siñani, que centraliza los contenidos, competencias, y donde todo pasa por el control estatal, difícilmente se podría implementar experimentos pedagógicos como en el periodo 46’-47’; menos pensar en escuelas alternativas, tipo Summerhill o las escuelas libres de Barcelona. La universalización del derecho a la educación ha supuesto homogeneizar currículos, contenidos, métodos, sometidos a los propósitos del Estado Plurinacional; por tanto escuelas autogestionarias no pueden existir. La Avelino Siñani, tengo la impresión, que busca introducir enfoques de autonomía y autogestión pedagógica, pero en una estructura institucional y organizativa jerárquica y autoritaria. Ejemplos como la autoevaluación o la inclusión de lo productivo constituyen ejemplos visibles.


viernes, 30 de agosto de 2013

PEDAGOGIA LIBERTARIA. Crece el modelo de escuelas libres en Cataluña



Cada vez nacen más escuelas que enfocan la educación desde metodologías no directivas y libres, como alternativa a las centros públicos convencionales

En la Xauxa Xica, de Molins de Rei, los niños y niñas aprenden según sus necesidades y experimentaciones, con el educador que observa y propone y con una gran implicación familiar.

Los modelos no directivos comienzan a introducirse también en las escuelas públicas, a pesar de estar sujetas al currículo que fija el departamento de Enseñanza de la Generalitat.

 Un grupo de niñas juega en el patio de La Xauxa al margen de las actividades que se están llevando a cabo al otro lado de la escuela.

En el patio de entrada de la guardería La Xauxa Xica, Nuria y Luis, educadora ella y padre y musicoterapeuta él, cantan canciones rodeados de críos. En el interior, un niño lee solo un cuento, mientras otro, en un rincón, experimenta con unas figuras geométricas lo que él aún no conoce pero que llama matemáticas. Al otro lado de La Xauxa, en el patio de recreo, dos niñas se columpian despreocupadas y sin la supervisión de ningún adulto. Lo que en cualquier escuela o guardería parecería un desbarajuste, es en cambio el escenario habitual de una escuela libre -o no directiva, según la terminología-, como lo es esta guardería de la ciudad metropolitana de Molins de Rei.

"Normalmente propongo una actividad, después de observar cuáles son las inquietudes de los niños, y quien quiere participa y, si hay uno que está de mal humor y prefiere estar solo, pues ningún problema", explica Nuria, la educadora de La Xauxa. Esta escoleta, ubicada en una nave industrial de Molins -compartida con entidades juveniles-, es una de las 50 que integran la Red de Escuelas Libres de Cataluña (XELL, en catalán), una plataforma que agrupa proyectos educativos que compartan la pedagogía no directiva. Es decir, que el educador no da órdenes, sino que son los niños los que, a través de sus necesidades -sujetas a su proceso evolutivo- y a través de la experimentación, aprenden. Y el maestro adopta el papel de observador y acompañante, "mucho más importantes de lo que parece", destaca Nuria.

En los últimos años, han proliferado en Cataluña los proyectos alternativos al sistema educativo ordinario, asociaciones de padres y madres que se autoorganizan, con la ayuda de educadores y pedagogos, para crear espacios educativos libres. En sólo dos años, desde la XELL han recibido casi un centenar de propuestas por parte de familias que querían sacar adelante un proyecto de este tipo. ¿Quizás como reacción a los recortes en las escuelas públicas? "No lo creo, pero seguramente algo ha tenido que ver la crisis, no económica sino de valores, que estamos viviendo, y que nos lleva a replantearnos cosas como la educación que queremos que tengan nuestros hijos, diferente a la que recibimos nosotros", expresa Ana Sebastian, miembro de la XELL.
Sin embargo, del centenar de proyectos que le constan a la XELL, algunos no terminan consumándose, y otros son puramente circunstanciales, ligados al crecimiento de un grupo de niños cuyos padres optan por este tipo de pedagogía. Es el caso de La Xauxa. "Lo pusimos en marcha unas familias que ya nos conocíamos de un grupo de crianza", explica Marta, una de las madres que fundó la escuela, hace dos años. La mayoría de familias que optan por esta educación es porque ya en casa utilizan métodos no directivos para subir a sus hijos. Pero su principal problema llega cuando los críos empiezan a tener edad escolar, momento en que el departamento de Ensenyament debe reconocer los proyectos como escuelas, y a menudo no lo hace -aunque no existen cifras-. Ahora, en La Xauxa la docena de ñiños que la integran tienen entre dos y seis años.

"No queríamos una escuela donde se sentaran todos en silencio en la mesa, donde se les mutilara la creatividad en favor de la memorización", explica Marta. Esta madre cree que, como los adultos, "los niños aprenden más cuando lo hacen por voluntad propia, movidos por sus inquietudes y necesidades". Mientras su hija se columpia en el patio, Marta fija la mirada en una escalera de mano que le sirve de ejemplo. "Si un niño quiere subir esta escalera, y no puede, tranquilamente bajará y lo volverá a intentar otro día, hasta que se sienta cómodo; si lo forzamos a subir, acabará teniendo miedo, o cayendo, y al final tardará el doble en subir la escalera. ¿Qué importa cuando aprenda a subir?". Esto, aplicado a las matemáticas o a la lectura, según Marta, es una de las esencias de la educación libre.
                  La educadora Núria y el padre y musicoterapeuta Luis, durante una de sus actividades.

 Más implicación familiar y un educador observador
En la educación libre, cada escuela es un mundo y enriquece su proyecto de manera diversa, pero si hay algún patrón que se repita en la mayoría de casos es el papel del educador -o maestro- y el de las familias . En el caso del educador, adopta un rol "de observador", explica Sebastián, de la XELL. "Es fundamental que identifique bien las necesidades e inquietudes de los niños, porque luego los debe presentar actividades que quieran hacer y a través de las cuales los niños y niñas aprendan", detalla.

"Si el ambiente está bien preparado y con estímulos, el niño experimenta y aprende casi sin ayuda", apunta Nuria, "sólo es necesario que lo orientes". En La Xauxa, como la mayoría de estas escuelas, el reparto y carácter de los espacios es fundamental. "El espacio de concetración está lleno de objetos de estimulación a través del tacto, de material Montessori -que introduce a las matemáticas a través del experimento-, de juego simbólico...", enumera Marta. "Pasar de lo concreto a lo abstracto es mucho más sencillo que al revés", observa la Nuria, en contraposición a lo que hacen en las escuelas ordinarias.

El otro patrón que se repite es el que cumplen las familias, parte indisociable y activa de la escuela. La Xauxa, de hecho, funciona de manera asamblearia, y aunque en la comisión pedagógica quien lleva la voz cantante es la educadora, en la de logística, por ejemplo, son los padres y madres los que se organizan para fijar el techo o colgar una nueva estantería. Pero el rol más importante de las familias "es el de acompañamiento", tal como explica Sebastián, para concretar que en la mayoría de escuelas libres un padre o madre acompaña al educador a diario.

En La Xauxa, uno de los padres que suele acompañar es Luis, musicoterapeuta, que aprovecha siempre para preparar con Nuria actividades musicales. Ahora, sin embargo, en la escoleta se plantean rebajar la presencia familiar en el día a día, porque han observado que, a veces, esto descoloca al hijo del acompañante de turno.

Primeras experiencias en la escuela pública
En el sistema educativo público empieza a haber algunas experiencias de educación libre -o que podrían entrar dentro del amplio abanico que abarca este concepto-. De momento hay cuatro, se llaman "escuelas vivas", todas son de nueva creación -con cuatro años de existencia como máximo-, y una de ellas es la escuela Encants, del barrio de Sant Martí de Barcelona.

Estos casos son particulares porque están sujetos al currículo que fija el departamento de Enseñanza, que de momento Agnès Barba, la directora de los Encants, asegura que cumplen. "De hecho, estamos de acuerdo con el currículo, pero no con la forma de enseñarlo; ¡no nos importa lo qué si no el cómo!", destaca Barba. Su proyecto, "en continua reflexión y replanteamiento a medida que avanzan los cursos", apunta la directora, sigue los criterios de no directividad. Pero con matices propios. En su caso, leen mucho a los alumnos, y fomentan, desde edades tempranas, "el aprendizaje a través del diálogo entre los niños, orientado por el educador, pero basado en las experiencias que intercambian los alumnos y en los intereses que surgen de la conversación".

Lo que no se sabe aún es si el proyecto de Encants pasará las pruebas de evaluación del departamento, porque las primeras se hacen en segundo de primaria, y la escuela, como es nueva, sólo llega por el momento a primero.

A diferencia de las escuelas libres privadas, Encants tiene el reto de estar sometida a condicionantes como las ratios o a una parte de los docentes que no habituados a la metodología. Eso sí, lo que permite Encants es poner al alcance de todos esta pedagogía, ya que en el resto de escuelas libres, al ser asociaciones, son los padres quienes las mantienen a través de sus cuotas. La Xauca, por ejemplo, cuesta 170 euros al mes.

En la puerta de la escuela Encants, justo la semana que terminaba el curso, un grupo de madres defendía sin temor el modelo de escuela donde van sus hijos. "¿Qué recuerdo haber aprendido durante mi paso por la escuela? Nada. En cambio, mi hijo vuelve cada día en casa entusiasmado con lo que hace", sentencian.

                            Son muy importantes los espacios. En esta imagen, el de concentración.


jueves, 14 de febrero de 2013

Desescolarizando la escuela. Las experiencias educativas de Summerhill y Paideia

David Seiz Rodrigo
Sindicato de Enseñanza . Madrid . Miembro de Fedicaria

RESUMEN:
Paideia y Summerhill comparten el rechazo a un modelo escolar tradicional que se entiende como un estorbo para el desarrollo de personas, libres, independientes y críticas. Para estos herederos de las utopías educativas de comienzos del siglo XX, el orden de la clase es diferente, los espacios también, las jerarquías han desaparecido. La libertad de los individuos se eleva como el objetivo esencial de estos proyectos y al tiempo como la principal herramienta metodológica.

 “A quien no esté en condiciones de provocar horror hay que rogarle que deje en paz las cuestiones pedagógicas. Indudablemente, hasta ahora, por lo general ha ocurrido lo contrario: quienes se horrorizaban como tú, querido amigo, escapaban atemorizados, y quienes permanecían impávidos, tranquilos, metían del modo más grosero sus rudas manos en la más delicada de todas las técnicas que pueden corresponder a un arte, es decir, en la técnica de la cultura. Pero eso ya no podrá durar mucho tiempo: tendrá que llegar por fin el hombre honrado que tenga esas ideas buenas y nuevas, y que para realizarlas se atreva a romper con la situación actual”
Friedrich Nietzsche. Sobre el porvenir de nuestras escuelas. Segunda Conferencia.

La palabra educación, como afirma Carlos Lerena, no dice la verdad. Quizás convenga partir de la tesis de considerar a la educación como una jurisdicción de poder esencial en los sistemas de control elaborados por los estados modernos. Las contradicciones que resultan de enfrentar esta concepción a la idea de educación como propósito comprometido con el desarrollo personal, intelectual y profesional de las personas, forman parte de la historia de la educación desde sus principios. No estamos ante una cuestión metodológica ni en un debate sobre los contenidos, sus virtudes o sus tachas, nos hallamos ante concepciones antitéticas de educación.

Educar es amaestrar y adoctrinar, producir hombres, enseñar las reglas básicas de la sociedad, pero también, desde la perspectiva de la mayéutica socrática, educar es dirigir, guiar o extraer. La idea de educación como proceso de construcción en el que, desde fuera, la escuela o el maestro añaden los materiales y diseñan los planos, se opone de manera radical a la mayéutica de raigambre roussoniana que concibe la educación como extracción. Si como nos recuerda Lerena consideramos la educación como liberación, y liberar no es sino dar a luz, parece evidente que entre estas dos concepciones media un abismo.

Los ilustrados franceses que pusieron en marcha la maquinaria escolar moderna ya se plantearon estas contradicciones. Para el marqués de Condorcet la educación era un derecho que asistía a todos los ciudadanos, pues merced a ésta, era posible edificar una sociedad democrática de hombres libres. Sin embargo el mismo Condorcet postulaba la necesidad de diseñar un sistema que distribuyera el conocimiento atendiendo a las perspectivas sociales de los individuos marcando una severa frontera educativa, la que separaba los conocimientos precisos para los oficios manuales y los intelectuales. Evidentemente el propósito de enseñar a leer y escribir a toda la ciudadanía fue un objetivo revolucionario, pero la escuela, más allá de los ideales de Ilustración, fue un instrumento poderoso que sirvió para extender el ideario liberal-burgués, el troquel de las conciencias del nuevo siglo que definió las pautas de civilidad y comportamiento de la sociedad moderna.

El sistema escolar fue esencial en la transmisión de los valores de las nuevas elites sociales, en la fragua del ideario nacionalista, en la construcción de los imaginarios simbólicos de la ciudadanía. La escuela democratizadora y liberadora de los ilustrados se tornó en un lugar de encierro, en una maquinaria de disciplinar que, siguiendo la tesis de Michel Foucault, junto a la fábrica y la cárcel (la escuela preparaba para la primera y prevenía la segunda), modelaba las sociedades modernas a través de un ejercicio de la violencia simbólica tan sofisticado como sutil.

Educación y adoctrinamiento
No es extraño, por todo ello, que surgieran desde el principio de la escolarización obligatoria quienes se opusieran a esta poderosa maquinaria. Una oposición que vino tanto de aquellos a quienes se les disputaba el poder de las conciencias, las iglesias, como de esos otros que aspiraban a construir un mundo nuevo desde bases muy diferentes, los movimientos obreros. La resistencia del pensamiento libertario a la educación estatal tiene esa raíz y la idea de que la necesidad de un hombre nuevo pasaba por una educación nueva y apartada de la influencia del estado, también.

La Primera Guerra Mundial fue un revulsivo para el pensamiento sobre la educación. La ruina del internacionalismo, la debacle del pacifismo y la sangría de vidas y recursos plantearon una severa duda sobre las virtudes transformadoras de la educación. No en vano aquel escenario de destrucción había sido construido por las generaciones de europeos más “educados” de todos los tiempos. El sueño ilustrado que relacionaba la educación y el progreso humano hacía aguas en medio de la orgía de sangre que acababa de oficiarse en los campos de Francia.

A consecuencia de la terrible experiencia bélica, Occidente conoció en la década siguiente la eclosión de un movimiento reformador poderoso que aunó el pensamiento de un nutrido grupo de intelectuales y pedagogos para quienes parte de las culpas de la guerra recaían en un modelo educativo equivocado. Este amplio y heterogéneo movimiento conocido como Escuela Nueva, cuya liga se constituyó en 1921, reunió buena parte de las experiencias y planteamientos educativos que trataron entonces de marcar distancia con la escuela oficial.

Resulta evidente en el desarrollo del movimiento la influencia generatriz de las concepciones educativas planteadas por Jean Jacques Rousseau en el Emilio. A la influencia del ginebrino se unió el magisterio de otros pensadores como John H. Pestalozzi, cuyas escuelas se remontaban a los últimos años de finales del XVIII, o el de su discípulo Friedrhich Fröbel. A estos se uniría, a comienzos del siglo XX, una nueva generación de pensadores llamados a resolver las contradicciones de un sistema que entonces cumplía su primer siglo. Entre estos pensadores podemos incluir en rápida nómina a María Montessori, Celestine Freinet, Ovide Decroly, John Dewey o el mismo A.S. Neill, quienes continuaron, ampliaron y dieron coherencia a un corpus teórico que había comenzado a formarse ya durante el siglo XIX y se había enriquecido con experiencias como la Escuela Moderna de Ferrer Guardia. La efervescencia de experiencias educativas, el incremento de la literatura pedagógica y la fundación de centros educativos de las dos siguientes décadas son la consecuencia de este interés por el mundo escolar y su reforma.

La deriva autoritaria de los años treinta y las consecuencias de la II Guerra Mundial restaron fuerza a la Escuela Nueva. Tras ella, las sociedades surgidas del conflicto reclamaron un nuevo papel al sistema escolar. La nueva escuela surgida de la guerra no era evidentemente la escuela soñada por los padres del movimiento. Ciertamente algunas de las ideas y las percepciones sobre la educación fueron asumidas, pero el progreso de la escuela graduada y la deriva meritocrática de la sociedad y la escuela oficiales, llevaron a un modelo que se separaba del paidocentrismo de la Escuela Nueva, por más que algunos de los postulados, particularmente aquellos provenientes de la escuela activa, fueran tomados en consideración. Al mismo tiempo, la apertura de la educación, especialmente la secundaria, a sectores cada vez más amplios de la población provocó una masificación de las aulas que terminó por transformar el paradigma educativo y convertirlo en el modelo que hoy conocemos.

El proceso de burocratización y tecnocratización de la educación se aceleró y dejó al margen, como experiencias ajenas, los intentos de establecer una educación construida en torno al alumno y especialmente todas aquellas que ponían en cuestión la propia lógica jerárquica y burocrática del sistema. Los procesos de normalización escolar, de las clases, de los sujetos, de los programas y de las metodologías, acabaron por arrumbar los proyectos más comprometidos con la idea de construir una escuela distinta.

Las utopías educativas
Posiblemente la escuela sea una de las geografías mejor conocidas por el hombre contemporáneo. A nadie se le oculta la naturaleza de las construcciones escolares, el edificio, sus estructuras, visibles e invisibles, el espacio de la clase, la jerarquía de profesores y alumnos, de grados y titulaciones. Nadie es ajeno al orden de la misma, existe un consenso social sobre lo que es una buena clase y una mala clase, el silencio, el respeto, el orden de la palabra, quien habla y quien debe callar, o las virtudes salvíficas del examen, son elementos que forman parte de nuestra biografía. Toda esa llamada “gramática escolar” es precisamente la que puso en cuestión la Escuela Nueva y la que se impugnan en el presente desde modelos como los encarnados por Summerhill y Paideia. Para estos herederos de las utopías educativas de comienzos del siglo XX, el orden de la clase es diferente, los espacios también, las jerarquías aparentemente han desaparecido. Quienes visitan estos centros reconocen su extrañeza al considerar que al fin y al cabo se trata de escuelas.

Los parecidos entre estos dos centros no son casuales por más que tengan un carácter bien diferente, ambas experiencias beben de fuentes comunes y surgen de experiencias biográficas de algún modo parecidas. Además de la evidente vinculación a los postulados originales de la Escuela Nueva, Paideia y Summerhill comparten el rechazo a un modelo escolar tradicional que se concibe como un estorbo para el desarrollo de personas, libres, independientes y críticas. Por ello la impugnación que Summerhill o Paideia plantean va más allá de una idea de escuela, es en el fondo una impugnación política y social.
No son, por tanto, sólo un proyecto educativo, son también un proyecto político. La escuela persigue formar a un hombre nuevo llamado a romper la cadena de reproducción que perpetúa un sistema social desquiciado e injusto.Un hombre esencialmente libre.

Summerhill comenzó en 1921 en las afueras de Dresde como una sección de la Escuela Internacional “Neue Schule”, sin embargo el desacuerdo con la deriva de la Escuela Internacional convencieron a A.S. Neill de la necesidad de trasladar su proyecto. La escuela se estableció entonces en una pequeña localidad austriaca, donde el recelo de la comunidad acabó por plantear a Neill la necesidad de regresar al Reino Unido. A su vuelta a Inglaterra en 1923 Neill estableció su escuela en una casa conocida como Summerhill en la ciudad de Lyme Regis. Pocos años después, en 1927, la escuela se establece definitivamente en Leiston, donde sigue hasta hoy manteniendo el nombre de aquella primera casa.

El pensamiento pedagógico de Neill, surge como reacción al rechazo que le producía el sistema educativo que él mismo había sufrido. La experiencia universitaria y sus primeros años de magisterio le convencieron de la necesidad de crear una escuela donde la coacción y la imposición estuvieran proscritas. Las fuentes intelectuales de Neill son diversas pero parece que fueron Homer Lane y Wilhelm Reich, los pedagogos que ejercieron más influencia en el pensamiento de Neill. Las relaciones de Neill con los círculos intelectuales de la Escuela Nueva fueron también una inspiración fundamental y fue en estos círculos donde Neill dio a conocer sus ideas pedagógicas, especialmente a través de su participación en la revista The New Era.

El origen de Paideia se encuentra también en un proyecto fracasado. La primigenia experiencia llevada a cabo en Fregenal de la Sierra, la Escuela en Libertad, acabó abortada por las autoridades, y esa experiencia llevó a las profesoras Concha Castaño Casaseca, Mª Jesús Checa Simó y Josefa Martín Luengo al convencimiento de que era imposible desarrollar los principios educativos de una pedagogía libertaria en una escuela estatal refractaria a las ideas del colectivo. En enero de 1978 nacía en Mérida el proyecto de Paideia, que ya ha cumplido más de treinta años, completando una trayectoria no exenta de crisis y refundaciones que han llevado a la escuela desde el centro de la ciudad de Mérida a una casa de campo a las afueras, y de una sociedad limitada a sus fundadoras a una cooperativa de madres, padres y educadores.

La influencias del colectivo son diversas pero el peso del pensamiento pedagógico del anarquismo es en este caso capital, desde las ideas pedagógicas de Bakunin, pasando por el peso que en la tradición pedagógica anarquista tiene la obra de Ferrer y Guardia o las experiencias de Tolstoi sin olvidar las ideas planteadas por Paul Goodman o Max Stirner sobre la educación pública y la formación del individuo.

El ideario pedagógico compartido por Summerhill y Paideia tiene su origen en el pensamiento de Rousseau. La concepción de que los niños son por naturaleza buenos y que esa naturaleza es pervertida por el contacto con modelos sociales y culturales enfermos, lleva en uno y otro caso a valorar la espontaneidad infantil y las innatas capacidades de los niños para el acuerdo y la racionalidad como la mejor de las estrategias para conseguir niños felices, autónomos y críticos. La coacción es el verdadero origen de todas las contradicciones sociales que llevan a desperdiciar los valores que de manera natural tenemos como seres humanos. De ahí se deriva un antiautoritarismo que se apoya en una doble consideración; la primera que lleva a deducir que la autoridad tiene una naturaleza perversa y la segunda, que la imposición, habitualmente practicada por nuestras sociedades es la raíz de la violencia, de la irracionalidad y de los desequilibrios que sufren muchos alumnos. En ausencia de coacción es la confianza y el acuerdo con los iguales el que rige las relaciones entre los sujetos. Esta confianza en el innatismo de los niños, sostiene también la estrategia de aprendizaje seguida, ya que son los niños quienes, de manera espontánea, se acercan al conocimiento, sin que medie coacción, animados por su curiosidad y en función de su propio crecimiento personal. Este acercamiento al conocimiento acuciado por la curiosidad pretende preservar el gusto por aprender, por hallar respuesta, sin que estas obedezcan a un programa prefijado desde fuera. Al dejar la iniciativa al niño se plantea un escrupuloso respeto a los ritmos de aprendizaje y a las necesidades y curiosidades de cada uno, para lo cual se plantean metodologías activas e indagativas que se oponen a las tradicionales estrategias académicas de lección magistral.

Educación en y para la libertad
La libertad que se atribuye a los niños reconstruye no sólo un modelo de aprendizaje que se aparta de la lógica dirigista de las escuelas habituales, también plantea una redefinición de la gramática escolar, ya que el carácter autónomo de las actividades y las necesidades del modelo de aprendizaje activo propuesto, genera espacios diferentes y también tiempos diferentes. De este modo, se rompe de manera completa la lógica cronoespacial de las escuelas tradicionales. A diferencia de lo que ocurre en la generalidad de los centros escolares los alumnos se mueven a su antojo, trabajan en lo que estiman oportuno y aceptan las responsabilidades, para sí y para con los demás, que en cada momento estén dispuestos a llevar a término. No resulta extraño por ello que la Inspección Educativa inglesa concluyera en 1949 después de una visita al internado de Neill que “Los niños estaban llenos de vida y nunca mostraban ni aburrimiento ni apatía, que eran afectuosos y agradables, y que sus modales eran deliciosos (aunque no siempre los convencionales), y que en la escuela de Neill se fomentaba la iniciativa, la integridad y el sentido de responsabilidad de los alumnos”.

Evidentemente ni la responsabilidad ni la iniciativa siguen las pautas acostumbradas, el interés personal y el respeto a los compromisos se sitúa por encima de los dinámicas de premio y castigo. El niño es responsable ante sí y ante la comunidad y en la regulación de estas responsabilidades tiene que ver mucho la organización asamblearia de la escuela. La escuela funciona como una democracia radical en la que la opinión de todos los miembros es tomada en consideración y donde la figura del profesor se diluye ejerciendo un papel más cercano al arbitraje o al de experto, que el de un director del aprendizaje de los alumnos. El comunitarismo de estos modelos se manifiesta en todo su significado a través de las asambleas. La asamblea es el lugar donde se resuelven los conflictos, donde se asumen los deberes y las responsabilidades; la asamblea se convierte en el corazón del funcionamiento de la escuela. Una escuela que es sostenida como ocurre en Paideia, incluso en sus aspectos cotidianos esenciales, la cocina o la limpieza, por los miembros de la comunidad escolar.

El ejercicio de la libertad es de este modo no sólo el derecho a no ser coaccionado, sino también el de asumir compromisos de manera autónoma y responsable frente a uno mismo y a la comunidad. El concepto de libertad, de hecho, es el puntal más fuerte del modelo escolar planteado por Summerhill y Paideia, pero esta libertad no puede entenderse sin acudir a otros valores como la cooperación o el compromiso con el que se asumen las responsabilidades con la comunidad.

Como agudamente señala Josefina Martín Luego bajo toda idea educativa subyace una ideología y una manera de ver e interpretar el mundo. Sin embargo aceptar ese planteamiento supone replantearse de nuevo todo el análisis sobre la capacidad de elección y sobre la libertad que Summerhill o Paideia representan. Lejos del neutralismo sostenido por el anarquista Ricardo Mella, Paideia se inspira en el anarquismo pedagógico de la Escuela Moderna de Ferrer Guardia. La escuela se levanta con un propósito muy claro, con un modelo de persona, con un objetivo que al fin y al cabo se trata de reproducir, bien cierto que a la contra del pensamiento hegemónico y desde una perspectiva libertaria de la existencia. Cabe pensar que la postura respecto a la libertad de los alumnos resulta contradictoria cuando se admite el “neutralismo pedagógico” como un error de partida y el modelo planteado está tan definido.

Las trampas de las pedagogías blandas y la liberación, son la base de la crítica de Lerena sobre Neill y la raíz de sus dudas sobre la espontaneidad y libertad del proyecto de este “abad suave”. Para Lerena toda esa educación no directiva y naturalista, acaba convirtiéndose en una extensión de la propia personalidad de Neill. La esencia reproductiva de la educación se eleva sobre las intenciones liberadoras, copia pautas, formas, estructuras, por más que éstas se pretendan ajenas a esa contaminación.

En Paideia la voluntad de construir un hombre nuevo es clara, un hombre nuevo que alumbre una sociedad nueva o que al menos no perezca en medio de una sociedad capitalista, consumista y banal. El resultado de la educación es el esperado, en cualquiera de los casos, una escuela libre o una escuela libertaria forma alumnos que siguiendo su libertaria metodología obtiene, a fuerza de vivencia o de imitación, el pensamiento libertario que pretende. La escuela es hija de una sociedad, no puede escapar de ella por más que se trate de una comunidad muy especial, a la postre la escuela es una extensión del grupo que la acoge.

De hecho, el sentimiento de comunidad y de pertenencia es muy poderoso, ninguna de estas escuelas podría funcionar sin el acuerdo de los adultos que intervienen, sin la complicidad de padres y profesores. Ahí quizás radique su principal debilidad. Estamos ante experiencias muy pequeñas, muy cerradas sobre sí mismas, muy dependientes del carisma de sus fundadores y sus herederos, poco institucionalizadas y con un grado de apertura al exterior muy limitado. Neill lo planteaba con cierta desolación “Lamento tener que expresar mi temor de que nuestras escuelas progresistas no están atacando la raíz del problema. Hasta donde puede apreciarse, nuestra influencia es pequeña. Estamos al margen del mundo de la enseñanza; hay millones de niños en las escuelas que nunca han oído hablar de nosotros y sus maestros están tan atados por las clases, los programas de estudios y los salarios, que ni con la mejor voluntad del mundo pueden hacer mucho en ningún campo, ni siquiera el de la enseñanza.

Después de todo, los adultos son los que hacen las escuelas y los adultos de una civilización mecanizada, que tiene tanto oropel y tanta banalidad, no pueden crear un buen sistema educativo” Si la búsqueda de un espacio al margen del sistema estuvo en el origen de estas escuelas, es precisamente esa marginalidad la que las limita y las que de alguna forma también las neutraliza. Por un lado por el peligro que tienen en el espacio cercado de estas experiencias, de caer victimas del pensamiento gregario, por otro porque las aparta del discurso general de las sociedades en las que están inmersas. Esta suerte de enroque las mantiene en el riesgo constante de abocarlas al callejón sin salida de la marginalidad pedagógica, a convertirse en sociedades perfectas apartadas perfectamente y sin posibilidad de convertirse en esos agentes de cambio que inspiraron sus comienzos. Ese aislamiento contribuye a explicar la imagen exageradamente negativa y estereotipada que mantienen sobre las realidades presentes de la escuela institucional y la sociedad: “Esta escuela alienante genera cerebros inmaduros, des-educados que pasan por la vida comiendo hamburguesas, tragando televisión, pateando balones /…/ chateando incansablemente y evadiéndose de esta lamentable vida con cualquier tipo de droga que por un cierto tiempo les haga salir de esta decadente realidad”.

Ante un paisaje tan desolado resulta tentador escapar, quedarse al margen y construir falansterios donde apartarnos de una realidad que nos disgusta, ponernos a salvo de unos códigos sociales y políticos con los que discrepamos. La consecuencia de ese aislamiento, común a otros modelos de escuela exclusivistas o muy ideologizados, contribuye a construir un modelo escolar compartimentado, una escuela concebida para proyectar los códigos de la tribu. Entiendo que la escuela no debe plantear “salvación” alguna, como Mella pienso que esa pretensión docente, imbuida de la sacerdotal misión de transmitir la “buena nueva”, sea esta la que sea, carece de sentido. En primer lugar porque por ventura sobrevivimos a nuestras escuelas, como sobrevivimos a nuestros profesores y como sobrevivimos, mal que bien, al peso perverso de todos los sistemas de adoctrinamiento inventados. En segundo lugar, porque la crítica a cualquier adoctrinamiento no puede resolverse con un adoctrinamiento de diferente signo.

Vale la pena reparar en el hecho de que también en los sistemas escolares “el medio es el mensaje”. En la escuela institucional las rígidas estructuras cronoespaciales y organizativas refuerzan los códigos simbólicos que sostienen un modelo de autoridad, una idea de jerarquía y una idea de conocimiento que no es otra que la dominante en nuestra sociedad. Ese sutil adoctrinamiento tiene mucho más peso a la postre que cualquier transmisión positiva de ideología. En esta cuestión reside una parte importantísima del interés que despiertan los proyectos de Paideia y Summerhill. La valiente ruptura que estas escuelas hacen de las rutinas escolares y de las representaciones sociales y culturales hegemónicas, pone en evidencia su contingencia. La impugnación de los códigos habituales nos permite reflexionar sobre la vigencia de los códigos de la escuela presente, nos permite contemplarlos desde cierta distancia y reflexionar sobre su valor. Quizás no haga falta entregarse a la mística apocalíptica para pensar que otra escuela es posible, es evidente que lo es, pero también que esa escuela no puede quedarse fuera.



Para saber más:
BOURDIEU, P.; PASSERON, J.C. (2001). La reproducción: Elementos para una Teoría del Sistema de Enseñanza. Madrid. Editorial Popular
CUESTA FERNÁNDEZ, Raimundo (2005). Felices y escolarizados: Crítica de la escuela en la era del capitalismo. Barcelona. Octaedro
GARCÍA MORIYÓN, F. (Ed) (1986). Escritos anarquistas sobre educación: Bakunin, Kropotkin, Mella, Robin, Fauré y Pelloutier. Madrid. Grupo Cultural Zero
HEMMINGS, Ray (1975). Cincuenta años de libertad: Las ideas de A.S. Neill y la escuela de Summerhill. Madrid. Alianza Editorial
LERENA ALESÓN, Carlos (1983). Reprimir y Liberar: Crítica sociológica de la educación y de la cultura contemporáneas. Madrid. Akal
MARTÍN LUENGO, Josefa; Colectivo Paideia (2006). Paideia, 25 años de Educación Libertaria: manual teórico-práctico. Madrid. Colectivo Alternativo Villaka, Distri Kañera
MARTÍN LUENGO, Josefa. (1990) Desde nuestra escuela, PAIDEIA. Mostoles. Madre Tierra
NEILL, A.S. (1963). Summerhill: Un punto de vista radical sobre la educación de los niños. México.
FCE OLSON, David R (2005). L’école entre institution et pédagogie: Repenser la réforme. Paris. Retz
SPRING, Joel. (1987) Introducción a la educación radical. Madrid. Akal
Página Web Summerhill http://www.summerhillschool.co.uk/ (Consultada 23/3/10)
Página Web Paideia http://www.paideiaescuelalibre.org/Index_bis.htm(Consultada 23/3/10)

FUENTE: Revista Libre Pensamiento, No 64 . 2010. pp 12-19

jueves, 18 de octubre de 2012

Uma escola libertária e elitista para todos

Entrevista com o filósofo Michel Onfray

Demissionário do sistema de educação do Ministério da Educação Nacional francês, o filósofo Michel Onfray decidiu fundar, entretanto, a Universidade popular de Caen, como forma de criar um novo Jardim de Epicuro, mas fora das paredes, lançando as bases para uma autêntica «comunidade filosófica» contra o mercantilismo dos saberes.


Nesta entrevista Michel Onfray defende o poder emancipador da pedagogia libertária.

A miséria social e moral das nossas sociedades impõe a necessidade de ensinar a todos um saber alternativo e crítico, até porque muitos intelectuais deixaram de se preocupar em tornar popular, o saber filosófico.

Le Monde de L’Éducation – Na sua obra «La Communauté philosophique» (Galilée, 2004) você escreve que «o pedagogo libertário trabalha para o seu apagamento pessoal, e cultiva o poder interrogativo de toda a subjectividade». Porque é que este poder se encontra esgotado no aparelho escolar, quando ainda existem certos professores que conseguem despertar e responder ao desejo de saber dos alunos?

Michel Onfray – A instituição escolar é esquizofrénica: ela tem um discurso, mas leva a cabo uma prática nos antípodas daquele discurso. O discurso é este: a escola forma a inteligência, constrói indivíduos cultivados cujo saber lhes permitiria desenvolver juízos esclarecidos, ensina a ler, a escrever, a fazer contas, a pensar, ela formaria o cidadão ao educá-lo para a liberdade. Mas, a verdade, é que na prática ela negligencia a inteligência para privilegiar o exercício da memória e da repetição calibrado em função de um programa feito para isso. A educação nacional ensina sobretudo a submissão, a docilidade, a hipocrisia, o artificial. Só assim se pode explicar que num curso de 7 anos de inglês se consiga fazer tão poucos jovens bilingues. O que é que se aprende durante aquelas intermináveis horas de aprendizagem de línguas senão a arte de bem funcionar dentro da máquina que permita a passagem para o ensino superior, e a produção de diplomas úteis para o mundo da integração social.

Le Monde de L’Éducation – Qual é a genealogia dessa pedagogia libertária que você defende? Estaria no prosseguimento de uma linha que vai de Epicuro a Freinet?

Michel Onfray – Se o termo libertário significar «o que educa a liberdade», ou «o que faz da liberdade o bem supremo», sem dúvida, que poderíamos começar com Sócrates e a sua maiêutica, a sua arte de desenvolver as potencialidades de cada qual e torná-las em realidades tangíveis, podemos depois continuar com Diógenes e os filósofos cínicos que usam um bastão para mandar embora os que procuram um mestre e a submissão. Prosseguimos com Erasmo, o grande e imenso Erasmo, e, certamente, Montaigne, que tanto lhe deve, para falar de várias matérias, como a Educação e tantas outras. Passamos depois para Nietzsche que ensina que um bom mestre é aquele que aprende aquilo que se desprende de si. Seria preciso ainda de falar , com certeza, dos autores libertários, que a história conheceu, como Max Stirner e o seu «Falso Princípio da Nossa Educação», Sébastien Faure, que aplicou o seu método em La Ruche, mas ainda A.S. Neill e os seus « Jovens livres de Summerhill» que me fizeram desejar tornar-me professor antes de me desiludir na Escola Superior de Educação. Seria ainda preciso acrescentar o excelente livro «Advertência aos estudantes e liceais» de Raoul Vaneigem.

Le Monde de L’Éducation – Uma certa concepção da pedagogia libertária – nomeadamente a que defende a espontaneidade do aluno – não fará o jogo do «novo espírito do capitalismo» que pretende apoiar a participação dos «actores»? Não contribuirá ela para o idiota útil do «neoliberalismo»?

Michel Onfray – Tem razão…Eu sou um ardente defensor de Maio de 68 e do espírito de Maio, que se definia por uma revolução metafísica anti-autoritária. Os dominados punham em causa os dominantes. Os pares tradicionais – mulheres/homens, jovens/velhos, empregados/patrões, esposas/maridos – deixaram de ter um estatuto divino. E tudo isso foi uma coisa boa. Mas à negação dos velhos valores não se seguiu uma positividade. Destruir é bom se, e somente se, propusermos a seguir uma reconstrução. Os valores libertários, por exemplo, mereceriam mais que os simples elogios da indolência, da espontaneidade, do natural, do porreirismo generalizado por via da desvalorização do rigor que se mostrou tão pouco democrático quanto demagógico. Porque esta renúncia à memória, ao esforço, ao trabalho, à cronologia, e todas essas categorias consideradas reaccionárias fizeram efectivamente o jogo do poder, que prefere ter um rebanho de inculto embrutecidos que indivíduos apetrechados com o saber e a cultura. A pedagogia libertária não é a pedagogia liberal pós-anos 60 que deixa o jovem livre na turma, e que dá plenos poderes à competição entre classes sociais, e que é, ela própria, geradora de reprodução social…

Le Monde de l’éducation - «Passamos de um ensino autoritário a um ensino clientelar», escreve Raoul Vaneigem num texto recente sob o título «Modeste propositions aux grévistes» ( Verticales,2004). «O endoutrinamento suscitava, ao menos, a revolta, a propaganda estimulava o seu oposto, o desejo de pensar de outra forma.O feiticismo do dinheiro enfraqueceu o pensamento que ruge e incomoda.» Concorda com esta análise?

Michel Onfray – Vaneigem é um amigo que me estimula – ele acaba por me ultrapassar pela esquerda! – mas não partilho o seu optimismo que está, de resto, na génese do seu radicalismo político: no meu entender, a autoridade produz uma submissão massiva, pois o medo, o temor e o desejo de servidão voluntária são grandes. A revolta não é gerada pela ditadura – se assim fosse, seria preciso desejarmos a ditadura enquanto momento dialéctico das revoltas lógicas… - mas por temperamentos rebeldes, revoltados, insubmissos gerados por razões existenciais que só uma psicanálise à maneira sartriana – descobrir o projecto original – permitiria compreender. Conheci períodos da minha vida – nomeadamente os 7 anos de pensionato, 4 dos quais no orfanato dos salesianos – que fizeram de mim aquilo que sou hoje, mas que também fizeram uma multidão de indivíduos castrados da vida e orgulhosos de o ser. Uma mesma causa não produz felizmente os mesmos efeitos em todos nós. É preciso levar em consideração o prazer de estar submetido, tal como existe com tantas pessoas…

Le Monde de L’éducation – É procurando retomar o que há de melhor nos cafés-filosóficos e nas Universidades ( a liberdade dos primeiros e a seriedade da segunda), ao mesmo tempo que rejeita o que há de pior em cada qual (o extavasamento de um lado e a securra do outro), que você decidiu fundar a Universidade Popular de Caen. Mas também com o objectivo de retomar e prosseguir o ideal nascido no tempo da questão Dreyfus. Em que medida é ela um meio de lutar contra a situação de crise por que a França atravessa: miséria social, racismo, bloqueios nacionais-populistas, etc?

Michel Onfray – O saber é um poder. Posto isto, é preciso um saber específico susceptível de permitir a libertação e não a alienação.A filosofia não é de facto um instrumento de libertação: ensinar as ideias platónicas, falar da Cidade de Deus de S. Agostinho, das teses tomistas, da aposta de Pascal, do ocasionalismo de Malebranche, da angústia de Kierkegaard e de tantas outras matérias da história da filosofia ajudam mais a manter o poder instalado e permitir o domínio do cristianismo do que a emancipar o aprendiz em filosofia…Daí o interesse em ensinar quer um saber alternativo, quer um saber clássico, mas de maneira alternativa, isto é, crítica. A subversão cínica, o hedonismo cirenaico, a libertação epicurista, a alegria gnóstica, só para ficar na Antiguidade, são ilustrações de saberes alternativos; ou então, falar dos saberes clássicos mas de maneira alternativa: mostrar que o conceito erróneo de pré-socrático, desvalorizando o predecessores socráticos, pressupõe uma escrita platónica da história da filosofia, explicar as razões da evicção do materialismo de Demócrito( cuja obra completa Platão queria queimar em auto-da-fé…). Estes saberes permitem construir uma inteligência crítica, mas também realizar um trabalho sobre outras matérias, nomeadamente as que estão associadas a essa crise que referiu.

Le Monde de l’éducation – Você costuma recordar que intelectuais como Alain, Péguy, Bergson e tantos outros, frequentaram e animaram cursos de educação popular, lançados pelo tipógrafo anarquista Georges Deherme. Os intelectuais dos anos 2000 esqueceram o seu papel de educadores e a ideia de tornar popular, a filosofia?

Michel Onfray – A nossa época mediática produziu dois tipos de intelectuais: o primeiro especializou-se na miséria limpa, uma miséria longínqua que permita uma postura declamatória à maneira teatral, reproduzida logo de imediato pelos media. Tendente a ser mediatizada, e não precisando de nenhum outro compromisso que não seja o verbo, a carta postal ou a consulta de um livro, ela permite tocar o trompete dos grandes princípios maiúsculos: a Humanidade, a Liberdade, os Direitos do Homem, etc. O segundo ocupa-se antes da miséria suja, a que envolve os explorados, os operários, os miseráveis e os excluídos do sistema, as vítimas e outros dejectos do liberalismo, a ideologia defendida pela maior parte dos primeiros. Os intelectuais dos anos 2000 não cuidam da educação popular nem de tornar popular a filosofia: o seu saber é utilizado para fins financeiros, traduzíveis em moedas reais ou simbólicas, mas nunca com o objectivo de uma crítica social.

Le Monde de L’Éducation - Um curso magistral pode ser libertário?

Michel Onfray – Sim, se o magistério do curso magistral for aquele que indiquei ainda há pouco: um mestre libertário que cuida antes de tudo em cartografar e de identificar o conjunto das situações que estão em jogo, fornecendo depois um bússola e o seu modo de emprego, isto é, convidar cada qual a fazer a sua própria viagem.

Le Monde de l’éducation – A Universidade popular histórica acabou por desaparecer antes da Primeira Guerra Mundial em razão de causas e desinteligências internas. A Universidade popular tem tido um grande sucesso. Como evitar os perigos?

Michel Onfray – A Universidade popular é um organismo vivo e, como tal, mortal. Os três anos da sua existência já permitem identificar alguns vírus, erros e ataques. Tudo normal…A Universidade popular tem tido efectivamente um grande sucesso público e popular, gerou uma verdadeira energia alternativa, propõe um intelectual colectivo – para usar a fórmula de Bourdieu – eficaz, que logo perturba e incomoda. É normal que a nossa aventura atraia invejas e revele os medíocres, os invejosos, e outras figuras de ressentimento que não existem e não vivem senão por, e para a destruição. Mas nós somos uma comunidade de amigos, no sentido epicurista, que vamos experimentando o verdadeiro poder da amizade epicurista. E, depois, sejamos nietzscheanos, o que não mata fortalece-nos. Para o resto, só o Deus das Universidades populares poderá dizer se a experiência desaparecerá – sim, porque ela sempre desaparecerá -, seja como vítima do síndroma do recém-nascido ou do catarro dos velhos, seja por suicídio próprio na flor da idade ou por um esgotamento centenário…

Le Monde de L’Éducation – Uma educação «elitista para todos». Esta fórmula do dramaturgo Antoine Vitez adaptada à educação mantém-se actual?

Michel Onfray – Mais actual do que nunca. Gosto mesmo do oximoro, uma figura de estilo que, associando dois termos aparentemente contraditórios, gera um sentido novo: universidade popular é realmente um oximoro espantoso! O elitismo para todos, também. Percebe-se que, para além da pura e simples justaposição verbal, para além do simples jogo de palavras, uma nova significação emerge à luz do dia. A expressão elitismo para todos supõe uma outra definição de cada uma dos termos; trata-se de dar o melhor ao maior número, porque o melhor existe, sem dúvida, mas normalmente só é dado aos melhores, pelos menos, aqueles que assim são qualificados pela máquina social. Quando é destinado a todos, ao maior número – é essa a minha definição de popular, e também a de Michelet – o elitismo brilha com outra clareza, que muitos se têm esquecido, e que é a da luz do iluminismo.

(Tradução para português de Portugal da entrevista com Michel Onfray publicada no nº 338, Juillet-Août 2005 do Le Monde de L’Education)