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martes, 2 de abril de 2024

Triste Río -CESAR SOTO (Canario)

Triste Río

 

Rocha

Triste rio de mis recuerdos

Turbión a veces

Con la llegada del estío

Sacudes los frondos cabellos de los sauces

 

Sereno luego

Solo acaricias su piel y sus contornos

En secreto diálogo

Con las piedras en susurros entrañables

Dulce Rocha no dejes que acabe tu canto!

 

Extrañas el jolgorio de niños jóvenes y  viejos

Que antaño poblaron tus aguas

En familiar regocijo pueblerino

 

Ya no escuchas las cuitas

De las  lavanderas mientras golpean con  piedras

Las sábanas de sus amores crucificados

 

Sufres ahora el detritus y el abandono

Del paso de los años y de la desmemoria

Ruidos canallescos han tomado el sitio

De la antigua algazara

 

La memoria es un puente

Desde donde ahora yo te miro

Yo no sé ya quién soy

Y de repente tú compartes conmigo

Mirarnos como dos extraños

 

La desmemoria y el paso del tiempo

se han orillado en mis palabras

Dulce y triste Rocha no dejes que acabe mi canto!

 

Canario marzo 2024

 VIDEO: Realizado por ROBERTO PRADA.


viernes, 26 de febrero de 2021

El Anderlecht y el “Gordo” Soriano -César Soto Santiesteban-

 

  

In memorian Yves Froment (+)

Poeta belga

 

 Hace algo más de un año, un día sábado en la tarde, por esas suertes de la vida, me tocó ver parte importante de una entrevista del “Negro” Fontanarrosa al entrañable escritor argentino Osvaldo Soriano, ya finado para entonces, en un canal argentino. El popular “Negro” Fontanarrosa, narrador, cuentista y uno de los emblemas del cómic argentino (Inodoro Pereyra, Boggie el Aceitoso), monopolizó un poco la charla porque, además, es un impenitente hincha de Rosario Central (la mejor camiseta de la Argentina, después de Boca y Chacarita) y gran conocedor del fútbol.

 No sé por qué azares esa tarde no estaba con la libertaria pandilla salvaje de mis amigos, disfrutando del habitual encuentro sabatino post-fulbito, en “El Solar”.  Fiel a la causa y al ritual, estaba tomando unas chelas en mi propia –no aconsejable, por larguera- compañía. Seguramente los menesteres familiares y la férula femenina habían complotado aquella tarde de sol y paz de aldea contra el cometido de la tertulia fraterna, contingencia que fue debidamente recompensada con la entrevista que paso a contar.

 Luego de hacer un largo repaso literario-futbolero (sus novelas, el amor por San Lorenzo de Almagro…), el “Negro” le pregunta al “Gordo” qué le parecía el fútbol belga, dado que era conocido que el “Gordo” viajaba con frecuencia a Bruselas, que además de tener las mejores cervezas del mundo (lo dijo el “Gordo”), tenía la calurosa y entrañable compañía de un amigo belga. Momento en el cual supe inmediatamente que se trataba de Yves Froment. Poeta enamorado de las muchas lenguas que vivía, hablaba y escribía, entre ellas la nuestra.  Cinéfilo patológico y semiólogo del cine, publicó un par de extraordinarios ensayos sobre Buster Keaton y Chaplin.  Fundador de  “TXT” la  revista de la vanguardia literaria belga de los 70’s,   Yves, entrañablemente solidario y atado al destino militante latinoamericano que le arrebató en Teoponte a uno de sus grandes amigos, el Chino Navarro;  infatigable night-walker de la conversación por su cariño a Johnny, en sus versiones negra y roja;  Yves  nuestro lowriano  cónsul, maestro y amigo que  vivió al menos  dos de sus vidas en Cochabamba -en los 60 y en los 90- los últimos años felices de su vida dando clases de cine y semiología.  De pronto surgió,  como un relámpago de Urzagasti,  la constatación de que un muerto me  hablaba de otro muerto y me dio un brinco en el corazón e inflamado por el bermejo del alcohol, me brotaron las lágrimas.

 Yves le había hecho conocer el fútbol belga llevándolo, obviamente, al estadio a beber schnaps y cerveza, una tras de la otra de un saque, dizque para combatir el inmisericorde clima, muy plausible con los fríos de esa ciudad brumosa donde llueve nueve meses al año. Y ahí, como buen hincha,  lo invitó a ver un partido del Anderlech, que tuvo una época de gloria a mediados de los setentas donde ganó dos Recopas europeas y posteriormente, y a inicios de los ochentas,  una copa UEFA, equipo  en el cual jugaba el mítico Bobby Rensenbrink, puntero izquierdo holandés –recordarán- que estrelló un disparo en el poste de Fillol a los 90 minutos cuando iban uno a uno con los gauchos, en la final mundial del 78, enmudeciendo el Monumental. Uno de los hijos de Yves, Alex, un  zurdo extraordinario, llegó a jugar inclusive en la primera juvenil del Anderlecht, mauve et  blanc.

 El “Gordo” Soriano no dijo su nombre pero yo sé que se trataba  de Yves, porque Yves me contó que eran grandes amigos y se visitaban con mucha frecuencia  entre París y Bruselas, cuando todavía el escritor argentino hacía sus primeras armas y vivía en la luminosa pobreza de un exilio verdadero. La historia de la camiseta de San Lorenzo clavada en su pared ( no sé si era la camiseta del Lobo Fischer…) y sus angustias de fin de semana para conocer los resultados del Metropolitano argentino lo desvelaban. El “Gordo” acechaba de madrugada -cerca de las oficinas de los periódicos- los cables de Reuter con los resultados del fútbol para alegrarse o rabiar la suerte esquiva del equipo de sus amores, que incluso llegó al descenso. Bueno, todo ello y otras cosas más, me contó el Yves de Soriano.

 Nacido en Namur, Bélgica, el año 1938, hace un poco más de tres años murió Yves Froment Debroux, en su cuartito, en Bruselas, triste, solitario y final, como el nombre de la novela del “Gordo” Soriano, quien, premonitoriamente, escribió este título para la oscura tumba donde yace un amigo, en el cementerio de Ixelles.

 Quiero recordarlo junto a uds. con un poema suyo, un haikú, del cual era un experimentado cultor

 

                                    Voces de mi infancia,

                                    Os escucharé

                                    Más allá de mi muerte

       

César Soto Santiesteban

Agosto 2006

IMAGEN: Anderlech de 1975-76, donde jugaba Bobby Rensenbrink

Yves Froment (1939-2003)

 



 

miércoles, 18 de marzo de 2015

PENSAR A RIQUELME



César Soto Santiesteban (Canario)

Poética del Espacio
Claro, cómo no. El escribía en el campo de juego y dejó todo el material para hacer una “teoría del enganche” con marco teórico y mode d’emploi.
Como en la construcción de caligramas en la poesía, Román jugaba con la pelota-pluma y los espacios en blanco, aquellos que tú podías ver en big picture desde afuera de la cancha o en la tele, los espacios que tienes el privilegio de ver y señalar (“tirala pa’ allá, cambiá de frente, levantá la cabeza pelotudo…”) antes que los jugadores pero no de Román, que te descubría espacios que no habías visto ni sospechado y que los creaba para ti, como un regalo sin reciprocidad posible, un potlach, no sin antes bailar tango en la cancha y mimar a la pelota-mina  como un compadrito sabedor. Esos pases, “entre líneas” justamente, que ora desplegaban espacios ora los replegaban, devolviendo al terreno de juego su plasticidad originaria. Con Román, el campo de fútbol era como un fueye, lo apretaba  lo extendía a placer, sacando melodías que te suspendían la idea del tiempo y te hacían recordar el viejo oficio de potrero, de esa manera  divertida del dolce far niente barrial que es la base del fútbol que amamos y que pocos como él (Messi) nos hacen recordar cuando se olvidan del público, del técnico, de los dirigentes, del árbitro, de los premios, del negocio horrible y mediocre en que han convertido al fútbol los mercaderes de la FIFA, los nuevos fenicios del espectáculo.

Reflexión sobre la lentitud: Aquiles y la Tortuga
Sobre todo el periodismo argentino, insufrible con raras excepciones, ha reprochado a Román que “lentificaba” (sic.) el juego. Estos periodistas copiones, sin mencionar fuente por lo demás porque viven engreídos en el autoctonismo de que los porteños lo han inventado todo, se basaban en los juicios, sobre todo, de los técnicos holandeses que habían pasado por el Barça.
Así como muchos otros siempre se equivocaron endilgando vicios de lentitud a Romario, quien parecía que trotaba al desgano pero que, en el momento apropiado, aceleraba como nadie dejando a metros de distancia a los defensores dentro de los escasos  metros cuadrados del área chica anunciando el inevitable gol.
La velocidad en el fútbol es la visión, la inteligencia, la picardía, la lucidez. Alfio Basile decía que Román era el único jugador que tenía ojos en el culo. La velocidad no se mide por el kilometraje recorrido, ahora que ya todo lo miden y cronometran con computadoras y los analistas se han vuelto estadísticos truchos. Los periodistas deportivos, cacatúas mediáticas, lo  único que han aprendido son las tácticas aritméticas del 4-4-2, del 3-5-2, etc., como decía hace un tiempito el loco Bielsa, pero cada vez entienden menos de fútbol.
Parafraseando a Paolo Virilio, si la velocidad se expresa en el espacio del automóvil, Riquelme condensa en él la velocidad. Y si el tiempo es el costo del espacio, Riquelme sería el más eficiente: no sólo crea espacios como ya dijimos sino que los ocupa  al menor costo. En realidad ofrece y dá (dona)  más que lo que recibe (contradon)  a la manera del potlach.

El hombre rebelde
Riquelme no es un ser ni fue un jugador “pacificado”. Encarna el polemos griego. Separa, divide opiniones y comportamientos.  En el camarín y fuera de la cancha, él como pocos creó a su alrededor empatía pero también resentimientos. Su ética es la ética del guerrero que no se inclina. Así lo probó cuando renunció a la selección de Maradona porque “no compartían los mismos códigos”. Es muy conocido su compañerismo con los pibes de la cantera a quienes siempre ha alentado dentro y fuera de la cancha y además defendido para que ganen dignamente. Es muy conocida también su actitud intransigente cuando defiende la estética y la gestalt futbolística de la cual fue heredero. Renunció a Boca varias veces porque no dejó que los dirigentes mafiosos los manejen como mercancías en la bolsa de valores de las piernas futboleras y al final acabó jugando por el club del cual vino, el Bichito,  para darle el empujón anímico y volver a la primera división.

CODA: La levedad del ser
Su aire taciturno y su discreta elocuencia provoca equívocos frecuentes. Tienen los conceptos claros y por ello se fue convirtiendo en un outsider, un heredero del fuego sagrado de los grandes: Bochini, Maradona, Alonso.
El canon  futbolero es la celebración del juego. Celebra, poeta.  Comulga cada domingo a las doce para sacar el alma y volver -como cantaría el Zambo Cavero-“después de la misa”, a sacudir las campanas de la Bombonera, en eterno repique para los corazones bosteros que seguirán soñando con tu gambeta larga y pausada, tus amagues, tus pisadas de bola, tus caños inolvidables y tus pases de “sólo sabe Dios”.  Nos enseñaste el deber de ser elegantes, dentro y fuera de la cancha. 

Un abrazo desde la Llacta.
Marzo 2015