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jueves, 13 de octubre de 2016

#INDEPENDIENTES UMSS. LAS FRASES



SOMOS PRODUCTO DE LA INDIGNACION


LA UMSS NO NECESITA REBAÑOS NECESITA OVEJAS NEGRAS


TODXS SOMOS RECTORES


EL QUE NO ENSEÑA PARA EMANCIPAR EMBRUTECE


NEGANDONOS A SER REBAÑO


NO ESTÁBAMOS MUERTOS ANDÁBAMOS DE PARRANDA

CREES QUE LOS ROJOS SON MALOS? ESPERA A CONOCER A LOS AZULES, AMARILLOS...

CONGRESO UNIVERSITARIO: ESPACIO PARA LIBERAR LAS FUERZAS DEL CAMBIO

L@S #INDEPENDIENTES SOMOS COMO RIQUELME, TENEMOS DOMINIO DEL TIEMPO

NEGACIÓN, CURIOSIDAD, INNOVACIÓN. TRES ELEMENTOS DE NUESTRA MORAL

NO TENEMOS PROGRAMA NOSOTROS SOMOS EL PROGRAMA

NO TENEMOS DEMANDA, NOSOTROS SOMOS LA DEMANDA, NUESTRA INDIGNACIÓN Y EMPUTE.

LOS VERDAEROS GRANDES PROBLEMAS SOLO SON PLANTEADOS CUANDO SON RESUELTOS


NOS VIGILAN. ACTUA NORMAL

CUIDATE DE AQUEL QUE TE NIEGA INFORMACION. EN SU CORAZON BUSCA SER TU AMO


INDEPENDENCIA, LA PRÁCTICA SEGÚN LA CUAL CADA PERSONA PUEDE CONVERTIRSE EN SU PROPIO CENTRO

POR UNA EDUCACION QUE NOS ENSEÑE A PENSAR NO A OBEDECER


LA UMSS NECESITA MÁS QUE UN EDIFICIO. NECESITA ESPERANZA.

INDEPENDENCIA ES LA IDEA REVOLUCIONARIA DE QUE NADIE ESTA MAS CALIFICADO QUE TU PARA DECIDIR COMO SERA TU VIDA Y PENSAMIENTO


SOÑAR SABIENDO QUE SOÑAMOS


 PARA QUE “EL SABER PUEDA” Y EL “PODER QUIERA SABER”.

LAS OVEJAS NEGRAS LEEN Y POR ESO PIENSAN LIBREMENTE


SER #INDEPENDIENTE ES ARTICULARSE CON DESCONOCIDOS Y REALIZAR UNA ACCION ALTERNATIVA: TRANSFORMAR Y (RE)INVENTAR LA UMSS


LA IMAGINACION AL PODER

SOMOS EL RAYO QUE ANUNCIA LA INMINENTE TORMENTA

CONGRESO UNIVERSITARIO: DESDE EL SABER Y DESDE ABAJO

“LAS CONVERSACIONES SIEMPRE SON PELIGROSAS SI SE QUIERE ESCONDER ALGUNA COSA”


GESTION DE TRANSICION PARA TRANSFORMAR Y (RE)INVENTAR LA UNIVERSIDAD


SI NO NOS DEJAN SOÑAR, NO LES DEJAREMOS DORMIR


“LAS MASAS HUMANAS MÁS PELIGROSAS SON AQUELLAS EN CUYAS VENAS HA SIDO INYECTADO EL VENENO DEL MIEDO.... DEL MIEDO AL CAMBIO"

LA INTENSIDAD DE MIS SENTIMIENTOS ME DA RISA Y ME HACE ESTREMECER" 

"...A VECES SOSPECHO QUE VIVO UNA VIDA MUY PELIGROSA PORQUE PERTENEZCO AL TIPO DE MÁQUINAS QUE PUEDEN ESTALLAR

ENSEÑAR QUIERE DECIR CONVERTIR AL ALUMNO EN MAESTRO DE SÍ MISMO.

LA "BANALIDAD DEL MAL" EN NUESTRA UNIVERSIDAD: SER DESTRUIDA POR PERSONAS "NORMALES", HASTA PROBABLEMENTE EFICIENTES FUNCIONARIOS EN SUS TAREAS, O BUENAS PERSONAS CON SUS FAMILIAS Y AMISTADES.


SÓLO CABE ASOCIACIÓN VERDADERA Y COMUNIÓN DE ESFUERZOS DONDE LAS DIFERENCIAS PERMITEN INTEGRACIÓN

"PIENSAN QUE SON LISTOS; NO PUEDEN PENSAR POR SÍ MISMOS
LEVANTATE! NOSOTROS NOS LEVANTAREMOS"


PLANTEAR EL PROBLEMA NO ES SOLAMENTE DESCUBIR, ES INVENTAR

EL MAPA NO ES EL TERRITORIO 

"NUNCA DUDES QUE UN PEQUEÑO GRUPO DE CIUDADANOS PENSANTES Y COMPROMETIDOS PUEDEN CAMBIAR EL MUNDO. DE HECHO, SON LOS ÚNICOS QUE LO HAN LOGRADO"


LOS GRUPOS AUTÓNOMOS SE CARACTERIZAN POR TENER UNA RED INTERNA SEGURA BASADA EN LA AMISTAD Y HABILIDADES COMPARTIDAS, Y UNA SERIE DE REDES EXTERNAS DE CONTACTOS EN UNA VARIEDAD DE CAMPOS

SABER ANTES QUE EL PODER


SACALE PARTIDO A LA OVEJA NEGRA QUE LLEVAS DENTRO


LA OVEJA NEGRA NO ES QUE SEA MALA, ES SIMPLEMENTE DIFERENTE


NO SOMOS DOCENTES DE BASE, TODOS SOMOS RECTORES


NADA ES UN ERROR. NO EXISTE GANAR O PERDER. SOLO EXISTE HACER

OVEJAS NEGRAS: TIENEN LA MALA COSTUMBRE DE REPRODUCIRSE


NO SOMOS DE IZQUIERDA NI DE DERECHA, SINO TODO LO CONTRARIO. SOMOS #INDEPENDIENTES


SI REPITES UNA MENTIRA MUY A MENUDO, SE CONVIERTE EN POLITICA


TRANSITAR DEL "PENSAR LA UNIVERSIDAD" AL "TRANSFORMAR LA UNIVERSIDAD"


QUIEN ENSEÑA SIN EMANCIPAR EMBRUTECE

VOTA CON ILUSION


 

domingo, 9 de octubre de 2016

LA IMAGEN CIUDADANA DE SAN SIMON, SU CRISIS Y SALIDAS

En las próximas elecciones para rector no solo se dirime la pugna entre grupos de poder que campean hace muchos años en la UMSS, sino también y sobre todo, se está jugando su futuro académico, y la imagen pública de la Universidad ante la población.

Una encuesta reciente realizada por el Foro Ciudadano demuestra que la imagen de San Simón se encuentra totalmente deteriorada ante los ojos de la población, que es capaz de identificar con meridiana claridad la punta del ovillo de los problemas estructurales de la UMSS.

¿Cómo percibe la población cochabambina los problemas de la UMSS?
- El 75,4% de la población identifica como el principal problema de la universidad la ‘politiquería’. Este dato revela cómo se ha expandido la manera perniciosa en que ha sido administrada la universidad, donde predominan intereses políticos antes que académicos. En otras palabras, la universidad es asociada en la mirada de la población, a la ‘politiquería’.

-Mas de la mitad de la población considera que en la universidad, los intereses políticos son más fuertes que los académicos, y ese es el motivo por el cual se cierne un ‘silencio’ sobre sus propios problemas. Esta entidad de carácter público, concebida para responder y servir a la sociedad no solo ha dejado de responder a este propósito, sino que además es incapaz de tener una mirada autocrítica y reconocer sus errores. “Hay que partir del error y no de la confusión” decía el académico español Joan Prats.

-Un alto porcentaje de la población, el 68%, opina que la presencia predominante de los gremios sindicales docentes, administrativos y estudiantiles no contribuye al mejoramiento de la calidad y desempeño académico. Si bien los gremios son entidades necesarias para la defensa de los intereses sectoriales, llega un punto, en que se convierten en los principales enemigos de la razón de ser de la entidad que los ampara y contradicen sus principios básicos, el rol de la universidad pública y la calidad de la educación.

Ante esta absoluta evidencia de la crisis universitaria, visibilizada dentro y fuera de esta Casa Superior de Estudios, su transformación inmediata es totalmente necesaria. Esa es la oportunidad que brinda la próxima renovación de las autoridades universitarias. Una reforma que pasa por nuevas autoridades que no estén contaminadas con el régimen campeante en San Simón, pero también por el compromiso de una transformación efectiva del sistema a través de un futuro Congreso Institucional.

VOTA POR #INDEPENDIENTES
OMAR ARZABE Y GUIDO DE LA ZERDA AL RECTORADO

jueves, 8 de septiembre de 2016

UMSS: LA POLÍTICA POR ENCIMA DE LA ACADEMIA

                                                                                             Carlos Crespo Flores

Existe una crisis en la Universidad Mayor de San Simón? Para los frentes tradicionales que se han disputado y distribuido el poder en la UMSS estos años, y hoy pugnan por el trono rectoral, la respuesta es negativa, pues solo se trata de mejorar deficiencias y enfrentar “externalidades” de la gestión universitaria.

Por el contrario, afirmo que San Simón está atravesando por la mayor crisis de su historia y la paralización total de actividades durante cuatro meses el pasado año, ha sido nada más que una dolorosa arista. Son grupos que se disputan espacios de poder, corporativizados, y han capturado la academia también como un coto de caza

Es que la finalidad principal de la universidad, el conocimiento, el saber, ha sido desplazada por la política, el poder. Al respecto, en una encuesta de las 3 grandes áreas metropolitanas de Bolivia del Foro Regional, diseñada y ejecutada por Ciudadanía en sociedad con CERES y Los Tiempos, en la sección dedicada a la universidad pública, se pregunta “Una de las funciones más importantes de la universidad es la generación de opinión pública -experta y crítica- sobre problemáticas centrales en nuestra región. ¿A qué cree usted que se debe el silencio de la universidad sobre estos temas”? El 69 % considera que la razón es que los intereses políticos son más fuertes que los académicos.

Ejemplo uno, un reciente congreso departamental del agua, impulsado por un centro de investigación de San Simón, que ignoró a otros similares e investigadores con gran experiencia en el tema, simplemente por no ser del grupo político hoy en el poder universitario. Ejemplo dos, un rector de no muy agradable memoria, prohibió que la UMSS estructure un equipo técnico de seguimiento del proyecto Misicuni, por no pelearse con el gobierno de “los movimientos sociales”, del cual era parte.

Hay quienes recuerdan aun la época cuando los rectores de San Simón eran profesionales de la talla de Ricardo Anaya o Arturo Urquidi, abogados con orientación sociológica que investigaron y publicaron textos de mucha influencia en el pensamiento social boliviano de entonces. Eran académicos que habían llegado a su cargo de rector producto de este prestigio intelectual. Paulatinamente este ethos fue decayendo en pro de un criterio político partidario, de tal manera que hoy el candidato a rector es elegido por su capacidad de liderazgo/caudillismo dentro una estructura política jerárquica y altamente autoritaria, en muchos casos relacionado con partidos políticos.

Asimismo, docentes extraordinarios que para garantizar su fuente laboral mantiene una relación de servidumbre voluntaria frente a estos líderes y poderes corporativos; en San Simón, si no eres parte de una red de protección clientelar careces de estabilidad en tu puesto de trabajo.

Que hacer para reducir la contaminación de la academia con estas prácticas políticas?

1. Es preciso reducir el poder de los gremios y los políticos, sujetos que hoy definen la agenda académica de la UMSS. Debe ser la comunidad universitaria, los “actores primarios” como llama Nelson Ferrufino, vinculados a la formación, investigación, interacción, quienes deben construir e implementar tal estrategia.

2. “Deslectoralizar” la gestión universitaria, una fuente de clientelismo político. No necesitamos elegir jefes de carrera, por ejemplo; al ser una tarea administrativa, esta puede ser una actividad rotatoria que puede ser ejecutada por los docentes a tiempo completo.

3. La cohesión institucional debe estructurarse desde el saber, en la relación docente – alumno, antes que desde la política y sus rituales.

4. Defender la autonomía universitaria como el bien más preciado, pues solo ella garantiza la libertad de cátedra, la independencia del saber frente a todo tipo de poder, por más popular, plurinacional que sea.

Finalmente, una entidad académica autónoma como la universidad tampoco puede subordinarse a demandas coyunturales externas, sino más bien, desde su autonomía, tomar en cuenta las necesidades del entorno en el que interviene e interactua, y estas no necesariamente son económicamente rentables como proponen ciertos discursos neoliberales de la educación, como el enfoque orientado a las competencias; bajo ese argumento, hoy la Universidad Complutense de Madrid está a punto de cerrar las carreras de Filosofía e Historia.



miércoles, 17 de agosto de 2016

Las universidades deben estudiarse así mismas para transformarse

Guido de la Zerda Vega

Las universidades recuerdan sus orígenes, sus hitos más importantes, pero no siempre alcanzan a comprenderse así mismas, en la profundidad de sus procesos. Las instituciones normalmente no se preguntan, cómo y por qué se transformaron en el tiempo, o dónde deben situarse frente a los cambios externos, son demasiado dependientes de lo que ocurre en su entorno, y muy difícilmente se anticipan a los contextos cambiantes, para finalmente reproducirse inercialmente.

Históricamente es comprobable que la universidad es una de las instituciones más polítizadas de la sociedad (Brunner, 1990; Luna Díaz, 1985; Ordorika, 1999; Perkin, 1984, 1997). La conflictividad política de las instituciones de educación superior se vuelve cada vez más relevante dada la centralidad de estos espacios educativos en el mundo globalizado (Gonzáles Casanova, 2001). La comprensión y percepción sobre el carácter político de estas luchas y conflictos pueden ayudar a reflexionar la gestión y el gobierno universitario. [Sin embargo], son pocos los estudios clásicos sobre los problemas políticos de la educación superior (Kogan, 1984).

No obstante de que en las universidades latinoamericanas han existido tradiciones más políticas “en sus dinámicas internas y en los estudios sobre la universidad, las investigaciones tienden a seguir los patrones establecidos en los países anglosajones y omiten la dimensión política de la vida universitaria” (Levy, 2000).

La complejidad de las confrontaciones, el manejo discrecional del sistema de toma de decisiones, las discrepancias con la gestión, el carácter estacionario que ha tomado la cultura universitaria frente a los cambios de la sociedad; las tensiones frecuentes entre el gobierno central y las instituciones de educación superior por temas de financiamiento, los conflictos de inoperatividad y contradicciones en las nuevas dinámicas políticas de los órganos de gobierno, los cambios en el tejido social (externos e internos), el contexto global, los desafíos tecno-económicos, informacionales y las competencias y exigencias del mercado, son algunos de los hechos más relevantes que necesitan ser estudiados para enfrentar la crisis institucional actual.

El statu quo en la gestión y el carácter corporativo perverso que compromete al gobierno universitario, parecen ser nodulares y los más problemáticos, y a la vez inevitables para impulsar el debate en esta época de reformas, sobre todo dentro de un contexto de transición de una universidad de elite hacia una universidad de masas.

A esto se suma un contexto global, donde, “el principal objetivo de este proceso es adecuar las universidades e instituciones de educación superior a la nueva economía cultural y del conocimiento” (Gamport, 2000). En este nuevo contexto, el aprendizaje tiende a alejarse de la vieja cultura humanística y convertirse en sinónimo de una habilidad técnica.

En este escenario, -consolidado sobre todo como capitalismo académico en el primer mundo-, las universidades bolivianas todavía se ven como meras instituciones receptoras, adaptativas y con problemas serios de gobernabilidad y de gestión. La gestión y el gobierno de la universidad pública se propusieron a finales de los ’90, desplazarse a las lógicas del mundo del mercado, de los negocios y de la productividad, con un sistema de gobierno que suplantase a los cuerpos colegiados por la experticia. La gestión sustentada en cierto gerencialismo que corrigiese la ineficacia, alcance el éxito de sus metas, medido por su productividad, tampoco calo en la cultura universitaria boliviana. El experimento se fue desvirtuando en la medida que las universidades fueron constatando que sus culturas organizacionales no funcionan como una empresa. “Las instituciones de educación superior no son empresas y por tanto no pueden ser gobernadas bajo las premisas de la calidad total (TQM) ni evaluadas por su productividad, como si ‘producir’ graduados fuese igual que hacer calzados” (Rodríguez, 2002).  [Las] universidades son, como dicen algunos que las han estudiado, instituciones de base pesada, anarquías organizadas o sistemas débilmente acoplados. En estas condiciones, es importante comenzar a ponernos de acuerdo que la salida no es elaborar un modelo de universidad, ni tampoco sólo un modelo de gestión. Por eso todas estas complejidades deben ser investigadas a detalle para abrir potenciales soluciones a la crisis universitaria.

El autor es profesor de la UMSS.



miércoles, 10 de agosto de 2016

LA INTERVENCION GUBERNAMENTAL CONTINUA EN LA UMSS


Carlos Crespo F.

En los últimos días han circulado dos informaciones sobre la UMSS en su relación con el gobierno del “proceso de cambio”. Uno, la rebaja en el presupuesto para la UMSS sería del 60% este año, y dos, la obligación de San Simón de elaborar un plan quinquenal, "adecuándose" al Plan Nacional de Desarrollo y la Agenda Patriótica. En una universidad que se precie de autónoma son sus miembros quienes definen de manera independiente no solo su política de gastos, sino fundamentalmente su agenda y orientaciones de formación, investigación e interacción; es la libertad académica que lo permite, de otra manera no sería posible producir conocimiento. Ahora, que en este proceso debe tomar en cuenta las necesidades de la sociedad con la que interactúa, es evidente. Tampoco puede estar al servicio, de la “clase obrera”, el “pueblo”, los “movimientos sociales”, menos del Estado, por más revolucionario que fuere, a riesgo de debilitar su autonomía; lo que hace la universidad es interactuar con todos estos actores e instituciones, como entidad autónoma.

En el caso del Plan Nacional de Desarrollo y la Agenda Patriótica, cómo someterse a documentos ideológicos de base extractivista, desarrollista a ultranza, que no han sido sometidos a ningún escrutinio académico? Las autoridades y la dirigencia corporativa universitaria, en vez de regalar terrenos universitarios para proyectos estatales megalomaniacos,  deben defender por encima de todo la autonomía universitaria.

martes, 12 de julio de 2016

Comunidad académica y permanencia laboral del profesor universitario

Guido de la Zerda Vega

¿En qué situación la permanencia laboral de los docentes está amenazada? Normalmente la condición del profesor no está en riesgo, ya sea titular o extraordinario. Todos son automáticamente recontratados, conservando sus derechos laborales, incluso independientemente de la calidad de su trabajo -que podría estar fuertemente cuestionado. Esto, de algún modo es equivalente a la permanencia estudiantil no regulada de alumnos que reprueban muchas veces sin ser removidos de su condición estudiantil. Los profesores, administrativos y estudiantes “somos perennes”, al margen de la calidad de nuestros servicios o de nuestras responsabilidades académicas, porque además no existe un contrato que firmemos como miembros de la universidad que establezca las condiciones o la calidad de nuestros servicios. Esta seguridad laboral, que fue reivindicada como un derecho para proteger a la clase trabajadora en las primigenias sociedades industriales, ha sido trasladada también a espacios de formación y de actividades intelectuales y académicas, poniendo en cuestión las disposiciones reglamentarias propias o autonómicas de las instituciones educativas, en las cuales se explicita la permanencia docente basada en exigencias meritocráticas y no en “derechos” de permanencia laboral ordenadas en las leyes del trabajo y/o del funcionario público. 

Reitero, la permanencia laboral del docente esta explicada y sostenida por sus propios reglamentos, los cuales teóricamente traducen varios indicadores, entre ellos la acumulación de méritos por su práctica  de investigación y/o científica y por su permanente actualización académica. No obstante, el docente para mantenerse como tal (ya sea titular o extraordinario) no será evaluado por estos indicadores,  por lo tanto, su permanencia laboral no está amenazada por la exigencia o el cumplimiento de sus propios reglamentos.

Veamos el docente “real”, aquel que enseña y transmite. Este ejercicio, generalmente, el docente lo hace apoyado en métodos y textos, provenientes del medio. Este ritual no será interrumpido hasta su jubilación, conformando el ethos de la enseñanza y no de la investigación, y el cual funge como el umbral formativo referencial del estudiante.

El docente además de repetir textos con sus alumnos, puede obviar o no durante muchos años los avances actuales del conocimiento, de la ciencia y la tecnología; sus programas al fin y al cabo están prescritos como planes globales referenciales y fijos de lo que enseña, y los cuales están aceptados y legitimados por la institución que no los evalúa, y por la voz muda de los estudiantes que en el mejor de los casos los asimila. Sin embargo, el docente para mantenerse como tal (ya sea titular o extraordinario) no será evaluado por su labor repetitiva en el aula, por lo tanto, su permanencia laboral tampoco está amenazada por estas razones.

Entonces,  ¿en qué situación verdaderamente está amenazada la permanencia del docente? Por su condición de docente eventual, es decir, por su condición precaria y circunstancial de docente a tiempo horario. Este docente eventual no constituye una “Comunidad Académica”, no es un cuerpo colegiado de docentes a dedicación exclusiva para la docencia y/o la investigación. Este docente precario sirve y se sirve mejor de la reproducción perversa de la cultura política gremial y del sistema de gobierno de la universidad. Pero, esta situación es apenas una parte del problema. Lo central es que este docente eventual es secundariamente docente y su actividad principal económica o laboral es otra. De ahí que la universidad funcione más como un espacio corporativizado de personas con intereses personales y gremiales, que como una comunidad de intereses científicos y académicos. El docente de la comunidad académica es mínimo en la UMSS, y las más de las veces está ligado a tareas administrativas, y el desafío hacia la transformación de la universidad es crear esa comunidad, con un docente “cama adentro” que respire cotidianamente la práctica docente y el trabajo científico. Este docente de planta con su trabajo y su prestigio podría interpelar, participar, leer y reproducir mejor no sólo las corrientes de pensamientos actuales, sino también frenar y cuestionar las relaciones de poder no institucionales, que vienen destruyendo la cultura universitaria.


El autor es profesor de la UMSS.

martes, 14 de junio de 2016

TRANSFORMAR LA UNIVERSIDAD

Estamos anclados en una “crisis” no solamente del orden del saber; sino, masivamente, del orden del poder. Crisis que responde a una vieja estructura de gobierno universitario hipotecada, subordinada a intereses corporativistas sectarios, tanto del estamento docente como del estudiantil. Estructura que solapa y anima el “hacer sindicato” corrompiendo el “hacer universidad”. Estructura obsoleta que ha desnaturalizado los fines de la universidad llevándonos a vivir “como si la universidad tuviera sentido” cuando ya casi no lo tiene. La ilustración la encontramos en el conflicto del 2015 que nos ha llevado al borde de la stasis, con estamentos atrincherados en posiciones que violentan la norma, paralizan la vida académica, desestabilizan y debilitan la institucionalidad. Arrastrándonos a ser menos colectivo de docentes y estudiantes, menos comunidad de estudios, menos universitas studii. Es pues imperativo, “hacer un alto” para salir del “como si…” y volver a la sensatez de un cierto sentido común universitario. Pero, ¿dónde está ese “sentido común universitario”? ¿Ese sentido que connota nuestro “ser y quehacer” cotidianos como específicamente universitarios? Pues está en el Estatuto orgánico, que nos instituye históricamente como “cosa universitaria”, en la letra y el espíritu del mismo y en las resoluciones del Primer Congreso Institucional del 89. 

 ¡Hagamos pues del Estatuto nuestro programa! Ahí están los elementos, los criterios y términos (criticables y perfectibles), para cambiar drásticamente la “cara de la universidad”, para reconfigurar su ethos y demos en una perspectiva de reinstitucionalización y refundación de la universidad, cuyo actor protagónico sea el saber: única riqueza, única materia orgánica de los quehaceres estudiosos.

Entonces, transformar la universidad, reinstitucionalizarla, refundarla ya, más acá y más allá del actual tema eleccionario y, al mismo tiempo, preparar un congreso formal que recoja en un nuevo estatuto los cambios realizados. Ir a un congreso después de resolver nuestros problemas, tanto académicos como institucionales y gremiales. Antes, sería un suicidio y acabaríamos en una situación de abierta stasis.

1) Transformación desde los consejos de carrera ampliados, “empoderando” (término inestético, ni modo) a los sujetos universitarios primarios (verdaderos ejecutivos universitarios en las aulas, laboratorios, bibliotecas, archivos, institutos y departamentos académicos), que modifique y mejore radicalmente las condiciones materiales de trabajo cotidiano, de “hacer universidad” para llegar a ser, simplemente, una “universidad normal” (con estructura meritocrática que subordine lo administrativo, lo político y gremial a lo académico e institucional y una gran mayoría de docentes-investigadores ordinarios y estudiantes regulares dedicados plenamente al estudio, por ejemplo).

2) Preparación que comporte una valoración sincera de todos los cambios efectuados entre 1989 y 2016; y, una valoración crítica y justa de la letra y el espíritu del actual estatuto. Si queremos cambiar algo, habrá que saber a ciencia cierta qué es eso que queremos cambiar, ¿verdad? De paso, no olvidemos que muchos de tales cambios fueron animados por racionalidades sucedáneas e ideologías espurias (aún activas en todas las candidaturas del reciente proceso electoral clausurado), como la neoliberal y por intereses corporativistas y partidistas sectarios poco, casi nada universitarios.

Lo anterior obliga a todo universitario a asociar “letras y compromiso” con el fin de lograr que “el saber pueda y el poder quiera saber” ¿Cómo? Pues blandiendo la libertad intelectual y la autonomía universitaria interna (y no solamente política, frente al estado y la sociedad) en tanto sujetos y actores universitarios primarios y no como “docentes de base” o “estudiantes de base” (pseudoexpresiones indignantes e insultantes) frente a los poderes estamentales de turno, frente a la ocupación “democrática” (como la denomina Barnadas) de la universidad por parte de militantes de partidos políticos y frente a un cogobierno e instancias de autoridad burocráticos, irrespetuosos de la norma y pusilánimes a la hora de cambiar la universidad. Y no dejando de “hacer universidad” en los espacios “auténticamente universitarios” de la universidad, con los instrumentos que nos toca, a cada cual, ejecutar, es decir, con los saberes y conocimientos que generamos, transmitimos, publicamos en nuestros campos disciplinarios y en otros, inter, multi, trans (como gusten). Para esto no necesitamos directores, jefes, patrones, dirigentes, líderes, consultores o expertos: Porque todos somos rectores, ¿no es cierto?


Nelson G. Ferrufino R. (UMSS)

martes, 7 de junio de 2016

Para salir de la crisis de la UMSS

Para salir de la crisis de la UMSS
Carlos Crespo Flores

En tres frases grafiteras se pueden sintetizar las salidas a la entrópica crisis de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), y que deseo desarrollar en las siguientes líneas: “Que se vayan todos”, “Tod@s somos rector@s” y “Autonomía: fuente del saber”.

“Que se vayan todos”. El sistema de gobierno universitario está corrompido, el co-gobierno docente estudiantil universalizado y elegido por voto, no dá más y solo crea más corrupción y deterioro educativo. Son las elites corporativas universitarias quienes deciden la agenda de San Simón, incluida la académica. Todos los grupos y partidos políticos operando en la UMSS son, al mismo tiempo, (re)productores y expresión de la crisis. Rojos, azules, blancos, masistas, troskos, maoistas, comunistas, son tonos de este paisaje universitario corrupto y autoritario. Es preciso reorganizar las relaciones entre los miembros de la comunidad universitaria, en un proceso de abajo hacia arriba, descentralizado y articulado al mismo tiempo. Pero, previamente deben irse del escenario público estos grupos, particularmente sus líderes y caudillos, causantes de la crisis, y hoy ofeciendo traer la solución.

“Tod@s somos rector@s”. La universidad cada vez más tiene un sistema de toma de decisiones centralista, inicialmente en las autoridades facultativas, convertidos en pequeños mandarines autoritarios que deciden sobre “visas y haciendas” en nombre de la comunidad universitaria, y culminando en el poder mayor, el Rector, verdadero monarca que organiza su corte, pajes, para garantizar su poder durante su mandato. Por ello, se trata de reivindicar la posibilidad de construir otro tipo de relaciones sociales dentro la universidad y en sus interacciones con la sociedad y el Estado, desde la autonomía. Se trata de pensar y actuar autónomamente, pues asumimos que cada uno es rector de su vida y pensamiento, tiene dominio de sí mismo, por tanto es la posibilidad de una universidad autónoma que se cohesiona desde el saber, entre sus miembros también autónomos. En la música, es la imagen de una orquesta sin director, sin un jefe que decida a nombre de los músicos, como sucede con la Orquesta Spira Mirabilis, por ejemplo. La Universidad no es el Estado, por tanto no puede organizarse como este “monstruo frio”, por el contrario, se estructura desde un tipo de relaciones sociales basadas en el conocimiento antes que la dominación, por tanto son relaciones no estatales, que requieren el mínimo de autoridades y poderes burocráticos separados del grupo y de los propósitos, fundamentalmente académicos, de la UMSS. La autonomía es una práctica social y un método organizativo, antes que un ideal escatológico como suponen los partidos e ideologías autoritarias, y es la que ha estructurado la universidad zombie, como acertadamente define Cesar Soto a la UMSS; “walking dead” que solo produce corrupción y entropía. Pero, el conocimiento, el saber, está ausente, o sumergido y silenciado, en algunas “islas de conocimiento”, dentro facultades y centros de investigación, gracias a la iniciativa de docentes, investigadores y estudiantes que aun creen en una universidad cohesionada desde el Saber antes que el Poder.

“Autonomía: fuente del saber”. Las interpretaciones dominantes de la autonomía coinciden en una visión platonista de la autonomía: la visualizan como un ideal, un fin al cual debemos llegar en algún momento de nuestras vidas –o después-, que no existe en la realidad, por tanto, mientras llega ese momento, seguiremos siendo esclavos, dependientes, o mantendremos una práctica individual e institucional autoritaria, centralista y jerárquica. Grave distorsión. La autonomía tiene por lo menos dos sentidos, por un lado es una práctica; somos o no autónomos, y es en la vida cotidiana donde se evidencia este carácter, no en la ideología teleológica. Por otro lado, la autonomía es un método de organización, para una institución o para uno mismo.

Hoy, la autonomía es el método para estructurar la universidad pública posible; y ese es el desafío, cómo organizamos el gobierno universitario desde la autonomía, como constituimos nuestras relaciones e interacciones, al interior, entre nosotros como comunidad universitaria, y con otros actores sociales e institucionales externos, incluyendo el Estado y el sector privado.


martes, 31 de mayo de 2016

Vieja academia, titulares, extraordinarios y escalafón docente

Guido de la Zerda Vega

Es notorio que los proyectos de transformación académica o de cambio curricular, -por mencionar los más atingentes- suelen mostrarse como los cambios que amenazan el statu quo de los profesores, peor aún si se plantean exámenes de admisión, selección y evaluación dentro de la vieja usanza política universitaria.
La transformación curricular ha significado –una modernidad mal entendida- reducción de las carreras de cinco a cuatro años, remoción de horas y de profesores, manteniendo lo viejo y añadiendo TICs como soluciones mágicas a los añejos planes de estudio. Los alumnos, ahora con la transformación curricular tienen un hartazgo de siete a ocho materias por semestre condenándoles a priori a un rendimiento dudoso, sino al fracaso.  
En el caso de los exámenes, estos se han visto cuestionados por el manejo discrecional y político que las facultades han hecho en su aplicación.
Sin embargo, lo que me interesa enfatizar en estas notas es, que un examen de titularización, aunque sea llevado con la mayor idoneidad y transparencia posible, no resolverá por sí mismo el problema de la calidad académica. Titularizados o no, por resoluciones o por los procedimientos establecidos en el reglamento de la docencia, en el marco de la estructura vigente, no se resolverá el problema académico y político, sólo se agudizará, y esa es y ha sido la crisis de abril-agosto del año 2015.
La discusión de fondo podría comenzar preguntándonos: ¿Por qué no se aplicó el escalafón, una vez concluida la etapa de evaluación que titularizó a un porcentaje importante de docentes? Se dice que han sido razones de tipo económico, -podrían ser ciertas-, pero la que mejor calza con la práctica de las corporaciones, son las explicaciones políticas: intereses creados de éstas y de los grupos de poder, etc.
En todo caso, mi objetivo es mostrar, -desde una visión más técnica y académica-, cómo la vieja academia es el factor central que hace inviable la aplicación del actual escalafón. Una primera constatación es que la estructura de la Universidad Pública está diseñada para reproducir un proceso académico de horas/aula, horas/pizarra, y no de horas/ investigación, en tanto el escalafón exige un profesor o docente-investigador, que además de labores docentes, debe realizar labores de investigación y/o interacción social, de producción intelectual y/o cursos de perfeccionamiento y debe además participar en la vida universitaria.
Un profesor ordinario tiene derecho a 80 horas mes mínimo de clases, incluso puede dar 124 horas, aunque se le reconozcan salarialmente sólo 112 horas. Si no alcanzase esas 80 horas mínimas el docente está condicionado o debe inclinarse a tareas de administración académica, ya sea de rector, decano, director, jefe de carrera, administrativo de planta, o finalmente realizar tareas de investigación precarias para completar sus horas, las cuales se le pagaran horas/simple, es decir, la mitad del sueldo docente.
Con esta estructura académica docente y de absolutización de la enseñanza/clase, hasta “los académicos” terminan por sucumbir a la mala política universitaria de los grupos de poder encaramados en las distintas facultades, aceptando el oro y el moro, para alcanzar un salario digno. Y esta situación se ha complicado aún más con el techo salarial fijado en la Ley Financial, la cual impone que un científico y un político deben ganar lo mismo, en este caso, el presidente de la república. Como van las cosas, estamos condenados a seguir el camino de la política y no así de la ciencia, cerrando ineluctablemente el desarrollo de una vida académica meritocrática.
Sin embargo, debemos aventurarnos a plantear una posible solución al entuerto universitario. Para comenzar debemos decidirnos qué camino tomar, el de una universidad tradicional de enseñantes y aprendices, o el de una universidad de docentes/investigadores, y por lo tanto, la vigencia de una pedagogía de la investigación, o la implementación de un nuevo sistema de enseñanza y aprendizaje basado en la investigación, y en cual no sólo el profesor, sino también el alumno sea el otro actor y su mejor realización. 
En este esquema, el profesor no puede enseñar 80 horas mes pizarra, debe enseñar el tiempo pertinente de manera que tenga horas reales para la investigación, manteniendo un salario adecuado. Este problema, es también el del profesor de escuela, que para alcanzar un sueldo aceptable debe enseñar en dos o más escuelas, y por lo tanto, está imposibilitado de investigar o mínimamente leer un libro.
Es verdad, la crisis educativa pasa por un problema económico de fondo, pero también es un problema de concepción y de visión educativa, en el cual nuestras políticas educativas no dan pie con bola.



miércoles, 11 de mayo de 2016

CONTRA LA VISION PLATONISTA DE LA AUTONOMIA

Carlos Crespo Flores

Todos los frentes, t'ojpas y autoridades universitarias de la UMSS, sean docentes o estudiantes, masistas, troskos o fachos, coinciden en una visión platonista de la autonomía: la visualizan como un ideal, un fin al cual debemos llegar en algún momento de nuestras vidas –o después-, que no existe en la realidad, por tanto, mientras llega ese momento, seguiremos siendo esclavos, dependientes, o mantendremos una práctica individual e institucional autoritaria, centralista y jerárquica. Lastimosamente es la imagen dominante de la autonomía.


Grave distorsión. La autonomía tiene por lo menos dos sentidos, por un lado es una práctica; somos o no autónomos, y es en la vida cotidiana donde se evidencia este carácter, no en la ideología teleológica. Por otro lado, la autonomía es un método de organización, para una institución o para uno mismo. En este caso la autonomía es el método para estructurar la universidad pública; y ese es el desafío, cómo organizamos, hoy, el gobierno universitario –ojo, no significa forma Estado- desde la autonomía, como organizamos nuestras relaciones e interacciones, al interior, entre nosotros como comunidad universitaria, y con otros actores sociales e institucionales externos, incluyendo el Estado y el sector privado.  

viernes, 6 de mayo de 2016

La Universidad que nos atrevemos a soñar

ROCIO BUSTAMANTE

Es indudable que la UMSS ha entrado en una crisis institucional de difícil resolución…pero las crisis son siempre una oportunidad para el repensar las cosas y hacer cambios radicales.  Esa transición entre lo que actualmente es la UMSS y lo que soñamos que sea depende en gran medida del proyecto educativo que se tiene entendiendo la educación como algo que de acuerdo a Sábato “…no se lleva a cabo en abstracto, ni es validad para cualquier época o civilización, sino que vale en concreto, (y) se hace con vistas a un proyecto de ser humano y de comunidad”.   Y la pregunta que aún queda por responder es: ¿qué tipo de ser humano y de comunidad queremos formar en la UMSS…? Esta pregunta que tiene un trasfondo mas filosófico todavía no ha sido planteada, menos aún pensada seriamente ni respondida, pero es fundamental porque resolver el “problema universitario” no solo depende de cuestiones técnicas (normativas, legales, institucionales, etc.) sino también de “los presupuesto que la sociedad mantienen acerca de su realidad y su destino y que, de una manera u otra definen una manera de vivir y de morir, una actitud ante la felicidad y el infortunio” (Sábato, 1979)

Son estos presupuestos los que van a determinar cómo se entiende y que se quiere de la universidad, y en consecuencia que se esperaría de los docentes, los investigadores y los estudiantes. Es a partir de ellos que se va a definir si la educación universitaria va a conseguir profesionales mediocres que no piensan por si mismos o seres humanos dignos, críticos y respetuosos del otro y de su entorno.  Es a partir de ahí, que se establecerá que tipo de docentes se necesitan, con que aptitudes, experticia, motivaciones y compromisos. Y finalmente, es a partir de estas definiciones que se puede también precisar qué tipo de institucionalidad, normas, políticas, prácticas, estilos, etc. se quieren instituir en las relaciones de la comunidad académica que se establezca y de esta con el resto de la sociedad.

Es importante no dejarnos arrastrar por las urgencias y aprovechar lo que está pasando para pensar y repensar en lo que es importante: una transformación radical de la UMSS desde la academia y no desde los intereses mezquinos de ciertos sectores o la ideología.  Solo de esta forma podremos resguardar la Universidad como el espacio donde es posible ejercer la libertad de pensar en la búsqueda del conocimiento y la verdad.


miércoles, 20 de abril de 2016

De la anomía a la magisterización de la educación superior

 Guido de la Zerda Vega
(Docente - UMSS)

Introducción
Las universidades públicas no han sido estudiadas como culturas políticas. No obstante, su dimensión política ha sido y es su esencia, su naturaleza y su función dominante a lo largo de su historia, sobre todo de aquellas que se remontan en sus orígenes al siglo XIX.
En ese contexto político podemos identificar en Bolivia cinco periodos más o menos delimitados y específicamente explicados, con matices más o con matices menos sobre el desarrollo de la universidad boliviana: 1) la universidad tradicional teocrática: 1830-1930 (Primer momento constitutivo); tradicional político-burocrática: 1930-1971; (Segundo momento constitutivo); la universidad de la centralización política 1971- 1982 (Tercer momento constitutivo); la universidad de la administración tecnocrática y económica 1985- 2003 (Cuarto momento constitutivo) y la universidad de la anomía 2003- …(Quinto y actual momento constitutivo).
Para los fines de estas notas, y por la urgencia de comprender la actual coyuntura enfatizó solamente el último momento constitutivo. En una investigación anterior (2005), todavía inédita desarrollé los momentos anteriores.
La hipótesis que guía estas notas afirma que, la crisis con sus características asumidas el año 2015 (abril-agosto) se decantaron en un sentido estricto ya desde el año 2001. Pues, en el contexto de las elecciones a la Federación Universitaria Docente,  -ese año- la UMSS fue “cercada y encadenada” para impedir su funcionamiento por uno de los frentes docentes que terciaron en esas elecciones en respuesta a los abusos del poder central, digitados desde el rectorado y la secretaria general. Con una virulencia y violencia parecida se paraliza también la  universidad el 30 de agosto de 2002 a raíz de las elecciones a la FUL. A partir  del 2006 el telón de violencia alrededor de las elecciones al rectorado será una constante, ésta se imbricará como una subcultura indeseable e inevitable en el accionar de las dirigencias corporativas. Los cuerpos de choques organizados, ajenos a la cultura universitaria tomaran carta de “ciudadanía” en el campus universitario. De ese modo, la universidad autonomizada y encapsulada se romperá y saldrá al espacio societal de una forma brusca y violenta, es decir con un rostro desfigurado: el rol académico o científico de la universidad será desterrado y será reemplazado por las voces estridentes de sus sindicatos.
La violencia ya no será un hecho aislado ante las injusticias o los abusos del sistema de poder universitario, pues se convertirá en una subcultura que irá destruyendo y corroyendo paulatinamente -en tanto avanza- la cultura democrática y académica, precipitándose la universidad en una anomía generalizada, en la cual las cúpulas de las corporaciones de estudiantes, de profesores y de administrativos aparecen como sus únicos protagonistas.
Esta situación exila de la universidad el debate democrático, y su discurso ya no tendrá referencias científicas, sociales y políticas, constantes que caracterizaron de algún modo a los precedentes momentos constitutivos mencionados. Actualmente, el referente de la universidad es ella misma, con un rostro extraño a sus funciones la Universidad Pública de Cochabamba se mira desconcertada en su propio espejo.
Pero sería poco preciso pensar que “la universidad anómica” esté viviendo en una relación especular consigo misma, sola, aislada y desfigurada, y que haya perdido todos sus referentes con el mundo externo. No es así. Es posible que la universidad se haya vaciado de discurso y que su anomía sea actualmente su característica perversa específica, pero en realidad ella, la universidad obra también como una esponja que absorbe, recrea  y refleja los ribetes peligrosos de la anomía que vive el país, en tanto la primera se descompone internamente.
En todo caso, por ahora se trata de comprender con una mayor atención el quinto momento señalado, en un enfoque más autopoietico y menos vinculante con las otras instituciones del Estado y de la sociedad, aunque en rigor no se pueda ignorar esas relaciones en el análisis.  
1.         Quinto momento constitutivo

1.1  Modelo de la anomía generalizada (2003...)

La universidad pública tiene como relación dominante la enseñanza, es decir, la relación en el aula de alumnos y de profesores. Sin embargo, su función real no se debe a esa relación académica, sino a la efectividad con que cumple su rol de retención temporal y social de una población joven semi-calificada (bachilleres). De no ser así estos jóvenes que asisten a la universidad engrosarían las cifras que nos da el informe del Banco Mundial (2016), sobre 20.000 millones de jóvenes que no trabajan ni estudian, y que representan el 20% de la población en América Latina entre 15 y 24 años, más conocidos como NINIS (cf. Hoyos, Rogers & Zsékely, 2016:2).

Entonces la retención de niños(as) y jóvenes en la escuela y la universidad en un estado dudoso de aprendizajes efectivos, beneficia directa e indirectamente a la sociedad y a los estados nacionales, puesto que a un costo de un 9,9% respecto del PIB en Bolivia, las “instituciones educativas” controlan al grupo etareo que podría fácilmente convertirse en un peligro real en las calles, “absorbidas por las pandillas y el narcotráfico”, que de hecho ya lo es (Ibíd.), y cuya única apuesta por el futuro, parece ser el acceso a un espacio institucional de aprendizajes largos y formales, que lamentablemente no son una garantía de calidad académica y menos de inserción laboral a posteriori. De ese modo, la escuela y la educación superior aunque separadas organizacional, académica y políticamente comportan problemáticas parecidas y “nuevas exclusiones” aun cuando los sujetos del presente vengan munidos de un capital escolar. 

“La fragmentación social  de la oferta escolar, de no mediar correcciones fuertes, tiende a reproducir la segmentación del mercado de trabajo. Mientras que en la cúspide se ubica una minoría de empleos modernos que demandan una “nueva” fuerza de trabajo dotada de una serie de características tales como creatividad, capacidad de aprendizaje permanente, iniciativa, facilidad comunicativa, predisposición para trabajar en grupo, asumir responsabilidades y tomar decisiones en forma autónoma con bajo nivel de supervisión, habilidad para argumentar, negociar, establecer alianzas, administrar conflictos, en la base de la pirámide ocupacional se encuentra la mayoría de los puestos de trabajo, los cuales están ocupados por sujetos con perfiles de conocimientos y actitudes más bien tradicionales, que conforman el currículum de la educación básica” (Tenti, 2001: 48).

A su vez, este concepto de universidad como un reducto o espacio de retención de determinada población calza perfectamente con el concepto o la lógica de una organización gremial o sindical. Pero no es el gremio que se ha apropiado o descollado por sí mismo, sino que la transición de una universidad de élite a una universidad de masas, sin el correlato y la mantención de su cultura académica, la ha convertido a ésta en un terreno fértil para discurrir dominantemente por la lógica de los derechos gremiales, posponiendo las responsabilidades académicas de profesores y alumnos., y el cumplimiento de nuestras normas básicas.

De hecho, los alumnos asisten a la universidad con un horizonte precario sobre su futuro laboral, corroboradas por exigencias académicas cada vez menos seductoras, en tanto, ellos y los profesores son absorbidos por el remolino de luchas políticas intestinas que cotidianamente plantean las clientelas políticas alrededor del gobierno universitario, distorsionando aún más la situación de la condición estudiantil y de la práctica docente.

En el caso de los alumnos, estos indistintamente de su rendimiento académico pueden permanecer de forma ilimitada en la universidad, y a la vez beneficiarse de los servicios extraacadémicos que presta la universidad: comedor gratuito en el caso de la UMSS (10% aproximadamente de la población estudiantil: 7650 alumnos, Universidad en Cifras, 2014), seguro universal de salud (totalidad de la población estudiantil), que indudablemente ha inducido a una acelerada masificación de la matrícula universitaria en estos últimos años. Un hecho más para concluir que la universidad realiza roles que de hecho son más políticas que académicas, subrogando las obligaciones y competencias que atingen al Estado.

Los profesores tampoco están menos expuestos a las clientelas que el sistema político universitario recrea permanentemente. En realidad la “base dura” de las clientelas esta sostenida en la planta docente. Las más de las veces estos deben secundar a estas clientelas que controlan la sucesión de relaciones de poder para permanecer en la docencia o acceder a algún cargo de poder. En este contexto, cumplir o no cumplir las normas se ha convertido en un hecho  que fluctúa por el capital político que hayan acumulado estás clientelas. A mayor acumulación de poder en las camarillas mayor vulneración de las normas. Así se fueron cristalizando grupos de poder durante décadas, amparados en la organización de clientelas por dones y favores. Así se intentó titularizar a la mayoría de la planta docente por resolución del consejo universitario, vulnerando el reglamento de la docencia.

A su vez, la fragmentación, omisión o violación de la autonomía universitaria ha tomado carta de ciudadanía en las acciones del Estado (aparato jurídico y laboral) con la anuencia de la universidad pública. Las leyes laborales del país se superponen o se cumplen por prelación respecto de las leyes que protegen y sostienen la cultura de la autonomía universitaria. Esta situación supedita el estatuto orgánico a las leyes del trabajo, ignorando que las leyes universitarias internas son las que rigen el respeto, amparo y derechos laborales de los trabajadores administrativos, docentes y estudiantes.

Esta prelación “jurídica” viola el artículo 92 de la Constitución Política del Estado referida a la autonomía universitaria, que se reconoce como un derecho imprescriptible e inalienable en la misma constitución, que implica obligaciones  y reconoce derechos para autoridades, docentes, estudiantes y dependientes administrativos, y que en el marco de la autonomía la universidad es libre de administrar y legislar sus recursos humanos,  materiales y definir sus programas de enseñanza. Pero lo irónico y paradójico, es que esta violación de la autonomía universitaria no se activa por iniciativa del Estado sino por la propia universidad, a partir de las demandas de sus actores en contra de las incongruencias y abusos del sistema político universitario.

El origen de estas incongruencias obedece a que la cultura universitaria crea una jurisprudencia sesgada y políticamente maniquea, supeditada a las circunstancias e intereses de los grupos de poder eventuales o de sus clientelas. Eso significa, que reconoce “derechos” para unos en tanto afecta la de otros. Es decir, que la fragilidad del concepto de ley y justicia dentro de la cultura universitaria está supeditada a los “derechos”, “privilegios” y “canonjías” de sus partidarios o aliados de grupo. Los que toman decisiones al interior de la universidad administran la universidad como una entidad política, ignorando la condición natural de sus miembros, como docentes, estudiantes o administrativos regidos por una misma ley, enmarcada en derechos y obligaciones académicas y científicas como la función principal de la cultura universitaria.

En ese momento, lo sujetos o personas afectadas por una “jurisprudencia circunstancial” acuñada en la lógica de las corporaciones y de sus clientelas políticas se ven presionados a acudir a las leyes del Estado, provocando así un efecto de cuestionamiento inminente del ejercicio y cumplimiento de la leyes universitarias, deslegitimando así a la propia cultura universitaria y poniendo en cuestión la vigencia y potestad de la autonomía.

La universidad al no cumplir y aplicar de forma ecuánime sus normas por ella misma promulgada, abre una brecha de anomía y de rupturas con sus propias leyes que la llevan a exponerse a las leyes “externas del Estado”.

1.2 La anomía y la magisterización de la educación superior

Entre abril y agosto de 2015 la universidad pública de Cochabamba intentó por resolución del consejo universitario titularizar a su planta docente, arguyendo derechos laborales y/o políticos, lo que en términos prácticos denotó una especie “sui generis” de magisterización de la educación superior, es decir, convertir al conjunto de docentes en una  corporación regida por la lógica del sindicato, de espaldas a la vigencia de sus propios estatutos.

En una lectura preliminar se puede decir que este “acto político” no fue tan “sui generis”, ya que parece reflejar una lógica sindical archiconocida que defiende la condición del profesor en las escuelas públicas de Bolivia, cuando éstas sostienen la inamovilidad funcionaria de sus profesores, independientemente de la calidad de los servicios que estos prestan.  Esta situación pone en duda la condición de calidad y de renovación docente, supuestamente sostenido en un sistema de escalafón o de méritos y exámenes, componente central de los reglamentos de la docencia en ambos subsistemas: la educación básica y la educación superior.

Desde sus orígenes la magisterización ha tenido varios rostros y modificaciones en el tiempo. Si conceptualmente el magisterio se entiende como la “enseñanza y gobierno que el maestro ejerce sobre sus discípulos”, en el contexto de su aparición alrededor de las escuelas monásticas y catedralicias como antesala de la primera universidad francesa en el siglo IX, la magisterización fue mutándose y complementándose con acciones directas de los profesores para defender sus derechos de enseñar frente al avasallamiento de “falsos profesores” y los abusos de poder de los cancilleres, obispos e incluso de las decisiones de los Papas de entonces (Cf. Durkheim, 1995: pp. 23-54).

Estas autoridades religiosas decidían qué, cómo y quiénes debían enseñar en estas escuelas. En ese contexto, inicialmente el magisterio restringido en sus acciones al aula fue tomando otros ribetes y rostros acordes a los derechos y prácticas de los oficios de la época. Así nacieron las primeras corporaciones o gremios de profesores, que lucharon por sus políticas de enseñanza propias y defendieron a sus afiliados por sus talentos y su formación, y más aún cuando se hicieron laicas, aunque siguieron funcionando durante varios siglos bajo la autoridad o égida del Papa (Ibíd.).

Nuestra época ha absolutizado y parcializado las funciones del magisterio, restringiéndolo a un organismo corporativo alejado de su función originaria: la enseñanza. Ahora es un gremio que defiende a sus afiliados no por sus conocimientos o destrezas para la enseñanza, sino por su condición laboral y sus derechos al trabajo. Lo sensible de esta visión es que ignora que la capacidad de transmitir o crear conocimiento se sostiene en el trabajo de la abstracción y la formación científica y académica, sostenida en el estudio y dedicación al trabajo intelectual, el cual está expuesto a la evaluación de alumnos y del medio académico.

En ese sentido, un profesor debe ser defendido y ratificado como docente a partir de su práctica de aula y de su producción científica como su condición básica refrendada por su su sindicato. 

En todo caso, para continuar cabe preguntarse: ¿En qué momento la condición académica del profesor universitario se permea con la condición y lógica de un sindicato tradicional? ¿En qué momento la subcultura sindical permea la autonomía universitaria convirtiendo al docente en un sujeto de derechos laborales más que de obligaciones académicas, por oposición a sus reglamentos y estatutos? ¿En qué momento la universidad es confundida con el funcionamiento de una fábrica?

Las primeras formulaciones provisionales para repensar la universidad, pueden ser: 1) La universidad por sí misma ha ido destruyendo las bases jurídicas y legales de su funcionamiento al desconocer sus propios estatutos y reglamentos, 2) la condición docente pasa a ser sostenida en la lógica de sus sindicatos y de los grupos de poder y no en la de sus méritos académicos, 3) los grupos de poder partidarios y/o de grupo han convertido a los docentes y alumnos en una clientela política, 4) la sindicalización de la condición docente al margen de sus reglamentos y normas está atentando la renovación y la defensa de la calidad docente, 4) la calidad docente indefectiblemente está ligada a la aplicación del escalafón docente, 5) la normas o reglamentos del escalafón deben apuntar a evaluar y construir un docente-investigador, el cual debe ser defendido frente al docente de la enseñanza o la mera transmisión. 

Conclusiones y recomendaciones:

La universidad boliviana mantuvo su sentido en tanto esgrimió un discurso referencial, ese discurso fue básicamente político, el cual la relacionaba con la sociedad y la diferenciaba al mismo tiempo del Estado. Esa característica ha desaparecido. La universidad actual se ha vaciado de sentido discursivo, y esa situación no sólo obedece a la crisis de su propia lógica, sino también a los cambios externos que se han suscitado a su alrededor, por ejemplo:

1.    La universidad boliviana ha sido ignorada radicalmente en la Reforma Educativa 070, Avelino Siñani y Elizardo Pérez. A lo sumo se la menciona en el articulado referido a su autonomía. Se han creado universidades indígenas y universidades pedagógicas, militares y policiales sin ningún vínculo con la universidad pública boliviana. No obstante, esta última acoge al 80% o más de estudiantes correspondientes al grupo etareo respectivo, por mencionar una razón vinculante real con la sociedad.
2.    Es necesario una ley de universidades que permita articular mejor las demandas de las universidades con la sociedad y el Estado: 1) el establecimiento de una política de Estado para la universidad, 2) la asignación de recursos extraordinarios para la investigación, 3) el respeto a la autonomía universitaria, 4) la creación de una matriz de investigación articulada al sistema industrial, productivo y educativo del país.
3.    La universidad ya no interpela al Estado, la universidad ya no interpela a su entorno, menos así misma. No está articulada con la economía, las demandas sociales y productivas como formadora de recursos humanos, ni con las necesidades del Estado
4.    Lo que no sabíamos con exactitud es que la década de los noventa en su fracaso por convertir a las universidades públicas en factorías de la economía, en el marco de un capitalismo académico, estás instituciones serían abandonadas “a su suerte” bajo el mando de una burocracia dominante de alumnos, docentes y administrativos que han gobernado la universidad en estos últimos años.
5.    Ya no existe el referente exterior para la universidad: 1) la Iglesia y la oligarquía contra la cual proclamamos la autonomía en 1930, 2) el discurso contra las dictaduras de los años setenta y el viejo capitalismo e imperialismo que encumbró a la vieja izquierda latinoamericana y nacional, dándole una vida casi mítica, se ha difuminado, 3) el neoliberalismo y las exigencias de privatización que las llevó a las universidades a evaluarse para adecuar sus planes a la economía han fracasado, o fueron olvidándose en el camino, en tanto el neoliberalismo lo reculamos de otro modo, al lado del actual capitalismo de Estado, en tanto, las universidades privadas se vuelven protagonistas, amparados por el propio Estado y las exigencias de las clases medias que las vienen poblando como efecto de la crisis de las universidades públicas.
6.    La universidad pública sólo se tiene a sí misma como si fuese un espectro que se mira en su propio espejo, y ese es el origen de la crisis, está volcada sobre sí misma, y esa cultura endógena la ha pervertido y la está corrompiendo, en un mal uso de su autonomía. La universidad tiene que encontrar una nueva identidad y protagonismo en el corazón de la sociedad, de lo contrario la universidad seguirá atrapada en la disputa violenta entre sus gremios, buscando aumentar sus privilegios, por oposición a sus funciones académicas.
7.    Es importante también establecer una política de integración de las universidades públicas, con las privadas, indígenas, militares y policiales en el marco de una política pública.
8.    Es necesaria la articulación del conjunto de universidades de Bolivia a las escuelas de secundaria, para enfrentar los problemas de transición de los bachilleres a las casas superiores de estudio, en el marco de una discusión abierta de los objetivos y planes de estudio con las demandas de trabajo, necesidades productivas y sociales del país.
9.    Sin renunciar a su responsabilidad social, la universidad pública debe profundizar sus funciones académicas y científicas.
10. La universidad pública si se mantiene con sus actuales políticas está lejos de cumplir sus objetivos, incluso sólo de enseñanza.
11. El sistema de gobierno paritario y la condición docente debe paulatinamente avanzar hacia un perfil de méritos académicos.
12. La participación de las personas en el sistema de gobierno debe limitarse a periodos definidos, para evitar la reproducción de clientelas políticas.
13.  Las normas y reglamentos promulgados en el marco de la autonomía deben afirmarse como garantía de la calidad docente y estudiantil frente a las políticas de las corporaciones o gremios universitarios.
14. La autonomía universitaria y sus prerrogativas legales y jurídicas deben ser defendidas frente al atropello de decisiones judiciales, laborales o de otro tipo.